XXIII. Memorias para impedir la in-observancia de las reglas establecidas por orden de la asamblea de 1673
El nuevo general dio satisfacción a todo pero necesitó más tiempo para ello. Envió luego las diferentes memorias o respuestas con una carta de fecha del 4 de abril de 1673, en la que dice: La asamblea, habiendo dispuesto por sus decretos y resoluciones muchas cosas que le fueron propuestas para el bien de la CM y, además, habiendo dado diversos medios muy útiles para remediar los deshechos que habían aparecido en particulares en la observancia de las reglas, que habían sido distribuidas en dos memorias, una para el superior y la otra para la casa; yo se les envío las dos.
En la primera se dice que en las prácticas comunes, de las que se sirve la CM para la perfección de sus súbditos, siendo muy aptas para mantener en vigor la observancia de las reglas y el ejercicio de las virtudes que en ellas se recomienda, todos deben procurar hacer de ellas buen uso en especial de los ejercicios diarios de piedad, conferencias espirituales, ejercicios anuales, avisos de sus faltas recibidos o de los superiores obligados a ello por su cargo o de los iguales que deben en los capítulos, según el uso de la CM, ejercer este oficio de caridad. Y a quienes para ello conviene de vez en cuando pedir esta gracia, que entre las reglas la observancia debe ser de singular recomendación, la que prescribe la obediencia al superior ocupa uno de los primeros lugares, siendo la base y el fundamento de toda una comunidad, como la voz segura de la perfección, y de la salvación, y una de las principales fuentes de la paz y de la tranquilidad de espíritu de que se puede gozar en esta vida. Y que de esta forma conviene practicar con esmero esta regla y recordar que estamos obligados a agradecer y honrar a Jesucristo en los superiores y obedecerles en esta vida, y aliviar así por la sumisión la pesada carga y difícil de llevar de la superioridad. Desconfiar y apartarse de su propio juicio y voluntad corrompida por lo general por inclinaciones naturales a las que se ha renunciado por el voto de obediencia. Que se habían de evitar las aversiones particulares, contrarias a la Caridad y al espíritu de la CM, curiosear por las casas, teniendo cuidado de evitar las murmuraciones, maledicencias y otras conversaciones contra la Caridad, para lo cual la observancia del silencio puede servir mucho. No mantener ninguna amistad particular ni afectar singularidad en los comportamientos, no comunicar lo que se ha escuchado de los particulares, mucho menos de los superiores. Si puede causar desprecio o aversión, sin por ello faltar a la regla de informar a los superiores de las cosas necesarias. No dar entrada en su corazón a enfriamientos de caridad, ni con mayor razón dejarlos aparecer al exterior. Y en caso de oposición, u otro asunto de división, cortar por lo sano con una reconciliación perfecta.
Se sigue diciendo que la falta de devoción y la negligencia en el propio adelanto espiritual son contrarias al principal fin del Instituto, muy indignas además de toda persona consagrada a Dios, y la fuente de muchos defectos muy perjudiciales en las comunidades, tales como la delicadeza y la inmortificación del espíritu, la sensualidad del cuerpo, el cuidado desmedido de la salud; todos han de esforzarse en evitar estos vicios y los demás que nacen de ellos, asistiendo con fidelidad a la meditación cada mañana para sacar fruto de ella; huir de la ociosidad empleando útilmente el tiempo conforme a su estado, evitando las comunicaciones demasiado frecuentes y superfluas con los externos, no ser curiosos por las noticias del mundo ni por las cosas inútiles a su profesión, reprimir el excesivo cuidado por su salud, los pensamientos superfluos de los remedios, y otros alivios del cuerpo por un abandono de sí mismo a la Providencia y a la dirección de los superiores, que como la naturaleza se relaja fácilmente en la observancia de la pobreza si no se presta una atención particular y que las faltas contra esta virtud de la que se ha hecho voto pueden ser a veces más importantes de lo que se piensa. Es conveniente que todos reflexionen de vez en cuando y sobre todo en los retiros que de ella se señalan en las reglas, y tener cuidado de que el espíritu de pobreza no nos lleve insensiblemente a recibir y disponer de las cosas e independientemente sin permiso del superior, y entre aquellas cuyo uso está permitido, guardarse de lo superfluo, y más allá de lo necesario como libros, ropa, etc que se han de devolver desde el momento en que ya no son necesarias al lugar destinado para guardarlas.
Se habló de la modestia y de la uniformidad en los hábitos conservados hasta el presente en la CM, y recomendados por las reglas que se dice que son muy útiles para mantener una grande humildad y desprecio del mundo, así como la caridad y la unión fraterna, y por consiguiente cada uno debe ser fiel a ellos hasta en las menores cosas, no sea que la negligencia en ellas lleve poco a poco a relajarse en las mayores, y se señala en particular el uso de la sotana en la CM, sombreros, y calzados; a saber que la sotana será como los demás vestidos de una calidad común, cerrada por delante sin botones, si no es desde arriba hasta la cintura, y no debe haber a lo sumo más que catorce desde el cuello. El sombrero tendrá nueve dedos ordinarios de ancho en las alas, ocho de alto para la forma; que sea plana por arriba y no redonda. Los zapatos serán de una forma sencilla y cómoda de usar, y la altura del talón de dos dedos de suerte que la suela pase por encima y coserlo totalmente. Estos reglamentos indican visiblemente a una CM en el vigor de su primer espíritu y que se preocupa de todas las medidas posibles para prevenir la relajación que puede introducirse en las Comunidades.







