III: Jesucristo presente en los pobres
Estudiemos ahora de manera más explícita la caridad de San Vicente en su expresión más profunda.
1. Una convicción apasionada
Servir a los pobres y predicarles no es solamente imitar a Jesucristo sino es servir a Jesucristo mismo en sus miembros. Es doctrina de los Padres y tema de la predicación cristiana que ha impulsado siempre la práctica de la caridad en la Iglesia. Lo que forma para una fe común una creencia vaga que no alcanza a deducir las consecuencias, para San Vicente de Paúl es una convicción apasionada1.
Dios está presente en la persona de los pobres. El mismo lo ha dicho. Luego es verdad. Vicente habla a las Hermanas:»Entregaos a Dios para servirlo con gran caridad y dulzura y formad la costumbre de ver a Dios en ellos y servirlos en Dios»2.
En otra ocasión se deja llevar de un verdadero desbordamiento de corazón:
«Sirviendo a los pobres se sirve a Jesucristo. ¡Oh, hijas mías, cómo es ésto verdad! Vosotras servís a Jesucristo en la persona de los pobres. Es tan cierto ésto como que estamos nosotros aquí. Una hermana irá diez veces al día a ver a los enfermos y diez veces al día hallará a Dios allí».
El santo insiste sobre la veracidad de la palabra de Dios aplicando a ella toda la fuerza de su fe:
«Como afirma San Agustín, lo que nosotros vemos no es tan seguro porque nuestros sentidos pueden engañarse; pero las verdades divinas no engañan jamás».
Y concluye con ejemplos minuciosos: «Iréis a ver a los pobres forzados a las cadenas y hallaréis a Dios allí; serviréis a los niños expósitos y hallaréis a Dios en ellos.
¡Oh, hijas mías, qué hermoso es esto! Iréis a las moradas pobres y hallaréis allí a Dios. ¡Oh hijas mías, una vez más, qué hermoso es esto!»3. Es de notar la exclamación: «¡Oh, qué hermoso (lisonjero) es esto!» ¡Cuánto puede confortar esta palabra la jornada penosa de una sierva de los pobres!
Entonces continuó la lectura (de las Reglas) hasta el artículo que dice: «Será una Compañía que llevará el nombre de ‘Cofradía de Hermanas de la Caridad, siervas de los pobres enfermos'». Sobre lo cual exclamó:
«¡Ah, qué bello título, hijas mías! ¡Dios mío! ¡Qué título tan hermoso y qué cualidad tan bella! ¿Qué le habéis hecho a Dios para merecer tal? Sirvientas de los pobres, es como si dijera Sirvientas de Jesucristo, puesto que El considera hecho a sí mismo lo que se hace a ellos, que son sus miembros»4.
2. Los pobres en el Cuerpo Místico
Como San Pablo, San Vicente explota largamente el concepto del Cuerpo Místico para exhortar a la práctica de la caridad:
«Debemos enternecernos ante nuestro prójimo afligido y participar de su pena. ¡Oh San Pablo, cómo fuistes sensible en este punto! ¡Oh Salvador! que llenasteis este apóstol de vuestro espíritu y de vuestra ternura, haced que digamos con él: ‘Quis infirmatur et ego non infirmor?’5.
¿Y cómo puedo yo compadecerme de su enfermedad si no es por la participación que tenemos mutuamente en Nuestro Señor? Todos los hombres componen su cuerpo místico; nosotros somos miembros unos de otros. No se ha oído jamás que un miembro ni siquiera en los animales haya sido insensible al dolor de otro miembro… Con mayor razón los cristianos siendo miembros de un mismo Cuerpo»6.
Con el alma abismada en la meditación de los «estados» de pobreza y de sufrimiento del Verbo Encarnado, presente en la persona de los pobres, Vicente los designa con una expresión más concreta aún: Ellos son «los miembros de Dios», «los miembros de Nuestro Señor Jesucristo».
«¡Qué felicidad, hijas mías, servir la persona de Nuestro Señor en sus pobres miembros! El nos ha dicho que considerará este servicio como hecho a El mismo»7.Y describiendo un cuadro apto para impresionar la sensibilidad femenina que sin duda deja traslucir inconscientemente su propia satisfacción paterna al ver en ellas las hijas predilectas de su espíritu:
«Un padre que tiene un hijo ya hombre hecho, se complace en contemplar su buena andadura desde la ventana que da a la calle y experimenta una satisfacción que no es imaginable.
De igual modo Dios, hijas mías, os ve no por una ventana, sino dondequiera que os halléis y considera cómo os dirigís a servir a sus pobres miembros, y tiene en ello un gozo indecible…»8.
«Esta vía (visitar e instruir a los pobres) es la vía de los santos, de los grandes santos, que sirven a Nuestro Señor en sus miembros»9.
Este es el grado de caridad más elevado que se pueda ejercer en este mundo.
Y si se muere en el ejercicio de esta caridad «una tal muerte es preciosa ante el cielo y la tierra…»10.
Es también un martirio de amor morir en la asistencia corporal y espiritual de los miembros vivientes de Jesucristo.
3. Nuestros señores…
Nuestro Señor aparece revestido de las humildes apariencias del pobre. Para el santo ésto tenía una consecuencia más curiosa aún:
Si el Hijo de Dios está presente en la persona del pobre no por ésto ha renunciado a su dignidad divina, a su título de Rey. ¡El comunica sus títulos a los pobres!
Se da pues un verdadero intercambio. ¡Los pobres son amos y señores! El los llama con gracia «nuestros pobres y queridos señores»11.
«Cuando se os trata de este modo (de una manera pobre) os asemejáis a vuestros señores; pues son vuestros señores y los míos»12.
«Vuestra principal ocupación, dice en otra ocasión a las Hijas de la Caridad, lo que Dios os pide de modo especial, es tener gran cuidado en el servicio de los pobres que son nuestros señores. ¡Oh! sí, hermanas mías, ellos son nuestros amos»13.
Hablando otra vez a las mismas, va aún más lejos y les explica con toda naturalidad:
«Doy gracias a Dios por ello (hablaba de una práctica de piedad). Muy bien, hermana mía, continuad esta buena costumbre en cuando podáis, caso que el servicio de los pobres no os quite este tiempo, pues es muy razonable que sirváis a ellos primero. Los pobres son nuestros amos; son nuestros reyes. No es una exageración llamarlos así, porque Nuestro Señor está en los pobres»14.¡Cuán natural era para el Santo esta visión de fe!
Su corazón vibraba al unísono cuando oía estos conceptos:
«¡Cuánto consuelo tuve, mis caras hermanas, un día de éstos! Quiero participároslo. Oí leer la fórmula de los votos de religiosos Hospitalarios de Italia, que era en estos términos:
‘Yo N. hago voto y prometo a Dios guardar toda mi vida la pobreza, castidad y obediencia y de servir a nuestros señores los pobres'»15.
De igual modo hablando a los misioneros:
«Entreguémonos con amor renovado al servicio de los pobres…; reconozcamos en la presencia de Dios que ellos son nuestros amos y señores y que somos indignos de ofrecerles nuestros pequeños servicios»16.
Correlativamente deriva de ésto el título de sirvienta de los pobres que viene tan frecuente en boca del Santo hablando a las Hijas de la Caridad.
Es de notar que Vicente hablaba en estos términos en tiempos en que el carácter feudal dominaba aún las relaciones entre el servidor y su señor, relaciones imbuidas por una ley casi sagrada de sumisión y respeto absoluto17.
4. Dejar a Dios por Dios
San Vicente basando su doctrina sobre la caridad en la identificación de Jesucristo con el pobre y su incorporación al Cuerpo Místico pensaba como buen teólogo.
En este caso cumplir un acto de caridad ¿no equivale a cualquier acto de piedad dirigido a Dios?
Así concluye San Vicente y su lógica, después de oír sus anteriores expresiones, no es para maravillar: «Las Hijas de la Caridad dejarán la oración, incluso la santa Misa, si es necesario para asistir a los pobres. Esto equivale a dejar a Dios por Dios»18.
5. Una sola caridad
Para San Vicente la caridad para con los pobres es una misma virtud teológica por la cual amamos a Dios y al prójimo. Veamos algunos aspectos de su doctrina sobre el amor a Dios y el amor al prójimo que explican lo que él ha hecho y enseñado en materia de caridad.
El servicio de los pobres es un signo del amor a Dios: «¿En qué podrá conocer, se pregunta el Santo, una Hija de la Caridad si ama a Dios?
¿Quién podrá dudar que esta Hermana ama a Dios si se la ve fiel al levantarse por la mañana, hacer bien su oración, atenta que este enfermo tenga su remedio…?
Servir a los pobres en el modo que la regla nos manda. Estad seguras que si no faltáis a ésto amáis a Dios y os halláis en un continuo acto de amor»19.
¿No es ésto un eco de las palabras del Apóstol: «Quién ama a su prójimo ha cumplido la Ley?», Rm 13, 8.
San Vicente comenta expresamente este pasaje tan significativo:
«Todos sabemos que en el amor de Dios y del prójimo está contenida la Ley y los Profetas… Este amor tiene tal fuerza… que hace practicar todo lo que Dios pide de nosotros. ‘Qui enim diligit proximum suum legem implevit, quien ama a su prójimo ha cumplido ya la ley'»20.Después de haber recordado el precepto divino según el cual «la Ley y los Profetas están contenidos en el amor de Dios y del prójimo» el santo invoca la autoridad del Doctor Angélico para demostrar la importancia del amor al prójimo relacionado con el amor de Dios.
Dejemos que él mismo presente su argumento:
«Santo Tomás se propone esta cuestión, a saber: ¿quién merece más, aquél que ama a Dios y descuida al prójimo o un segundo que ama al prójimo por amor de Dios? Y dando él mismo la solución a esta duda, concluye que es más meritorio amar al prójimo por amor de Dios, que amar a Dios sin tener cuenta del prójimo. Y lo prueba así, lo cual parece una paradoja: ‘Ir, dice, hasta el corazón de Dios, desbordar allí todo su amor no es lo más perfecto porque la perfección consiste en amar a Dios y al prójimo’. Dadme un hombre que ama a Dios solamente, un alma elevada en contemplación que no tiene cuenta alguna de sus hermanos, ¡oh! esta persona hallando grande gusto en esta forma de amar a Dios… se detiene en saborear esta fuente infinita de dulzura. Y he aquí otro que ama al prójimo, por grosero y rudo que sea, pero que lo ama por amor de Dios. ¿Cuál es, os pregunto, de estos amores el menos interesado? Sin duda el segundo… Este ama a Dios y al prójimo, ¿qué más puede hacer?»21.
- «Montons d’un degré dans le plan surnaturel. Servir les pauvres, ce n’est pas seulement imiter le Christ dans sa démarche essentielle, c’est encore servir le Christ lui-méme dans ses membres. C’est la doctrine des Péres et c’est un théme de la prédication chrétienne; chez Vincent de Paul c’est une convinction passionnée: il en a répété mille fois l’expression et toujours avec ardeur, avec une intensité de passion qui la renouvelle. Le pauvre est á ses yeux, d’une certaine maniére, limitée évidemment par cette inexactitude de termes inévitable quand on veut rendre avec des mots humains une réalité surnaturelle, le pauvre est á ses yeux une sorte d’incarnation du Fils de Dieu, une sorte d’Eucharistie qui lui représente le Christ vivant. Subamos un grado en el plano sobrenatural. Servir a los pobres no es tan sólo imitar a Cristo en su andadura esencial, es más aún servir al mismo Cristo en sus miembros. Es la doctrina de lo Padres y tema de la predicación cristiana; en Vicente de Paúl es una convicción apasionada; la ha expresado repetidamente una y mil veces y siempre con ardor, con una intensidad de sentimiento que la renueva cada vez. El pobre es a sus ojos en cierta manera, limitada evidentemente por esta inexactitud en los términos inevitable cuando se quiere traducir a palabras humanas una realidad sobrenatural, el pobre es a sus ojos una especie de encarnación del Hijo de Dios, una especie de Eucaristía que le hace presente a Cristo viviente». J. CALVET, La charité de Monsieur Vincent, art. en «La Vie SpiritueIle», 1933, p. 32.
- «Donnez vous á Dieu pour les servir avec grande chanté et douceur, et prenez l’habitude de voir Dieu en eux et de les servir en Dieu». SVP X, p. 132.
- «Servant les pauvres on sert Jésus-Christ. O mes filies, que cela est vrai! Vous servez Jésus-Christ en la personne des pauvres. El cela est aussi vrai que nous sommes ici. Une soeur ira dix fois le jour voir les malades, et dix fois par jour elle y trouvera Dieu. Comme dit Saint Augustin, ce que nous voyons n’est pas si assure, parce que nos sens nous peuvent tromper; mais les verités de Dieu ne trompent jamais. Allez voir les pauvres forcats á la cháine, vous trouverez Dieu. O mes filles, que cela est obligeant. Vous allez aux pauvres maisons, mais vous y trouvez Dieu. O mes filies que cela est obligeant encore une fois!». SVP Entret., IX, 252.
- «Ah! le beau titre, mes filles! Mon Dieu! le beau titre et la belle qualité! Qu’avez vous fait á Dieu pour mériter cela? Servantes des pauvres, c’est comme si l’on disait Servantes de Jésus-Christ, puisqu’il répute fait á lui-méme ce que leur est fait, et que ce sont ses membres». SVP Confer. IX, 324.
- «¿Quién cae enfermo, que no enferme yo con él?».
- «0 Sauveur, qui avez rempli cet apótre de vótre esprit et de vótre tendresse, faites-nous dire comme lui: Quis infirmatur?… Et comment puis-je me ressentir de sa maladie, si non par la participation que nous avons ensemble en Mitre Seigneur…? Tous les hommes composent son corps mystique; nous sommes membres les uns des autres… Tous nos membres ont tant de sympathie… que le mal de l’un est le mal de l’autre. A plus forte raison, les chrétiens étant membres d’un mame corps». SVP Confer. XII, 271.
- «Quel bonheur, mes filies, de servir la personne de Ware Seigneur en ses pauvres membres! Il nous a dit qu’il réputera ce service comme fait a lui-méme». SVP Confer. IX, 118.
- «Un pére qui a un fils déjá homme fait et de bonne fagon, se plait á regarder la bonne démarche de son fils de la fenétre qui donne sur la rue et il éprouve une joie qui n’est pas imaginable. De méme Dieu, mes filies, vous voit… et considére de quelle maniére vous allez rendre service á ses pauvres membres…». SVP Confer., IX, 471.
- SVP IV, 85, Lettre á Guillaume Cornaire.
- SVP III, 354, Lettre á Denis Gautier.
- «Nos pauvres chers maitres».
- SVP. X, pp. 332 y 340, Conf. sur le service des malades.
- Ibid., IX, 110.
- «J’en rends gráces á Dieu. Oh bien! ma soeur, continuez cette bonne coutume en tant que vous pourrez, si ce n’est que le service des pauvres vous óte ce temps-lá caz il est raisonnable de servir les maitres les premiers. Les pauvres sont nos maitres; ce sont nos rois… et ce n’est pas une exagération de les appeler ainsi, parece que Mitre Seigneur est dans les pauvres». SVP X, 610.
- Ibid., IX, 25.
- Entretiens, XI, 328.
- Es interesante notar cómo un insigne escriturista alude para precisar su interpretación de Mt 25, 31-46 a estas expresiones del Santo: «…de sorte que celui qui souffre ne soit pas seulement un objet de compassion, mais un objet de respect; ainsi les filies de la Chanté font profession de servir les pauvres, leurs ‘veritables maitres’. …De manera que aquél que sufre no sea solamente objeto de compasión, sino también objeto de respeto; tanto es así que las Hijas de la Caridad hacen profesión de servir a los pobres, como a sus ‘verdaderos amos'». LAGRANGE, L’Evangile selon Saint Matthieu. op. cit., p. 487).
- «S’il faut quitter l’oraison pour aller á ce malade, faites-le; et ainsi vous quitterez Dieu á l’oraison et vous le trouverez chez ce malade. Si es preciso dejar la oración para ir a un enfermo, hacedlo; haciéndolo así dejaréis a Dios en la oración y lo encontraréis en casa de este enfermo». SVP Confer., X, 554.
«Mes filies, sachez que, quand vous quitterez l’oraison et la Sainte Messe pour le service des pauvres, vous n’y perdrez rien, puisque c’est aller á Dieu que servir les pauvres; et vous devez regarder Dieu en leurs personnes. Hijas mías, tened bien presente que cuando dejaréis la oración y aún la Santa Misa por el servicio de los pobres, no perdéis nada con ésto, puesto que servir a los pobres es ir a Dios; y debéis mirar a Dios en sus personas». SVP Confer. IX, 5.
Glosa bellamente un autor: «Vicente alcanza aquí el pensamiento del místico… Si estáis en el más alto de los éxtasis a que un hombre pueda elevarse y se os viene a decir que un hermano tiene fiebre, descended y preparad un caldo. Dejad a Dios por Dios: el Dios que dejáis es menos seguro que el que vais a encontrar; pues el éxtasis está expuesto a ilusiones, no la caridad». MATHIE, cit. por G. L. COLUCCIA cm, Espiritualidad vicenciana, espiritualidad de la acción, CEME, Salamanca, 1979, p. 191.
- SVP IX, 479, Confer. sur l’amour de Dieu.
- SVP XII, 261, Confer. sur la charité.
- SVP XII, 261, Confer. sur la charité.
San Vicente se refiere en este pasaje a la Quest. XXVII de la Ha IIae, art. VIII, de la Suma Teológica.






