El Verbo se hizo carne

Mitxel OlabuénagaEspiritualidadLeave a Comment

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asdEl, a pesar de su condición divina, no se aferró a su Categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomo la condición de esclavo, haciéndose uno de tantos». (Flp 2,6-7).

«Como testigos y mensajeros del amor de Dios, debemos rendir veneración y culto peculiar a los misterios de la Trinidad y Encarnación». (C 48).

Además del Misterio de la Santísima Trinidad, los Misioneros han de agradecer y dar a conocer el Misterio de la Encarnación del Verbo de Dios. La segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios, asumiendo la naturaleza humana, se convirtió en Salvador nuestro. Se encarnó, en efecto, para redimirnos y hacernos partícipes de la vida divina; mayor dignidad no pudo alcanzar el hombre.

  1. «El Padre eterno previo y decreto enviar a su Hijo a este mundo”

San Vicente de Paúl explicaba así el Misterio de la Encarnación:

«El Padre Eterno, habiendo previsto desde toda la eternidad la caída del hombre por la que se haría indigno del paraíso, como es tan bueno y misericordioso, propuso enviar a su propio Hijo a este mundo para asumir la naturaleza humana y aceptar la responsabilidad y la carga de nuestros pecados, tanto para aplicar a la justicia divina como para señalar a los hombres la manera de poder ser más agradables a Dios. Pero como Dios es el Padre de la providencia y el oficio de la providencia no es solamente pensar en el fin, sino designar además los medios para conseguirlo, por eso previo y decreto enviar a su Hijo a este mundo, determinando de este modo los medios para lograr su fin». (X 42-43).

  1. “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido un cierto modo con todo hombre».

«En realidad, el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado. Porque Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo nuestro Señor. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación… El que es imagen de Dios invisible es también el hombre per­fecto, que ha devuelto a la descendencia de Adán la semejanza divina, deformada por el primer pecado. En El, la naturaleza divina asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios con su encarnaci6n se ha unido en cierto modo con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, Denso con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amo con corazón de hombre. Nacido de la Virgen Maria, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado». (GS 22).

  1. «Reveló el amor del Padre y la excelsa vocación del hombre».

En su condición de testigos y mensajeros del amor de Dios, los Misioneros han de expresar en la vida y proclamar con la palabra el infinito amor del Señor a los hombres, enviándonos a su propio Hijo. Abundando en la misma idea que el número 2, sigue diciendo la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo ac­tual:

«El propio Verbo Encarnado quiso participar de la vida social humana. Asistió a las bodas de Cana, bajo a la casa de Zaqueo, comi6 con publicanos y pecadores. Reveló el amor del Padre y la excelsa vocación del hom­bre, evocando las relaciones más comunes de la vida social y sirviéndose del lenguaje y de las imágenes de la vida diaria corriente. Sometiéndose voluntariamente a las leyes de su patria, santifico los vínculos humanos, principalmente los de la familia, fuente de la vida social. Eligio la vida propia de un trabajador de su tiempo y su tierra. En su predicación mandó claramente a los hijos de Dios que se traten como hermanos. Pidió en su oración que todos sus discípulos fuesen «uno». Mas todavía, se ofreció hasta la muerte por todos, como Redentor de todos. «Nadie tiene mayor amor que este de dar uno la vida por sus amigos» (Jn 15,13). (GS 32).

¿Agradezco a Dios su designio de caridad con todos los hombres enviando a su Hijo a la tierra para salvarnos?

El ejemplo de Jesús, encarnado por amor y obediencia, ¿me mueve a hacerme todo a todos para ganar a todos?

¿Soy testigo y mensajero del amor de Dios proclamando las grandezas del Señor y sus maravillas con los hombres?

ORACIÓN:

«Oh Dios, que de modo admirable has creado al hom­bre a to imagen y semejanza y de un modo más admirable todavía restableciste su dignidad por Jesucristo, concédenos compartir la vida divina de Aquel que se ha dignado compartir con el hombre la condición humana. Por nuestro Señor Jesucristo».

 

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