Imposible soportar el peso de la riqueza y el de la virtud (V, II, 396) (I)

Francisco Javier Fernández ChentoFormación Vicenciana1 Comment

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Author: Miguel Pérez Flores · Year of first publication: 1996 · Source: CEME.
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Anotaciones previas

La creación entera gime hasta el presente (Rom 8, 18)

Múltiples significados del término pobreza

1.- Estudiar el tema de la pobreza es como adentrarse en un bosque tupido, enmarañado y sin horizontes claros por donde guiarse. No sólo ha cambiado el planteamiento sobre la pobreza, sino que se ha extendido enormemente su campo, de tal modo que no es fácil abarcar todos sus aspectos y señalar con pre­cisión las lindes de los mismos. El problema no es totalmente nuevo. Santo Tomás de Aquino no consideró la pobreza como una virtud propia y precisa dentro de su esquema de virtudes, porque el objeto material de la pobreza, los bienes mate­riales, son también objeto de otras virtudes. Varios teólogos afirman que la pobre­za no es, propiamente hablando, una virtud, sino un cúmulo de virtudes o, más bien, un talante, un modo de estar ante los bienes materiales y saber comportarse cristianamente ante ellos.

2- Una primera dificultad es cómo entender el término pobreza. Además de la pobreza «material» o carencia de bienes materiales, está la pobreza «espiritual» que afecta al hombre profundamente y que se manifiesta de muchas maneras: pobreza religiosa, cultural, social, familiar. Igualmente, son muchas las maneras de sufrir la pobreza: ignorancia de Dios, marginación, falta de trabajo, soledad, incapacidad de protestar por el peso atávico de conformismo, enfermedades. De hecho, el término pobreza no es unívoco. Lo entienden de muy distinta manera el político, el sociólogo y el teólogo. Aun dentro de los Institutos de Vida Consagra­da y Sociedades de Vida Apostólica, el vocablo pobreza lleva consigo diferencias muy importantes. El contexto en el que coloco el término pobreza indicará en qué sentido lo uso.

Cambio de estima de las realidades temporales

3.- Una de las dificultades mayores que se presentan al tratar de la pobreza es el cambio de mentalidad que se ha dado con referencia a los bienes materiales. Durante mucho tiempo, la reflexión teológica partía de que los bienes materiales eran causa y origen de muchos males. San Vicente estaba en esta línea. Tenía una visión un tanto pesimista de los bienes temporales. El escribió en las Reglas Comu­nes que el deseo ávido de riquezas es la ruina de casi todo el mundo (RC, III, 1). Cierto, san Vicente se refirió al deseo ávido, lo que moralmente es malo, y en cuan­to a los efectos, la ruina afecta a casi todo el mundo. Los matices de la expresión suavizan el temor vicenciano sobre las riquezas y el deseo de tenerlas.

4.- Hoy, en cambio, la reflexión teológica sobre la pobreza debe partir de la estima y aprecio de los bienes de la creación y del progreso. Dios quiere ser honrado a través de sus criaturas. Estas son las palabras de G. Marcel: Tengo la convicción profunda, y si tal convicción es herética, mucho peor para la ortodo­xia, de que hayan dicho lo que hayan querido decir los maestros de la espiritua­lidad, Dios, de ninguna manera, quiere ser amado por nosotros en oposición al mundo creado, sino que, partiendo de las criaturas, y a través de ellas, es como espera El nuestra glorificación y su gloria.

5.- Un efecto importante del optimismo con que se contempla el mundo se ha sentido en el campo de la ascética. ¿Cómo se puede justificar la privación de los bienes creados por Dios para el hombre? ¿Cómo se puede justificar la huida del mundo, si el mundo es el lugar donde habita el hombre? ¿Cómo el hombre se puede realizar sin sintonizar con el mundo que lo envuelve? En este marco de esti­ma y de aprecio por el mundo, por las realidades temporales ¿se puede hablar de la pobreza cristiana? Y si se puede hablar ¿cómo hablar de ella, en qué sentido?

6.- Por muchas razones que se den en favor de la creación, y por buenos que se consideren los bienes materiales, no se puede perder de vista el miste­rio de la redención. El pecado ha perturbado las relaciones del hombre con la creación, que aspira a ser redimida, como lo afirmó san Pablo (cf. Rom 8, 22). La pobreza es, pues, la actitud que se tiene ante los bienes de la creación desde la redención.

Pobreza e intereses económicos y políticos

7.- La reflexión sobre la pobreza se complica y se amplía por la ramificación de los bienes materiales en todos los sectores de la vida humana y cristiana, nacio­nal e internacional; por el influjo que dichos bienes materiales tienen en las institu­ciones civiles y eclesiales. Ellos originan la división del mundo entre Norte y Sur, entre países ricos y pobres, entre naciones desarrolladas o en vías de desarrollo. Por la riqueza y desarrollo se agrupan las naciones, de tal modo que las naciones ricas son las que deciden la marcha del mundo y dictan la política que se ha de seguir, haciendo prevalecer los propios intereses con signos claros de insolidaridad.

8.- Es lógico que los políticos, constructores de la ciudad temporal, traten de los bienes materiales. La dificultad viene del valor que dan a dichos bienes, del uso que de ellos hagan. Para construir la ciudad temporal no basta atender al bien material, necesario por otra parte, ni entender el progreso en la única dirección del bienestar temporal, hay que tener también presente los valores morales y espi­rituales del hombre, como ha dicho Juan Pablo II.

9.- En el campo estrictamente sociológico, la pobreza se interpreta de muy diversa manera, depende, no sólo de los sistemas económicos, sino de las situacio­nes de desarrollo de los países. No significa lo mismo el término pobreza en paí­ses desarrollados con leyes aseguradoras de las necesidades básicas, tendentes a buscar la igualdad en el goce de los bienes materiales, que en los países llamados del «tercer mundo». Los mismos bienes materiales desempeñan funciones distintas en un mundo y en otro. Para algunos sociólogos del mundo desarrollado, la pobre­za está, no tanto en la carencia de bienes, sino en la desigualdad de los derechos.

Pobreza y credibilidad de la Iglesia

10.- El sentido eclesial que ha asumido la pobreza es tan significativo que, en la pobreza, la misma Iglesia se juega su credibilidad. Una Iglesia que opta pre­ferencialmente por los pobres, que se compromete en la liberación de los oprimi­dos, en la lucha contra la injusticia, en la destrucción de toda pobreza que degra­da la dignidad del hombre, si no es pobre, pierde toda autoridad moral en su que­hacer evangelizador. La gravedad de la cuestión aumenta por la dificultad de crear, dentro de la Iglesia, formas de pobreza convincentes, sobre todo, comuni­tarias, en un mundo acosado por el deseo de tener y de gozar. Sabemos cómo muchas comunidades eclesiales no han sabido armonizar bien el progreso con la pobreza. Razón llevaba el P. Chenu al decir que la tarea de vivir la pobreza era tan ingente que se sentía como la nostalgia de algo imposible.

Carencia de una síntesis teológica de la pobreza

11.- Dentro del campo de la reflexión teológica se distingue entre pobreza material y espiritual, a la luz del Antiguo y del Nuevo Testamento. Las relaciones entre la pobreza material y espiritual no siempre se identifican. La pobreza mate­rial puede ayudar a vivir la pobreza espiritual. La riqueza no es necesariamente obstáculo para vivir la pobreza espiritual. La pobreza material, si no está anima­da de la pobreza de espíritu, no tiene valor ético. La pobreza material, aunque no tenga valor ético, afecta al hombre y por eso hay que tenerla en cuenta para aca­bar con ella. El estudio teológico de la pobreza se ve implicado con elementos de otras virtudes: la caridad, la justicia en sentido positivo, la pobreza-pecado per­sonal, pobreza-pecado colectivo, pobreza y las estructuras.

La pobreza en los gestos y en la enseñanza de Jesús

El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza (Mt 8, 20)

12.- La pobreza cristiana tiene como fundamento y fuente de inspiración los gestos y las enseñanzas de Jesús. Lo que se pretende con la práctica de la pobre­za cristiana es seguir e imitar a Jesús en el modo como él se comportó ante los bienes materiales y reproducir, desde el propio estado y vocación, a Jesús pobre.

Rasgos de la pobreza de Jesús

Pobreza de corazón

13.- Ante todo, Jesús tuvo corazón de pobre y entró de lleno en la catego­ría de los mansos y humildes de corazón (Mt 11, 29), y de los bienaventurados los pobres de espíritu (Mt 5, 3). Jesús fue el siervo de Yahveh, el verdadero pobre de Yahveh que puso toda su confianza en Dios. Para él Dios era todo, el absolu­to, el único apoyo de su vida. La pobreza de espíritu es, ante todo, la pobreza interior, la que tiene sus raíces en el corazón.

Pobreza ambiental

14.- Desde la pobreza de corazón, Jesús aceptó plenamente el designio del Padre: nació en condiciones de pobreza, Jesús, socialmente, fue pobre: escogió una familia pobre (cf. Lc 2, 22), trabajó para vivir modestamente (cf. Mt 13, 55), su consideró pecador como los que fueron a recibir el bautismo de Juan (cf. Mc. 1, 9), se dirigió a los pobres como los principales destinatarios de su mensaje (cf. Lc 4, 17), dio como signo de su mesianidad la evangelización de los pobres (cf. Lc 7, 18-22) no usó poder económico ni político para difundir su idea, más bien se valió de su palabra avalada con los signos que hacía (cf. Mc 1, 27-28).

Pobreza del «ser»

15.- El texto de san Pablo a los filipenses es muy significativo. San Pablo les presentó el dinamismo de la encarnación, cómo Jesús siendo de condición divina no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo toman­do condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte y muer­te de cruz (Filp 2, 6). Es el rasgo más profundo de la pobreza de Jesús, despojar­se de su rango, de lo que él era, Hijo-Dios, igual al Padre-Dios, para ser esclavo, depender de otro, estar disponible a los planes del Padre. Aquí la pobreza se con­funde con la obediencia y san Pablo siguió esa lógica al unir despojo del propio rango con la plena y profunda obediencia. El rasgo de esta pobreza ontológica de Jesús es el más interpelante. Jesús se dio a sí mismo, no dio sólo lo que tenía, sino lo que era. La pobreza convincente es la que llega a dar lo que uno es, más que la que da lo que uno tiene, sobre todo, cuando lo que se da es la vida, la propia existencia. No hubo ser humano tan rico como el de Jesús y nunca hubo una entre­ga tan total, plena, generosa y gratuita como la de Jesús, sencillamente, porque Jesús se dio totalmente al plan salvador de Dios en favor de todos los hombres.

Pobreza material de Jesús

16.- La pobreza material de Jesús es la que más contradicciones tiene. Cier­tamente, no fue rico, tampoco fue miserable. No abundó en bienes materiales, tampoco fue un vagabundo. Dijo que las raposas tenían guarida y los pájaros nidos, pero el hijo del hombre no tenía donde reclinar su cabeza (Mt 8, 20), pero sabemos que esto no sucedió. Tuvo una modesta bolsa administrada por uno de sus discípulos y fue asistido por mujeres ricas que le seguían (cf. Lc 8, 2). Puso en guardia contra la tentación de acumular riquezas (cf. Lc 12,13); señaló con clari­dad que las riquezas eran un obstáculo para seguirlo (cf. Lc 18-23); advirtió de la dificultad que los ricos tenían para entrar en el reino de los cielos (cf. Lc, 24) y hasta los condenó: ¡Ay de vosotros los ricos porque ya habéis recibido vuestra recompensa! (Lc 6, 24). A estas expresiones, se contraponen el hecho de que Jesús tuvo amigos ricos (cf. Jn 12, 1-4); llamó a un rico a que lo siguiera (cf. Mt 9, 9); aceptó asistir a banquetes preparados por gente desahogada en bienes materia­les (cf. Lc 5, 29); visitó las casas de algunos amigos ricos (cf. Lc 19, 2).

17.- Como conclusión del comportamiento de Jesús, podemos deducir que se sintió libre ante los bienes de la tierra y que no apoyó la fuerza de su misión en valores de este mundo: ni económicos, ni políticos, ni religiosos, sino en el valor de su mensaje y en el de los signos por los que lo avalaba. Tuvo la sabiduría de poseer lo justo y ser consecuente con la prioridad de los valores del reino: Buscad primero el reino de Dios, lo demás se dará por añadidura (Mt 6, 33).

Pobreza y misión de Jesús

18.- Si se estudia atentamente el comportamiento de Jesús, se ve que la misión es la que determina la variedad de opciones. El ha venido para instaurar el reino de Dios, salvar al mundo, predicar el Evangelio a los pobres, salvar lo que estaba perdido, morir por la redención de todos. Esta misión es la que le inspiró su conducta. Por eso, al reflexionar sobre la pobreza de Jesús, necesariamente tenemos que prestar atención al momento que vive, al auditorio a quien predica, el signo que realiza, porque todo está determinado de alguna manera por la misión. Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre y llevar a cabo su obra (Jn 4, 34).

19.- Jesús, por razón de su misión, optó por unirse al grupo que necesitaba ser purificado (cf. Mc 1, 4-1 1); se dirigió a la gran masa de pobres para darles esperanza: El Señor me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva (Lc 4, 18).

20.- Jesús aceptó la pobreza más profunda y conmovedora muriendo en la cruz, muerte ignominiosa, y sintiéndose abandonado del Padre en el momento últi­mo de su existencia terrena: Padre, ¿por qué me has abandonado? (Mt 27, 46).

21.- Es obvio que la pobreza de Jesús no se puede interpretar solamente desde el punto de vista ascético. Es una profunda pobreza de corazón que se expresa con toda naturalidad, no obstante las exigencias, teniendo siempre pre­sente su misión. La pobreza de Jesús lo sitúa ante el Padre en total dependencia, y ante los hombres en total disponibilidad. Es el servidor del designio de amor del Padre por la humanidad.

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