Estampa en el día del cambio de hábito (1964)

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la Caridad3 Comments

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Author: Vicente de Dios, C.M. · Year of first publication: 1964 · Source: Anales.
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El día 20 de septiembre el M. R. P. General envió a todas y cada una de las Hijas de la Caridad una preciosa estampa-fotografía de la fachada de la catedral de Estrasburgo y el lema «Congregavit nos in unum Christi amor», con un breve mensaje que, traducido al castellano, dice así:

sor_lorenza_diaz_bolanos«Envío la bendición de San Vicente a cada Hija de la Caridad para el día del cambio de su santo hábito. iCuán­tos méritos para la eternidad supone el sacrificio del an­tiguo, que les es tan querido! ¡Cuán apreciada por Nues­tro Señor, por Nuestra Madre Inmaculada, por San Vicente y Santa Luisa esta conformidad con la Santa Sede, que quiere se vaya adaptando el hábito religioso a las exigen­cias modernas para mejor servir a Nuestro Señor en los pobres, en los enfermos y en todas las obras de caridad!

William M. SLATTERY, i. p. d. c. m.
Superior General

Prensa y Televisión ante el cambio de hábito de las Hijas de la Caridad

Hubiera sido interesante hacer un inventario de todo lo publicado en la prensa nacional a propósito del cambio de hábito de las Hijas de la Caridad, Pero el que esto es­cribe, ausente un mes de Madrid, quiso ausentarse tam­bién de su habitual preocupación periodística, y los re­cortes que después ha podido recoger son pocos y algunos sin fecha ni procedencia.

Bien pensado, la empresa hubiera resultado difícil, casi imposible. Es muy probable que no haya habido en Ma­drid y provincias publicación periodística—diarios y re­vistas—que no se hayan ocupado del caso. Lo cual demues­tra que la noticia interesaba al gran público y que tal in­terés estaba informado de una gran simpatía.

Por comentar algo, nos podemos limitar a la prensa madrileña de la mañana, la más importante en conjunto de la nación. Creo que abrió fuego el artículo «Dama de las blancas tocas», de Eugenia Serrano, en «Arriba» del 3 de julio, con demasiadas reminiscencias literarias, in­exacto y de buena voluntad; ya diremos cómo hay que in­terpretar esta clase de colaboraciones en los periódicos. El mismo diario publicó el día 19 de agosto, a toda portada, la foto de los hábitos nuevo y antiguo, vestidos respecti­vamente por Sor Regina y Sor Superiora, ambas de una residencia de San Luis, Estados Unidos. Quizá fuera ésta la foto más divulgada, seguramente por proceder de una Agencia, la Cifra, según unas indicaciones, la Associated Press, según otras, Y el día 22 aparecía una bellísima glo­sa de Salvador Jiménez a una foto de dos Hermanas sor­prendidas en plena calle por la Agencia Fiel.

«Ya» fue el diario que ofreció la información más acep­table. El día 20 de agosto se publicó un reportaje del Pa­dre Vicente de Dios, ilustrado con las mejores fotografías del hábito nuevo que han aparecido hasta ahora; el artícu­lo tenía una intención de equilibrio y objetividad y se ex­tendía sumariamente sobre la historia y el espíritu de las Hijas de la Caridad. El 6 de septiembre vio la luz pública una colaboración de Manuel Santaella, «Las 45.000 Hijas del Capitán»; dejando a un lado este último término, el artículo, como colaboración literaria, estaba bien conce­bido y mejor escrito. Dos días después aparecía una nota de prensa con carácter de información oficial, que decía as, en su párrafo central: «Hoy, con el fin de entrar en el movimiento de renovación de la Iglesia y adaptarse me­jor a las necesidades del mundo contemporáneo, las Hijas de la Caridad simplifican su hábito, que ha llegado a ser un tanto arcaico, a pesar de cuanto evoca de pureza y ca­ridad a los ojos de los que a través de los siglos han con­templado su vida.» La única deficiencia, hasta cierto pun­to natural, de esta nota, era no tener en cuenta la reali­dad española de las Hijas de la Caridad, distinta de la do los demás países. El mismo día del cambio de hábito, San­tos Yubero nos proporcionaba dos malísimas fotografías, a las que acompañaba en la sección «Vida Religiosa» un breve y acertado comentario de Ricardo Cobas.

Que sepamos, «ABC» se conformó con un pie y un chiste gráfico. Un pie a unas espléndidas fotografías, el mismo día 20 de septiembre, con el objeto principal de puntualizar errores sobre la asignación de la paternidad del nuevo hábito; como tales puntualizaciones se publica­ron sin aval ninguno y no muy en consonancia con la pre­sentación de los patrones por el «Echo de la Mode, Editions de Montsouris», no sabemos a qué atenernos en cuanto a su intención y exactitud. Citemos a la Agencia Europa Press, que divulgó por medio de diversos periódicos un serio artículo de Rafael Lucena can detalles del hábito y generalidades del Insti­tuto, acompañado de uno de los dibujos del folleto de pa­trones. Y como curiosidad, aludamos a la espectacular foto «Keystone», donde una Hermana, vestida de nuevo, nos mira de frente, mientras tres a cada uno de sus lados, to­das de antiguo, nos vuelven graciosamente la espalda, en una especie de ejercicio gimnástico o coreográfico.

***

Quizá lo más importante de todo este asunto no sea el recuento de las informaciones dadas, sino las considera­ciones que a estas alturas podemos hacernos. La aparición de cualquier nota periodística relativa al tema solía pro­ducir una serie de comentarios generalmente desfavorables. Pero, evidentemente, tales comentarios carecían mu­chas veces de sentido común.

Unos parecían pretender que no se hablara del tema en absoluto, como si ello constituyera una maldad. Pretensión ilógica, injusta e inmoral. Lo primero, porque ocultar 13.000 tocas como aquéllas no era fácil hacerlo sin que al­guno lo viera. Lo segundo, porque el público tiene derecho a que se le informe de lo que le interesa. Y lo tercero, por­que el periodista tiene el deber, en conciencia, de hacerlo.

Otros hubieran querido que, de darse alguna informa­ción, sus conceptos y términos hubieran sido exactos, per­fectos, sin pega posible. Cosa difícilmente realizable. Por un lado, el punto de vista del periodista bien puede ser dis­tinto del nuestro, Nosotros tenemos—o teníamos— nues­tros bizantinismos caseros sobre religiosas o no religiosas, tocas o cornetas, azul o negro, esto o aquello. Cosas que le tienen sin cuidado al periodista. Y no sin más ni más, sino porque al gran público tampoco le importan demasiado. Por tanto, no había por qué pedir una total exactitud. Mu­chas veces al común de los lectores le irá mejor lo poética­mente libre que lo jurídicamente exacto.

Por otro lado, tampoco solemos preocuparnos por dar­le al periodista los datos suficientes para que sus necesa­rias informaciones sean cual nosotros las quisiéramos. 7. esto es algo que hay que hacer hoy día con sentido de anticipación, Porque nosotros a priori no queramos, no va a dejar el periodista de actuar. Porque nosotros a posterio­ri critiquemos, no se van a remediar las cosas,

Quizá convenga añadir que, en el tejemaneje de las me­sas de redacción, los periodistas son muy dueños, ante una colaboración que acaba de llegar, de poner éstos o los otros titulares, elegir éstas o las otras fotografías, poner éstos o los otros pies. Detalles que, por tanto, no se podrán achacar al colaborador.

Creemos, en resumen, que la Prensa nacional ha ac­tuado de manera positiva ante este acontecimiento tan importante en la historia de las Hijas de la Caridad, Le ha dado la consideración que merecía, lo ha tratado con la mayor simpatía y delicadeza, ha reflejado el indudable cariño del pueblo español hacia las Hermanas. Sus peque­ños e involuntarios defectos bien se le pueden perdonar.

* * *

Capítulo aparte merece el espacio televisivo «El Día del Señor» del 20 de septiembre, de 2 a 2,30 de la tarde. Lo preparó con su sabia y amable sencillez don Javier María Echenique. Tuvo una primera parte de comentario a di­versos fotogramas que iban apareciendo en la pequeña pantalla y una segunda parte de interviú a dos Hermanas, que fueron Sor Monserrat Pedrés, Directora de la Escuela de Asistentas Sociales de Eduardo Dato, y Sor Milagros Lera, Directora del Colegio de la Inmaculada de Martí­nez Campos. Seguramente que todas las Hermanas y Pa­dres, a quienes nos fue posible, estuvimos pegados al tele­visor y quedamos gratamente satisfechos, incluso emocio­nados. Para constancia, traspasamos a ANALES lo que allí se dijo, tomado al pie de la letra de la cinta magnetofónica que lo recogió, aunque sin la luz de aquellos fotogramas y películas ni el calor de aquellas voces y de aquellos cánticos entonados por las Hermanitas del Seminario.

(PELICULA)

…Desde hace tres siglos brilla en el firmamento del cristia­nismo una de las fuerzas de amor cristiano más conmovedoras en toda la historia humana. Hoy nuestro programa se engalana y se enorgullece al presentar a ustedes este testimonio viviente de la caridad cristiana que se llaman las Hijas de la Caridad.

En el siglo XVII, ante el espectáculo desolador de la pobreza y la miseria, San Vicente de Paúl, misionero infatigable por los caminos y pueblos de Francia, fue constituyendo como fruto de sus misiones populares unas asociaciones que recibieron el nom­bre de Caridades.

Este documento es el proceso de la erección canónica de la primera Caridad, fundada el 8 de diciembre de 1617, la Caridad de Chatillon. El documento es de puño y letra de San Vicente.

El desarrollo de estas asociaciones de Damas de la Caridad suscitó en San Vicente de Paúl una idea genial, audaz, verdade­ramente revolucionaria: organizar en comunidad a aquellas mu­jeres que, consagrándose a Dios por los votos religiosos, se en­tregaran exclusivamente al servicio de los niños abandonados, los pobres, los ignorantes, los enfermos, los presos, los deste­rrados.

Para llevar a cabo esta empresa, la Providencia puso al alcan­ce de San Vicente de Paúl a una mujer excepcional, Luisa de Marillac, hoy Santa Luisa de Marillac. Y así, el 29 de noviembre de 1633, nacía la Compañía de las Hijas de la Caridad.

San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac inventaron la primera fórmula de vida religiosa femenina en común, pero en medio del mundo. Hasta el nacimiento de las Hijas de la Cari­dad no existían en la Iglesia Católica más religiosas que las con­templativas, encerradas en la paz y el silencio de sus claustros.

Las alas blancas de las Hijas de la Caridad desde hace tres siglos se han convertido en uno de los símbolos más expresivos y conmovedores de la caridad por todo el mundo.

Las alas blancas del amor cubren y acogen a los niños. En cen­tenares de guarderías, orfanatorios, hospitales y casas cunas las Hijas de la Caridad se transforman en, madres de los más pe­queños y los más necesitados de la tierra. Ellas realizan así en toda la redondez del mundo el conmovedor deseo de Jesús: «Dejad que los niños se acerquen a mí.» Ellas saben que en el úl­timo día serán examinadas de amor y Cristo, Juez misericordio­so, les dirá: «Lo que hicisteis a uno de estos pequeñuelos a Mí lo hicisteis.»

Las Hijas de la Caridad se inclinan y cubren, principalmen­te con las alas del amor, el dolor de todos los que sufren.

En todo el mundo cristiano y en anchas zonas del mundo no cristiano, la caridad de Cristo es algo más que una palabra; es una realidad tangible, viva y cotidiana gracias al ejemplo y a la actividad incansable y en ocasiones heroica de millares de mujeres que, como las Hijas de la Caridad, montan la guardia permanente del amor a la cabecera de todos los sufrimientos, de todos los abandonos y de todas las soledades en millares de hos­pitales, sanatorios, dispensarios y leproserías diseminados en los cinco continentes.

Esta es la urna que contiene los restos de San Vicente de Paúl. A su muerte, acaecida como la de Santa Luisa de Marillac en el mismo año de 1660, las Hijas de la Caridad contaban con 51 Ca­sas. En 1700 las Casas son 300, con 1.000 Hermanas. En tiempo de la Revolución Francesa, las Hijas de la Caridad rebasaban la cifra de 4.500. Todas estas fundaciones se realizaron en Europa.

Pero el amor cristiano no tiene fronteras. Ya en los años de la fundación las Hijas de la Caridad se ofrecieron a partir como misioneras a Madagascar. Pero aquel bendito viaje que soñó San­ta Luisa de Marillac no pudo realizarse. En 1830 el sueño de la fundadora se hizo realidad. Las Hijas de la Caridad partían para Madagascar y abrían un gran capítulo en la historia de la Igle­sia: comenzaba la epopeya de las religiosas misioneras.

Desde esta fecha, el desarrollo de la Compañía y su expan­sión por el mundo entero alcanza un ritmo magnífico e inconte­nible. En 1847 las Hijas de la Caridad llegan a China. En 1850 nace la rama norteamericana de la Congregación. En 1879 apare­cen en Turquía.

Impulsadas por el viento del amor, ellas cabalgan por todos los caminos de la tierra, buscando a todos los pobres, a todos los que sufren, para ungir y curar las llagas de los cuerpos y las al­mas con el bálsamo de la caridad.

Desde 1925 hasta hoy las fundaciones se suceden ininterrum­pidamente. En Sudamérica, El Congo, Australia, Indochina, Java, Japón, La India, Mozambique, etc., etc.

Desde hace ya muchos años, las Hijas de la Caridad son la Ins­titución religiosa femenina más numerosa de la Iglesia Católica. Actualmente son 48.000 establecidas en más de 100 países y di­vididas en 48 Provincias o regiones, con un total de 4.254 Casas.

España es el país que más miembros ha dado a las Hijas de la Caridad. De las 48.000 que hoy integran la Congregación, 14.000 son españolas, y trabajan en España divididas en dos Provincias con un total de 960 Casas.

Pero, además, como ustedes ven, fuera de España hay más de 1.000 Hijas de la Caridad españolas, distribuidas en la siguien­te forma: 43 en Europa, 48 en Asia, 136 en África, 329 en el Ex­tremo Oriente y 470 en América.

(ENTREVISTA)

SR. ECHENIQUE.—El amor siempre es actualidad. Por eso, las Hijas de la Caridad siempre son noticia. Pero hoy son noticia por partida doble. Porque esta mañana, cuando la campana del alba ha despertado a las Hijas de la Caridad en las cuatro mil Casas de la Congregación, ellas, por primera vez, han vestido un há­bito nuevo. Y aquí tienen ustedes a las Hijas de la Caridad con el hábito nuevo recién estrenado. Yo les quiero agradecer su doble sacrificio, Hermanas: en primer lugar, la renuncia a ese símbolo tradicional de la Caridad que era el hábito antiguo, y en segun­do lugar, a ustedes, el sacrificio de haber venido hoy aquí, ante las cámaras de Televisión. Sor Monserrat y Sor Milagros. Repre­sentan a toda la gran, familia de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac. Primera pregunta, Sor Monserrat: ¿Qué ca­racterísticas tiene la Compañía de las Hijas de la Caridad?

SOR MONSERRAT.—Yo creo que pueden resumirse, en pri­mer lugar, en nuestro cuarto voto. Al igual que las demás reli­giosas, tenemos tres votos: pobreza, castidad y obediencia. Pero, además, tenemos un cuarto voto, por el cual nos obligamos a ser­vir corporal y espiritualmente a los pobres en la Compañía de las Hijas de la Caridad. Y otra nota muy característica nuestra es que nuestros votos son anuales, de manera que el veinticinco de marzo de cada año, todas las Hijas de la Caridad del mundo en­tero quedan sin votos y libre y voluntariamente los renovamos. Para esto San Vicente nos trazó un programa muy original. Nos dió por claustro las calles de la ciudad y las casas de los pobres y por clausura la obediencia. Por eso, cuando se ve a una Hija de la Caridad ir y venir por las calles, se le puede decir que está dentro de su claustro y dentro de la obediencia, como la carme­lita en su convento. Y siguiendo el paralelo con las de clausure, nos dijo también que teníamos por rejas el temor de Dios y por velo la modestia.

SR. ECHENIQUE.—Muy bien, Hermana. Vamos a ver, Sor Mi­lagros. Entonces, el objetivo propio del Instituto de ustedes, ¿cuál es?

SOR MILAGROS. Para ser más exacta, voy a emplear las mismas palabras con que San Vicente definió la misión de las Hijas de la Caridad en el artículo primero de nuestras Reglas. El dice: «El fin principal por el que Dios 1. a llamado y reunido a las Hijas de la Caridad, es para honrar a Nuestro Señor Jesu­cristo como manantial y modelo de toda caridad, sirviéndole cor­poral y espiritualmente en la persona de los pobres, ya sean en­fermos, niños, encarcelados u otros cualesquiera que por rubor no se atreven a manifestar sus necesidades.»

SR. ECHENIQUE.—Más preciso no podía ser el texto. Herma­na, hoy día se habla de la crisis de la juventud religiosa y fe­menina en el campo religioso y moral. Pero las Hijas de la Ca­ridad parece que no han recibido el impacto de una crisis voca­cional; son 48.000, las más numerosas de todas. ¿A qué atribuye usted, Hermana, este atractivo de la vocación de las Hijas de la Caridad?

SOR MONSERRAT. En los diecisiete años que llevo de con­tacto con la juventud, he podido señalar en ella dos caracterís­ticas peculiares: una, es el afán de autenticidad, y la otra, el afán de entregarse. Y la Hija de la Caridad ha de entregarse to­talmente a oficios en apariencia los más diversos, como son los niños o los ancianos; los tuberculosos o los leprosos; los pases de misiones de infieles o el oficio en el casco de una ciudad. Y la autenticidad, también respondemos a este afán, porque en esa diversidad de oficios buscamos solamente una cosa: dar respues­ta a aquella palabra de Cristo: «Cualquier cosa que hagáis a uno de esos pequeños, a Mí me lo hacéis.»

SR. ECHENIQUE.—Hemos dado una referencia curiosa. España responde con un número impresionante. Son 14.000 españo­las. ¿En qué proporción entran durante el año?

SOR MONSERRAT.—Durante el año, sacando la proporción, hay fechas fijas para entrar en el Seminario, viene a resultar más de una vocación por cada día del año.

SR. ECHENIQUE.—Cada día, una joven española…

SOR MONSERRAT. —Y algún día, más.

SR. ECHENIQUE.—Vamos a ver, Sor Milagros. Hoy día la Igle­sia tiene un problema: que en algunas zonas del mundo su ac­ción directa, su proselitismo, es enormemente difícil, cuando no imposible. Me refiero al mundo marxista, de más allá del telón de acero y también otras anchas zonas del mundo no cristiano. Las Hijas de la Caridad que se dedican a los pobres, a los más necesi­tados, ¿Han tenido también que abandonar absolutamente estas zonas donde la otra acción del proselitismo es totalmente im­posible para la Iglesia?

SOR MILAGROS. Pues no. Las Hermanas siguen trabajan­do tras el telón de acero y de bambú, en Centros aún estatales como ocurre en China, Polonia, Hungría, Checoslovaquia. Ese espíritu de servicio, la atención a todas las necesidades sociales, abre las puertas a las Hermanas, de tal modo que ese afán que tienen de servicio y de trabajo, prescindiendo incluso de la dis­crepancia o discriminación que haya de razas y de religiones, les abre las puertas y son, tras el telón de acero y en la Iglesia del Silencio, el testimonio auténtico de la caridad de Cristo. Es más. en países no cristianos, las Hermanas están ocupando Centros no estatales, como ocurre en países en los que se practica la reli­gión del Islam. Y hay un caso curioso: es que los musulmanes llaman a las Hermanas «las golondrinas de Alá».

SR. ECHENIQUE.—iQué maravilla! Parece que es todo el per­fume poético del Oriente aplicado a esta realidad maravillosa. ¡»Las golondrinas de Alá»! Realmente esto es un reconocimiento maravilloso de la labor de ustedes, sobre todo, y de todas las otras Hermanas de Congregaciones semejantes a la de ustedes. Ahora bien, esta imantación, esta seducción diríamos, del ejercicio de la caridad, Hermana, quizá haya de atribuirse a este misterio: la Hija de la Caridad, ¿qué ve en el pobre?

SOR MONSERRAT. La Hija de la Caridad en el pobre Ve a Jesucristo. Y el pobre para la Hija de la Caridad es la razón ‘de su vida. Si no hubiera pobres, no habría Hijas de la Caridad. Aho­ra bien, nosotras no es que deseemos que haya pobres. Precisa­mente, con ellos queremos ejercer la auténtica caridad, y la auténtica caridad consiste en intentar ayudarlos para que salgan por sus propios medios de la situación en que se encuentren. Que­remos conseguir la promoción social de los necesitados. Y en esto seguimos el espíritu de San Vicente, que nos hace atender a sus necesidades materiales para que así, libres de la angustia que tie­nen ahora, puedan dedicarse mejor a los quehaceres espirituales y puedan así llegar a Dios.

SR. ECHENIQUE.—O sea, que siempre en San Vicente se ad­virtió una especie de sentido profético para vivir adaptado a los tiempos en que vivía…

SOR MONSERRAT.—No hemos tenido que modificar nada des­de hace trescientos años…

SR. ECHENIQUE.—Aunque el trato al pobre hoy día sea téc­nicamente diferente…

SOR MONSERRAT.—Técnicamente diferente. Sin embargo, el espíritu de San Vicente, yo he buceado un poquitín para ver los principios del servicio social reflejados ya en los planos de San Vicente, y he encontrado los principios• del servicio social refle­jados en el espíritu de San Vicente.

SR. ECHENIQUE.—Hermana, una pequeña objeción: San Vi­cente dice en una frase que se ha hecho clásica: La Hija de la Caridad tiene que dejar a Dios por Dios.» En el sentido de que parece que indica que debe renunciar, o reducir por lo menos, los actos de la capilla, de la adoración directa, de la meditación, para dedicarse a la acción del servicio a los pobres. ¿Esto quiere decir que ustedes recortan notablemente la vida de oración di­recta en beneficio del servicio a los pobres, o no?

SOR MILAGROS.—De ninguna manera. Traicionaríamos el es­píritu de San Vicente. El quería que nuestra vida fuese apostóli­ca: una integración perfecta de la vida de Marta y de María. Sin embargo, nosotras no separamos la oración de la caridad. Y es en la oración donde encontramos la fuerza para darnos. Por eso, San Vicente quiso mantenernos en ese alto nivel espiritual que es de donde sacamos todo el impulso para darnos a los demás.

SR. ECHENIQUE.—¿Qué tiempo dedican ustedes a la oración?

SOR MILAGROS. Pues, Padre, nos levantamos a las cinco de la mañana para tener la seguridad de que la oración no se pierda. Y lo primero que hacemos es una hora de oración. A continua­ción tenemos la santa misa y la sagrada comunión. Un total de dos horas. Terminado esto, hacemos, en gran silencio, para no interrumpir nuestro coloquio con Dios, los ejercicios domésticos porque no tenemos legas. Y a continuación empezamos ya nues­tra jornada, alimentadas ya con esta vida espiritual. Termina­mos la mañana con un examen particular sobre la virtud que tenemos por práctica, y a continuación hacemos un breve recreo seguido de la lectura espiritual. Para nosotras es una hora sagra­da la hora de dos a tres, dedicada a honrar la Pasión y la Muerte de Nuestro Señor…

SR. ECHENIQUE.—¿Todas las Hijas de la Caridad se ponen en oración…?

SOR MILAGROS.—Las 48.000 Hijas de la Caridad del mundo entero, a las tres, sí; a ser posible, nos ponemos de rodillas y ha­cemos un acto de adoración, en el cual ofrecemos a Dios la muer­te de su Hijo por la salvación del mundo. No olvidamos, como es natural, en él a los pobres. La jornada de la tarde se clausura con media hora de meditación. Terminada la cual, volvemos a tener lectura espiritual en el refectorio, seguida de una breve recreación. Y a las nueve volvemos otra vez a la capilla a hacer nuestra plegaria. Allí pedimos a Dios que sea el Reparador de nuestros defectos, y terminamos siempre con la Salve, en la cual las 48.000 Hijas de la Caridad ofrecen la jornada del día, con todos sus sacrificios, a la Señora.

SR. ECHENIQUE.–Pues muchas gracias, Hermanas. Realmente, el testimonio es magnífico. Las Hijas de la Caridad cierran su jornada con el himno de la Salve a Nuestra Señora. Nosotros tam­bién, hoy vemos con nostalgia que desaparece en la geografía del amor esta estampa, pero los tiempos exigen unas adaptaciones al ritmo de la vida moderna. Yo quiero recoger el rumor de esa Salve de las 48.000 Hijas de la Caridad que hoy, con hábito di­ferente, cantarán cuando caiga ya la tarde. Esta Salve de las Hi­jas de la Caridad representa el símbolo de la continuidad. Herma­nas, muchas gracias. Ustedes cambian de hábito. Ustedes mues­tran hoy un hábito nuevo. Pero su espíritu no puede terminar jamás. Es el espíritu de San Vicente de Paúl, de Santa Luisa de Marillac; es el espíritu mismo, el más puro, del Evangelio. Yo, en nombre de todos los que les están contemplando, me permito recoger el rumor de la gratitud y decirles a ustedes, Hijas de la Caridad: En nombre de todos los enfermos, de todos las pobres, de todos los que sufren, de todos a los que han cobijado ustedes con sus tocas y ahora seguirán cobijando con su amor, muchas gracias y que Dios se lo pague.

3 Comments on “Estampa en el día del cambio de hábito (1964)”

    1. El rediseño del hábito de las Hijas de la Caridad en la década de 1960, que reemplazó la icónica cornette blanca el sábado 5 de marzo de 1965 por un velo azul más simple, fue llevado a cabo por la casa de moda Dior, un cambio que modernizó su imagen y fue ampliamente documentado por medios como el New York Times.

  1. Yo estuve interno en un orfanato de Valencia regido por Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul.desde septiembre de 1958 hasta el 4 de marzo de 1965, Y quiero aclarar con este comentario que cuando me fuí del colegio, justo al dia siguiente, el sábado 5 de marzo de 1965 fue la fecha en que las monjas cambiaron el hábito negro y tocas aladas por el moderno hábito azul. Me extraña que este dato no lo vea reflejado en vuestros textos. Recuerda: el cambio de hábito de las Hijas de la Caridad de Valencia se realizó el sábado 5 de marzo de 1965. Saludos

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