LXXI. Las casas de Italia
La de Italia creció igualmente por algunas nuevas fundaciones y crecimiento de las antiguas. Mons. el cardenal Paolucci, ministro del papa Clemente XI, tras la muerte del cual por poco llega a papa él mismo. Originario de Forli, pequeña ciudad en el Estado eclesiástico, estableció desde el año 1710 una casa de la CM en su patria para el seminario y las misiones de los campos. Su Eminencia se entusiasmó con el éxito de estas dos funciones, llenando a los Misioneros de favores y de nuevas muestras de su bondad. Reformó la iglesia y los edificios de los santos Juan y Pablo en Roma, donde los Misioneros habían sido recibidos por Inocencio XII. El sr. Jules-César Rossi fue el primer superior en Forli.
La casa de Monte Citorio en Roma continuaba haciendo todas sus funciones con éxito. Perdió en 1714 al sr. Jean Anselme, antiguo sacerdote francés, pero que entraba (?) en la CM en Roma. Diversos prelados tenían gran confianza en él, y N. S. P. el papa Clemnte XI le había honrado siempre con una singular estima; quiso decir él mismo la misa después de su muerte y mandó decir otras ciento. Había sido hombre sencillo y temeroso de Dios; Su Santidad le había conocido como tal; pero uniendo a esta sencillez un celo y un talento que no eran nada mediocres para las misiones, los ejercicios de los ordenandos y las conferencias espirituales. Pasaba también por hacer mucho fruto en el tribunal donde, habiendo diferido una vez la absolución a una persona comprometida en el crimen, su cómplice quiso forzarle a dársela; este celoso Misionero se desabrochó la sotana y le presentó su pecho al descubierto para recibir el golpe, lo que detuvo al furibundo y le hizo retirarse. El sr. Bonnet destacó en él que era poco más o menos lo que el sr. de La Salle era en San Lázaro donde confesó siempre con celo, firmeza y bendición (para?) esta numerosa familia. El papa Clemente XI hacía además el honor a otro sacerdote de la Misión de Roma, llamado sr. Nicolas Castelli. Como había enseñado mucho tiempo en los seminarios, había adquirido reputación, Su Santidad le nombró consejero de diversas congregaciones, lo que le obligaba a estudiar mucho y con frecuencia de noche; murió súbitamente hacia finales del año 1716. El Padre Quesnel se quejó mucho de él cuando vio su libro condenado en Roma, y tachó a la CM torpemente y por desprecio de estar llena de gente ignorante.
El mismo papa tributó también un mayor homenaje el sr. Pèlegrin de Negri, Genovés, eligiéndole para acompañar al Mons. Albani, su sobrino, en su viaje de Viena, y servirle de confesor y de consejo, se llevó consigo a otro sacerdote de la Misión, al sr. Zoagli. El sr. Bonnet advierte en su carta del 1º de enero de 1711 que parecía que este viaje podría introducir la CM en Alemania, donde ya se la conocía por la impresión reciente de la Vida del sr. Vicente en alemán, que un sacerdote polaco había dado al público; lo que con todo, decía, no estaba más que sobre el tapete y de ninguna manera en estado de ejecutarse pronto. Esta nueva edición de la Vida del sr. Vicente era la 4ª, no teniendo en cuenta más que a una de las dos ediciones francesas, precedida de una 3ª algún tiempo antes, en lengua española, impresa en Nápoles por los cuidados de un religioso ermitaño de San Agustín, que se hizo estimar por esta obra. El sr. Bonnet logró que el sr. Negri recorriera Francia; se quedó algunos meses en San Lázaro y en 1712 fue a Marsella para embarcarse y volver a Roma donde, una vez llegado, el papa le nombró predicador apostólico en lugar del sr. Cassini, capuchino, elevado al cardenalato. El general le había preconizado ya al superiorato de Roma y al oficio de visitador. Presentó dificultades para aceptar el empleo honorífico que le daba el papa; pero no queriendo Su Santidad oír sus protestas, él obedeció, y el sr. Bonnet se vio obligado a nombrar al sr. Gloria para reemplazarle. El sr. de Negri desempeñó su cargo de predicador apostólico durante el resto del largo pontificado de Clemente XI; se le quiso hacer arzobispo de Urbino, pero se negó. El nuevo papa Inocencio XIII dio su cargo al Padre Buenaventura Verberan, capuchino. Clemente XI expresó en otra ocasión su estima (30º cuaderno) hacia la CM, pues estando en marcha un cambio en el colegio de Propaganda Fide, mandó decir por el cardenal Paolucci a los diez cardenales que componen esta congregación que podían hacer los cambios que juzgaran oportunos, pero sin quitar a los Misioneros el cuidado de este colegio.
El sr. Bonnelli, otro sacerdote de la CM, era apreciado en Nápoles donde hacía las funciones de teólogo del consejo de ciudad. El emperador Carlos VI, dueño de este reino, le nombró al obispado de Mottola; lo que les escribo, decía el sr. Bonnet, en una carta del 1º de enero de 1716, no como una noticia favorable, ya que nos tememos por Italia lo mismo que por Polonia y por Francia, que la loca esperanza de llegar a las dignidades eclesiásticas introduzca la ambición entre nosotros y nos haga perder la gracia y el amor a la vida oscura y oculta de la que hemos hecho profesión hasta ahora. Señalaba en la misma carta que las dos provincias de Italia trabajaban con bendición en las ciudades donde había casas, tanto para los seminarios como para las Misiones. Encontró oportuno, después de la asamblea sexenal de 1717, establecer nuevos visitadores, a saber al sr. Giordanini par la provincia romana, que ya había dirigido anteriormente como ya lo hemos visto. Acaba de morirse bastante rápidamente en 1721, llorado por todos, teniendo por sucesor al sr. Rossi; y al sr. Bolla, superior de Turín, para la provincia de Lombardía. Escribió otra vez después: Nuestros cohermanos de Italia se hallan muy ocupados en nuestras principales funciones con bastante éxito y del gusto de los prelados y de las gentes. Les hemos enviado a algunos para uno y otro empleo en Cásale, en el Montferrat, en Lombardía, y nos han pedido otros para Emilia, antigua ciudad episcopal del ducado de Spoleto, en el Estado del papa; pero estas nuevas casas no han tenido un buen principio, y el general no se lo ha participado todavía a la CM.
N. S. P. el Papa, continúa el sr. Bonnet, quiere introducir la CM en los reinos extranjeros haciendo una fundación en Lisboa, capital de Portugal, según el deseo de una persona de piedad de esta gran ciudad, a ejemplo de Barcelona, es decir que una y otra dependerán del visitador de Italia, a la espera de que haya un número suficiente de casas en España. El sr. Gómez Costa, superior de la casa de los santos Juan y Pablo, fue enviado allí de superior, como dice el sr. Bonnet en su carta del 1º de enero de 1718; le dio por adjunto al sr. Appiani, el joven, que había estado hasta entonces en los países del Mongol, como tenía talento para las lenguas y para los negocios. El sr. Bonnet añade, en la de 1719 que una y otra familia, la de Barcelona, bajo la dirección del sr. Salvador Barera, y la de Lisboa bajo la del sr. Gómez Costa, seguían avanzando; la primera se encontraba en el ejercicio de nuestras principales funciones, y la segunda parecía favorecida del cielo y de las buenas voluntades de Su Majestad portuguesa, que la había honrado con su presencia el día de San Luis, en los oficios de la iglesia, y la favorecía con una bondad de padre y una liberalidad regia.







