«Dejaos de amontonar riquezas en la tierra… En cambio, amontonaos riquezas en el cielo, donde ni la polilla, ni la carcoma las echan a perder, donde los ladrones no abren boquetes ni roban. Porque donde tengas to riqueza tendrás el corazón». (Mt 6,19-21).
«La Congregación de la Misión posee bienes temporales por exigencias pastorales y comunitarias; se sirve de ellos como recursos para el servicio de Dios y de los pobres, según el espíritu y la práctica del Fundador y los administra como patrimonio de los pobres, con solicitud, pero sin afán de atesorar». (C 148,1).
La profesión de pobreza que se hace en la Congregación de la Misión no impide que esta pueda poseer bienes materiales. Sin embargo, la posesión de estos bienes no significa ponerse en la línea del poder temporal de las riquezas. La riqueza que posee la Congregación tiene incluso el sentido de servicio para la evangelización y para la ayuda de los pobres.
- «La necesidad nos obliga a tener bienes perecederos».
La opción que hizo San Vicente, por necesidad, para que la Compañía pudiera poseer, lleva consigo ciertos riesgos: el riesgo de que el espíritu se contamine, de que los corazones se enreden. Meditemos lo que San Vicente dice en la conferencia del 13-12-1658:
«¡Dios mío!, la necesidad nos obliga a poseer bienes perecederos y a conservar en la Compañía lo que Dios le ha dado; pero hemos de aplicarnos a esos bienes lo mismo que Dios se aplica a producir y a conservar las cosas temporales para ornamento del mundo y alimento de sus criaturas, de modo que cuida hasta de un insecto; lo cual no impide sus operaciones interiores, por las que engendra a su Hijo y produce el Espíritu Santo; hace estas sin dejar aquellas. Así, pues, lo mismo que Dios se complace en proporcionar alimento a las plantas, a los animales y a los hombres, también los encargados de este pequeño mundo de la Compañía tienen que atender a las necesidades de los particulares que la componen. No hay más remedio que hacerlo así, Dios mío; si no, todo lo que la Providencia les ha dado para su mantenimiento se perdería, tu servicio cesaría y no podríamos ir gratuitamente a los pobres». (XI 413).
- Los bienes materiales de Ia Congregación están en función de Ia Misión.
Supuesta la necesidad de tener que poseer bienes, surge la preocupación de cómo usarlos. Siguiendo el espíritu y la práctica de San Vicente, las Constituciones dan orientaciones precisas sobre el uso y destino de los bienes temporales de la Congregación:
- Para la sustentación y la adquisición de los me-dios para el apostolado y para hacer obras de caridad. (Cf. C 148; 153).
- El Estatuto 100 establece:
«La Congregación meditara constantemente los principios que siguen, los abrazara de corazón y los pondrá en práctica con confianza y fortaleza:
1.º El esfuerzo unánime para establecer de nuevo la sobriedad de vida, que con el ejemplo más que con la palabra, en nombre de la pobreza de Cristo, se opone al ansia que nace de la sociedad de la abundancia y al deseo ávido de riquezas que es la ruina de casi todo el mundo. (Cf. RC III 1).
2.º La preocupación efectiva por gastar sus bienes en la promoción de la justicia social.
3.º El deshacerse de los bienes superfluos en favor de los pobres».
- Tengamos más interés por extender el reino de Dios que nuestras posesiones».
Nuestro Señor es el primero en decirnos que no amontonemos riquezas, que no «capitalicemos». La prioridad del Reino de Dios sobre los bienes del mundo es indiscutible para San Vicente. (XI 43). A un Misionero le dijo:
«En nombre de Dios, padre, tengamos más interés por extender el Reino de Dios que nuestras posesiones. Llevemos sus negocios y el hará los nuestros. Honraremos su pobreza, al menos con nuestra moderaci6n, si no lo hacemos con una perfecta imitación». (III 489).
- Mi actitud ante los bienes comunitarios, de la Casa o de la Provincia, ¿se acerca a la de San Vicente o a la de los que buscan la seguridad del futuro en los bienes temporales?
- ¿Tomo en serio el recto uso de los bienes de la Casa?
- ¿Contribuye la Casa en donde vivo a las obras de la Iglesia y a las obras sociales como contribuye, al menos, una familia cristiana, o más bien predicamos para que den los otros?
ORACIÓN:
«Permite, Señor nuestro, que, para seguir trabajando por tu gloria, nos dediquemos a la conservación de lo temporal, pero que esto se haga de forma que nuestro espíritu no se vea contaminado por ello ni se lesione la justicia, ni se enreden nuestros corazones. Oh Salvador, quita el espíritu de avaricia de la Compañía, dale solo lo que basta para las necesidades de la vida y mira por ella, Señor, lo mismo que miras por todos los pueblos de la tierra y por los animales más pequeños, con una atención general y particular, sin que esas obras exteriores to aparten un solo instante de esas operaciones eternas y admirablemente fecundas que tienes en to interior. Que los Superiores y encargados de la Compañía hagan lo mismo, dedicándose a la vigilancia y esmero a sus tareas, proporcionando a todo el cuerpo y a cada miembro lo que le conviene, sin apartarse de la vida interior y de la unión cordial que deben tener contigo. Amen». (XI 413).






