Historia general de la C.M., hasta el año 1720 (19. Éxito de las funciones)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la MisiónLeave a Comment

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Author: Claude Joseph Lacour, C.M. · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1731.

Fue escrita por el Sr. Claude Joseph Lacour quien murió siendo Superior de la casa de la Congregación de la Misión de Sens el 29 de junio de 1731 en el priorato de San Georges de Marolles, donde fue enterrado. El manuscrito de l’Histoire générale de la Congrégation de la Mission de Claude-Joseph LACOUR cm, (Notice, Annales CM. t. 62, p. 137), se conserva en los Archivos de la Congregación de París. Ha sido publicado por el Señor Alfred MILON en los Annales de la CM., tomos 62 a 67. El texto ha sido recuperado y numerado por John RYBOLT cm. y un equipo, 1999- 2001. Algunos pasajes delicados habían sido omitidos en la edición de los Anales. Se han vuelto a introducir en conformidad con el original.


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San Vicente de Paúl

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 XIX. Éxito de las funciones

Las enfermedades continuas de este digno superior general que no tenía aún mucha edad, y el decaimiento visible de sus fuerzas hacían temer con razón a toda la CM verse pronto privada de él, y no hay nadie que no deseara de todo corazón que Dios le conservara por largo tiempo. Transmitió el buen éxito de los trabajos y de los bienes que se hacían en las casas de la CM el 12 de febrero de 1671, más o menos en estos términos: Desean mucho ustedes saber de vez en cuando sobre el estado de la CM en general, y las novedades que hay en particular. La paz y la unión es, por gracia de Dios, una realidad entre nosotros. Se trabaja en la virtud, unos más, otros menos; y nuestras funciones continúan en todas partes con la misma bendición. Así las cosas no habla más que de tres casas, a saber: de Roma, de Nápoles y de Lyon, sin dedicarles a las otras nada de espacio en particular.

En Roma Dios bendice cada vez más a la casa que tiene a lo que parece todos los empleos de las otras y aún más; da misiones casi continuas, y además dos clases de ejercicios a ordenandos, a saber, para las ordenaciones de las cuatro témporas y para las extra-ordenaciones o extraordinarias dos veces al mes en favor de los que se ordenan por los extra tempora; siempre en número de catorce o quince, a quienes se dan los ejercicios, parte de la ordenación, parte del retiro espiritual. Esta misma casa recibe a un gran número de otros ejercitantes de toda condición cuyo número va en aumento. Conserva la conferencia a los eclesiásticos que se reúnen en ella una vez por semana, como en San Lázaro, además de ello una cosa que no hacemos en otras partes, a saber, mostrar las ceremonias a todos los sacerdotes tanto extranjeros como italianos, que quieren decir la misa en Roma, y no pueden conseguir el permiso si no llevan un certificado de los nuestros que indique que se saben las ceremonias; cosa que se ha practicado desde el principio de esta fundación, y sigue lo mismo. No faltaba ya más que las funciones de un seminario interno, y mire usted por donde hace tres meses la Providencia ha comenzado uno, por los esmeros del sr. Simón, y por las liberalidades de la Sra. duquesa d’Aiguillon quien contribuye con lo necesario para el alquiler de una casa vecina de la nuestra; sin lo cual, ella no habría tenido suficiente lugar. No son todavía más que seis seminaristas, pero elementos bien elegidos, y otros cuatro se disponen a entrar bien pronto. Es una obra de gran importancia en la ciudad capital de las Iglesias universales; que con todas las demás cosas que se acaban de decir puede contribuir a algunos buenos cambios entre el clero. Esto se ha discontinuado no obstante y muy primeramente en Roma, y las ordenaciones demasiado frecuentes para llevar seminarios reglados como en las diócesis particulares.

(cuaderno 9º) En Nápoles nuestra casa marcha bien por ahora, dice el sr.Alméras; ha dado misiones en el campo y los ejercicios de órdenes en la ciudad. Mons. el Cardenal y Arzobispo está muy contento con ello, ha alojado bien a los misioneros y los protege. Al principio sólo había tres sacerdotes, ahora, hay cinco, con un clérigo, y S(u) E(minencia) querría más si se le pudieran dar, son todos italianos, todavía no están fundados, Mons. el Cardenal les concede con qué subsistir; al parecer no tardarán mucho en estarlo, ya por ser grande esta ciudad, y existe mucha piedad y devoción por las Congregaciones, y porque allí hay un gentilhombre particular que promete hacerlo. Era el sr. Balsamo de quien ya se ha hablado aquí, y que no había fallecido aún.

El sr. Martin es por ahora superior de la casa en Génova, era un excelente misionero, de los primeros que habían estado en Italia, y había dirigido por mucho tiempo las misiones en Génova, y más aún en Turín, desplegando en ello un talento maravilloso, se había formado bien en el italiano que hablaba tan bien como si hubiese nacido en esa nación; tenía además de ello mucha virtud, y ha sido el último superior francés de la casa de Roma.

En la casa de Lyon, sigue diciendo, los nuestros están muy ocupados en las misiones que salen bien bajo la dirección del sr. Berthe. No queríamos sin embargo dejarle allá; sino tan sólo para poner la casa en marcha. Reúnen a los párrocos y a los sacerdotes en los grandes poblados con los del vecindario para darles conferencias y en los intervalos, y han dado los ejercicios a los párrocos y demás sacerdotes de una parte de la diócesis, reuniéndoles en su barrio en dos tandas, una tras la otra, y cada una era de 70 u 80, haciéndoles dos charlas por día como se hace con los ordenandos. No estaban todavía alojados donde están, y no podían reunir a un tan gran número de sacerdotes en su casa; iban allí sólo para los ejercicios. Mons. el Arzobispo y los srs. Vicarios generales se sienten contentos y les testimonian mucha bondad.

 

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