El servicio vicenciano en el seno de la Iglesia

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

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Autor: José Eugenio López, C.M. · Año publicación original: 1997 · Fuente: Encuentro de la Familia VIcenciana.
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La dimensión caritativa de la fe, común a todos los cristianos, es asumida por la familia espiritual de Vicente de Paúl como el rasgo distintivo de su carisma. La principal aportación que la Iglesia debe recibir de los vicencianos es una vivencia renovada de servicio y liberación ante las múlti­ples pobrezas de nuestro tiempo.

La familia vicenciana es muy amplia: puede ser que englobe a más de dos millones de personas en el mundo; uno de los últimos estudios identifi­can a 268 grupos como constituyentes del árbol vicenciano, y de ellos, 165 existen en la actuali­dad, además de otros grupos que puedan no haber sido catalogados4.

«Amemos a Dios, hermanos míos, amemos a Dios, pero que sea con el sudor de nuestra frente. Pues muchas veces los actos de amor a Dios, de complacencia, de benevolencia, de un corazón amante, aunque muy buenos y deseables, resultan, sin embargo, muy sospechosos, cuando no se llega a la práctica del amor efectivo… Hay muchos que, preocupados de tener un aspecto externo de com­postura y el interior lleno de grandes sentimientos de Dios, se detienen en esto; y cuando se llega a los hechos se quedan cortos…»6. Estos breves textos resumen las líneas fundamentales de la espirituali­dad y del dinamismo vicenciano que deben marcar el estilo de los que queremos vivir este carisma.

La praxis vicenciana de servicio a los pobres puede sintetizarse en cinco líneas fundamentales8.

La renovación teológica y, sobre todo, la teolo­gía de la liberación han facilitado que aparezcan fundamentos nuevos de la veracidad bíblica, teo­lógica y pastoral de la opción por los pobres como elemento vertebrador de la identidad eclesial.

Se toma conciencia de la significación histórica y política de la pobreza, pues se descubre que los pobres:

  • Son una realidad colectiva (clases y sectores sociales, pueblos enteros, inmensas mayo­rías populares…).
  • Son el resultado de un proceso conflictivo (elementos de desigualdad social, intereses contrapuestos, capitalismo salvaje…).
  • Son una realidad que demanda un proyecto social alternativo (protagonismo de la perso­na, desde un humanismo integrador, respe­tuoso con las minorías…)9.

La iglesia española también ha realizado una profundización en las causas de la pobreza, invi­tando a ser lúcidos en su análisis y en la explicita­ción de sus consecuencias: «Queremos insistir de nuevo en que la raíz de la pobreza se encuentra en la misma entraña de un sistema socioeconómico que, si no es debidamente corregido, está basado exclusivamente en la concepción utilitaris­ta y meramente funcional del ser humano, en la filosofía de la desigualdad, en los mecanismos perversos de la ambición y del lucro desorbitados, y en la sed de poder, a cualquier precio y de cual­quier manera, con todas las funestas consecuen­cias que conlleva para los más débiles»11.

El fuerte desarrollo del voluntariado ha genera­do una cultura propia y unos códigos simbólicos característicos que se cristalizan en estilos de vida alternativos, en modos de sentir, de amar, de esperar propios. Aparecen diferentes tradiciones socioculturales que se complementan mutuamen­te para integrar la protesta y la propuesta, la mili­tancia y la gratuidad, desde imaginarios sociales alternativos12.

Las ponencias y los trabajos del Congreso Nacional, «Los desafíos de la pobreza a la acción evangelizadora de la Iglesia», desarrollan unas reflexiones y conclusiones que retoman el com­promiso de la Iglesia Española por trabajar junto a los empobrecidos y así ir construyendo la Iglesia de los pobres13.

La melodía: las múltiples contribuciones de las Asociaciones Vicencianas para el servicio

Cada una de las seis principales asociaciones vicencianas que funcionan en España realizan diferentes acciones y proyectos de servicio a los más pobres que, bien son realizados fundamen­talmente por miembros de la misma asociación, bien son fruto de diversas aportaciones de más instituciones (vicencianas, eclesiales, civiles). Si tenemos en cuenta el amplio abanico de sectores que necesitan la atención de la pastoral socio-caritativa de los creyentes, descubrimos que las posibilidades del servicio vicenciano llegan a niveles de diversidad amplísimos.

La riqueza de la multitud de respuestas vicen­cianas al amplio espectro de las pobrezas de nuestra sociedad constituye un universo difícil de presentar y globalizar. Todo intento de síntesis paga el precio de renunciar a la presentación de bastantes aspectos importantes que habría que tener en cuenta.

Además de las obras heredadas y la tradición de cada uno de los centros locales, según las necesidades del contexto social en que se mue­ven y las posibilidades de los componentes de los grupos, debemos ser conscientes que las formas de concretar los servicios que realiza cada aso­ciación están sujetas a múltiples variables. Aun­que no debemos infravalorar la influencia de las orientaciones de las sesiones de estudio y de los dirigentes de los respectivos Secretariados nacio­nales. Las riquezas y los matices de cada uno de los servicios tienen una importancia notable para las personas que se benefician de los mismos; es preciso insistir en que las generalizaciones son injustas.

Sin lugar a dudas, la contribución más impor­tante al cántico de hermandad con los más po­bres es la que realizan las Hijas de la Caridad, tanto por su importancia numérica como por su presencia en todo tipo de pobrezas. Además, es la fuerza que anima con más ímpetu la renova­ción y actualización de las diferentes obras de servicio vicenciano. En el capítulo siguiente se presenta una síntesis global de los servicios que ellas animan.

Actividades del Voluntariado Vicenciano (AIC) en España

En la actualidad son 3.658 miembros activos: el 17% profesionales, el 83% amas de casa15.

La actividad básica del servicio de los socios se centra en la visita personal a los pobres para poder colaborar en sus necesidades materiales concretas y transmitirle, a su vez, un testimonio de fe que les ayude a perseverar en la religión católi­ca. Además se colabora con multitud de obras sociales bien implantadas, con un presupuesto global anual que ronda los mil millones de pese­tas19. Los Estatutos actua­les de la Asociación señalan en su identidad la nota vicenciana. Muchos de sus miembros tam­bién pertenecen al Voluntariado Vicenciano y a las Conferencias de S. Vicente, prestando en dichas asociaciones diferentes colaboraciones en los servicios que tienen organizados, además de los que asumen personalmente cada uno de sus miembros.

También es característico de estos grupos repartir, aproximadamente, la mitad de los ingre­sos recogidos en las urnas de la «visita domicilia­ria» entre las obras de caridad que funcionan en el entorno.

Hay centros locales que se caracterizan por visitar enfermos y ancianos; también colaboran en el sostenimiento de comedores de transeúntes; en otras localidades funciona con fuerza el ropero misionero. En algunos centros se potencia la visi­ta a las cárceles del entorno y la colaboración puntual con el Proyecto Hombre.

La armonía: la Compañía de las Hijas de la Cari­dad, en renovación permanente, suscita nuestra vitalidad

Cuando Vicente de Paúl habla a las Hermanas sobre el fin de la Compañía repite una y otra vez que ha sido creada para el servicio de los pobres, de todos los pobres: «el fin al que debéis tender es honrar a nuestro Señor Jesucristo, el siervo de los pobres: en los niños para honrar su infancia, en los pobres necesitados…; tenéis que estar dis­puestas a servir a los pobres en todos los sitios a donde os envíen: a los soldados, a los pobres cri­minales, o a cualquier otro lugar donde podéis asistir a los pobres, pues este es vuestro fin»20.

A partir del Vaticano II, las Hijas de la Caridad han seguido la llamada a la renovación de sus métodos de vida y de servicio entre los pobres: «seamos lúcidas para que la mengua de nuestro número disponible no nos lleve a mantener el mismo número de puestos con detrimento de la calidad»; «si fuera necesario restringir nuestros campos de acción, no dudemos en preferir la calidad a la extensión o a la multiplicación de puestos de trabajo. Sepamos llevar a cabo con coraje, a despecho de las oposiciones y críticas, las reagrupaciones necesarias»22.

La diversidad de las pobrezas, tanto antiguas como nuevas, ha hecho replantear las obras tradi­cionales y que se creasen múltiples proyectos, más dinámicos, en colaboración con otras institu­ciones, muy diversificados, que concretan la acción social de las Hermanas, tanto a nivel comunitario como personalmente:

  • Albergues de transeúntes (13 casas y 69 her­manas).
  • Barrios y/o parroquias (23 casas y 91 herma­nas).
  • Centros de acogida: mujer marginada, me­nores y otros (22 casas y 63 hermanas).
  • Comedores sociales (37 casas y 188 herma­nas).
  • Deficientes psíquicos: menores y adultos (25 casas y 169 hermanas).
  • Desarrollo rural (15 casas y 55 hermanas).
  • Inmigrantes y etnias diversas (8 casas y 34 hermanas).
  • Menores: hogares, pisos tutelados (100 ca­sas y 551 hermanas).
  • Prisiones y pisos de acogida familiar (1 casa y tres hermanas).
  • Sida (12 casas y 49 hermanas)
  • Otros servicios sociales (7 casas y 27 herma­nas)23).

La labor educativa de los 220 centros educati­vos focaliza los esfuerzos de 2.919 profesores lai­cos y de 1.181 Hermanas para atender a 87.084 alumnos, distribuidos en 3.200 aulas. La opción por acogerse a los fondos públicos, centros con­certados, ha facilitado que la mayoría de los alum­nos pertenezcan a la clase media-baja24. En los últimos años se ha incrementado significativamen­te el número de alumnos hijos de inmigrantes y las unidades de integración de alumnos con deficien­cias.

El ideario educativo de los Centros Vicencianos, además de optar por los alumnos más desfavoreci­dos, señala con fuerza el eje transversal de la sen­sibilización en favor de los más pobres y la opción por la justicia; toda su tarea educativa es un gran potencial reparador y concientizador, tanto de los alumnos como de sus familias y de toda la pobla­ción que entra en su campo de influencia…; estos centros constituyen una buena cantera para el mantenimiento de los laicados vicencianos25.

Todos conocemos que el sector mayor de mar­ginados en España lo constituyen los ancianos, tanto en residencias como en asistencia a domi­cilio; las Hermanas están cercanas a una porción innumerable de personas mayores: facilitando cariño y atención material, agilizando trámites para pensiones de beneficencia, promoviendo acciones culturales y recreativas…

Los matices: la dimensión internacional de la A.I.C.

La Asociación Internacional de Caridades (A.I.C.) agrupa a las asociaciones nacionales de 41 países que, manteniendo bastante indepen­dencia jurídica y organizativa, se organizan para reflexionar juntas y reciben los servicios coordina­dores y representativos a nivel internacional. Para ello tienen un secretariado permanente en Bruse­las, con dedicación plena de varias personas sol­ventes en la animación y gestión de estos niveles organizativos.

La AIC es miembro de la Conferencia de Organizaciones Internacionales Católicas (OIC), del Consejo Internacional de Acción Social (CIAS) y de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC). Además como ONG posee estatuto de miembro consultivo de la UNESCO, del Consejo de Europa y del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC)26. La presencia en estos foros se rea­liza mediante la acreditación de representantes permanentes que siguen los temas que les afec­tan más directamente, participando en múltiples comisiones de trabajo.

Estas conexiones internacionales permiten la elaboración, y presentación a las autoridades sociales mundiales, de proyectos transnaciona­les para atender a las diferentes pobrezas en amplias redes solidarias mediante el intercambio de información y de medios. Las voluntarias de España están realizando actualmente 6 proyec­tos transnacionales: en Cartagena, Málaga, Bil­bao, Santander, Madrid y Barcelona27.

Complementariamente con lo anterior, la AIC ha realizado un gran esfuerzo para desarrollar la cultura de la autopromoción, tanto a nivel de los propios voluntarios en su formación y proceso vital, como a nivel de las personas excluidas, pues la pobreza es un elemento que no debe anular las capacidades de las personas para explicitar sus propios talentos, buscando el pro­pio desarrollo y luchando contra las causas de la pobreza, para que los pobres sean sujetos acti­vos de su propia liberación.

Las florituras: nuevos proyectos de servicio y apertura misionera

Entre los aspectos más novedosos del servicio desarrollado por los laicos vicencianos podemos destacar dos aspectos: los proyectos de servicio que se quieren realizar en colaboración entre todos los movimientos vicencianos, que son pro­movidos por las Conferencias de San Vicente de Paúl y la implicación en diferentes actividades misioneras por parte de los seglares realizada por los jóvenes de JMV. Veámoslo con cierto detalle.

a) nuevos proyectos de servicio:

El Consejo Nacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl viene realizando una gran labor dinamizadora de su actividad caritativa, mediante la realización de numerosos cursillos y sesiones formativas del Centro de Estudios y a través de la potenciación de algunas obras significativas ante las pobrezas más interpelantes de nuestra socie­dad. Presentamos las tres obras en las que han gastado más energías e ilusión en los últimos años:

Casa de acogida para enfermos del sida «Nuestra Sra. del Amparo», de Madrid

En ella funciona una Conferencia, que es quien lleva directamente el gobierno de la Casa, está integrada por diferentes personas, entre ellas dos Hijas de la Caridad y un padre Paúl.

Las relaciones entre todos es fraternal y de ayuda, teniendo siempre presente el proyecto para el bienestar de los enfermos.

Las Hijas de la Caridad y el Padre Paúl, ade­más de codirigir la Casa, colaboran y prestan su servicio voluntariamente en ella cocinando, lim­piando, durmiendo en la casa, escuchando a los chicos sus problemas…, estando siempre dispo­nibles.

Objetivo Encuentro de Granada

Obra creada para reinsertar a gitanos y payos, en situación de desestructuración, a través del trabajo.

Para ello se ha creado una panificadora, un obrador de pastelería y un taller de confección. Hasta este momento funciona la panificadora que abastece a la Universidad de Granada y a los Supermercados «Día».

Colaboran en éste proyecto Conferencias, Hijas de la Caridad y A.I.C.

Se han creado unos veinte puestos de trabajo. También se facilita la formación básica conve­niente.

Dos conferencias funcionan y prestan apoyo en este proyecto. En ellas están integrados socios de las Conferencias, Voluntarias de la Caridad, Hijas de la Caridad, siendo el Asesor Religioso un padre Paúl.

— Albergue para transeúntes en San Fernando (Cádiz)

Hasta ahora había venido funcionando el alber­gue en esta localidad, pero, dado el deterioro del edificio, ha sido derruido y se ha comenzado la construcción de uno nuevo; de su financiación se ha encargado directamente el Consejo Nacional de la S.S.V.P.

Para este nuevo albergue, con capacidad para 60 personas, que será abierto, Dios mediante, en los próximos meses, se está pre­parando una Conferencia para que, al modo de la Conferencia Ntra. Sra. del Amparo, se encar­gue de la dirección, y de la animación del volun­tariado; a ella pertenecen miembros de la Con­ferencias, voluntarios de la Caridad y una Hija de la Caridad. Se está elaborando el proyecto y reglamento que regirá el nuevo albergue en colaboración con las otras entidades locales de caridad.

b) La dimensión misionera de JMV:

En 1985 comenzaron los envíos de jóvenes a misiones «ad gentes», durante dos o tres meses del verano; más de cuatrocientos chicos y chi­cas mayores de veinte años han realizado esta vivencia fuerte en el tercer mundo y sus vidas han quedado marcadas por la necesidad de responder a la injusticia planetaria que nos rodea.

Muy pronto los jóvenes empezaron a plantear la posibilidad de estar allí más tiempo; así tres años más tarde se constituía una primera «comu­nidad permanente» en S. Pedro Sula (Honduras) para colaborar en la animación de diferentes necesidades de la diócesis; en 1994 se verá acompañada por una segunda comunidad en Cochabamba (Bolivia), que se implica fundamen­talmente en la labor con los niños de la calle.

Los jóvenes que ya llevaban en misiones más de tres o cuatro años comenzaron a pensar en una opción más estable de vida, buscando una estructura que facilite la presencia continuada de jóvenes laicos en misiones, dentro de la familia vicenciana y con cierta continuidad/independen­cia de JMV.

Así se llega a la conclusión de pedir al Supe­rior General el respaldo para crear una asocia­ción de «Misioneros Seglares Vicencianos» (Mise­vi) que ampare dentro de la familia vicenciana a jóvenes y/o adultos seglares que deseen tener un compromiso misionero estable en muestras misiones «ad gentes». Esta nueva asociación, con la colaboración de AMVE y COVIDE29.

Las alteraciones accidentales: disposición general de respuesta asistencial a las necesidades que se perciben.

Lo más característico de la sensibilidad vicen­ciana es la colaboración espontánea, rápida, para solucionar las necesidades que se descubren en el entorno donde uno se mueve; la manifestación de una solidaridad cristiana que muestra cercanía ante toda causa de sufrimiento humano y que ofrece una primera ayuda para superar la soledad o la necesidad inmediata; posteriormente vendrá la reflexión y la toma de contacto con las redes y los proyectos organizados.

Quienes forman parte o han estado cerca de la Familia Vicenciana tienen un estilo sencillo, creati­vo, rápido, que les hace responder a las carencias que se perciben… pues, por encima de las institu­ciones, están las personas; por ello es incontable el número de respuestas y compromisos persona­les que se insertan en el canto de servicio iniciado por Vicente de Paúl y Luisa de Marillac.

Propuestas que ayuden a recrear la polifonía del servicio vicenciano para el tercer milenio

Sin pretender ser exhaustivos, ayudar os, se presentan algunas propuestas que pueden ayudar a actualizar el servido vicenciano de cara al tercermilenio:

  • Informar mutua y detalladamente de la vitali­dad y proyectos de las diferentes asociaciones vicencianas: encuentros entre los conse­jos directivos, intercambio de las revistas periódicas. Contacto permanente con las otras entidades caritativas de la Iglesia.
  • Buscar que en los niveles regionales y nacionales se realicen análisis conjuntos, entre todos los miembros de la familia vicen­ciana, de la realidad de la pobreza y la mar­ginación: causas, consecuencias, personas implicadas, posibles colaboraciones para superarlas.
  • Concretar proyectos comunes de servicio entre las asociaciones vicencianas, conec­tados a las redes caritativas de la Iglesia y de la sociedad civil. Acostumbrarnos a co­laborar juntos tanto en la planificación, como en la revisión…, no sólo colaboracio­nes puntuales.
  • Impulsar la formación de calidad para una vivencia renovada de la caridad: cursillos en común; formación específica, a nivel uni­versitario, para los laicos; publicaciones; experimentación de proyectos alternativos de vida.
  • Crear una sensibilidad mundial y cauces para una comunicación ágil de bienes al ser­vicio de emergencias, o de proyectos signifi­cativos en los diferentes continentes. Hacer­se presente ante las autoridades públicas internacionales como una ONG-d colabora­dora y responsable.
  • Desarrollar cauces actuales para una espiri­tualidad de la acción: materiales de oración, esquemas de celebraciones… que asuman los elementos específicos de nuestro caris­ma. Seguir potenciando la oración común, el día 27 de septiembre.
  1. La cifra total de miembros es ha sido presentada por el P. Robert Maloney al invitarnos a tomar conciencia de nuestra realidad. Para los grupos vicencianos. Cfr. la monografía de Betty Ann McNeil, The Vin­centian Family Tree, publicada en Vincentian Studies Instituto, DePaul University Bookstore, Chicago, U.S.A.,1996..

    En este artículo se presentan las diferentes actividades y programas que desarrollan las prin­cipales Asociaciones Vicencianas que funcionan en nuestro país; las notas musicales aportadas por cada uno de estos grupos se ensamblan en un magnífico canto de alabanza y servicio, fruto de múltiples aportaciones. Se observa que la variedad y riqueza de dichos elementos hace imprescindible conocerlos para poder disponer de una visión completa de la acción caritativa de la Iglesia Española.

    Es urgente que reconozcamos la importancia de todos y cada uno de los elementos de la poli­fonía caritativa de los seguidores de Jesucristo, respetando la peculiaridad y la libertad tanto de cada bautizado como de cada agrupación de fieles, para mantener cada una de las colabora­ciones y ser capaces de evolucionar en una armonía que presente con nueva fuerza la viven­cia de la solidaridad, desde un voluntariado cris­tiano que siga abriendo caminos de humaniza­ción profunda.

    El pentagrama: el mensaje del evangelio sobre el reino y los pobres

    Jesús de Nazaret suscitó en sus seguidores una vivencia espiritual que concreta el gozo de sentirse amados por Dios en una actitud de ser­vicio que se esfuerza en hacer justicvia y en poisibilitar la liberación de los más débiles de nuestra sociedad. Esta última dimensión es esencial: en el evangelio se pone al mismo nivel el reconocimiento de la trascendencia de Dios y las relaciones cálidas con los demás seres huma­nos; más aún, en las relaciones con los seme­jantes, se puede afirmar que Jesucristo realiza claramente una opción preferencial por los más pobres.

    A nivel sociológico podemos decir que «pobres son los individuos o familias cuyos recursos son tan débiles que resultan excluidos de los modos de vida mínimos, que se consideran aceptables en el Estado miembro en que se vive» (Consejo de Ministros de la CEE); mientras que, en España, Cáritas definió: «pobres son las personas cuya renta es inferior a la mitad de la renta familiar española».

    Interesa subrayar que cuando el evangelio habla de pobres, se refiere casi siempre a los pobres reales, materiales, que son, además, marginados o socialmente dependientes e inde­fensos. Ellos son el lugar privilegiado donde se manifiesta el Dios cristiano, sin escuchar su cla­mor es imposible saber lo que Dios quiere de nosotros; desde ellos se puede perfilar el rostro de Dios y vivir la fe en el seguimiento de Jesús. Entre los pobres se pueden experimentar los nuevos valores del reino y trabajar para que este llegue con mayor fuerza a todos los seres humanos.

    Todos los cristianos, también los miembros de la familia vicenciana, debemos partir de esta base común que sustentará cada una de las opciones vitales y los proyectos personales que concretan nuestra respuesta a la llamada de Dios-amor.

    La armadura: la experiencia vicenciana que nos focaliza en los pobres

    Vicente de Paúl y Luisa de Marillac supieron percibir con gran agudeza que la experiencia cris­tiana de comunión con Dios debe concretarse en una actitud servicial hacia las personas, especial­mente hacia las necesidades de los más débiles, de los múltiples excluidos de la sociedad en la que nos toca vivir.

    «Los pobres que no saben a dónde ir, ni qué hacer, que sufren y que se multiplican todos los días, constituyen mi peso y mi dolor», además debemos «darle la vuelta a la medalla» y ver que Jesucristo nos es representado por los pobres1SVP XI,725 y que es él quien considerará hecho a si mismo lo que hayamos ofrecido a los pobres2SVP XI, 240.

    Se debe desarrollar vitalmente la mística y la sensibilidad de servicio a los más débiles: desde la comunión con el Hijo de Dios, «es preciso que Jesucristo trabaje con nosotros o nosotros con él; que obremos en él, y él en nosotros; que hable­mos como él y con su espíritu»3SVP XI, 236

  2. SVP, XI, 733.; «Hermanos míos vayamos y ocupémonos con un amor nuevo en el servicio de los pobres, y busquemos incluso a los más pobres y abandonados»5SVP XI, 273
  3. Citadas por Celestino Fernández en «Pobres», Diccionario de Espiritualidad Vicenciana, CEME, Salamanca, 1995, pp. 488-491.:

    a) Una sensibilidad «diferente» respecto de los pobres, desde la cercanía y aceptación de su dignidad.

    b) Realizar una lectura crítica de las raíces de la marginación, descubriendo las estructu­ras de pecado y de los mecanismos perver­sos que causan la pobreza.

    c) Asumir el «principio misericordia» dejando que el amor de Cristo a los más débiles conmueva nuestras entrañas y nos movilice permanentemente en nuestra relación con los pobres.

    d) Vivir la solidaridad como síntesis del com­promiso social, compartiendo sus condicio­nes de vida y buscando implicar a otros para que se cumplan los derechos de los excluidos.

    e) Buscar la liberación integral de los pobres, de todas las dimensiones de su vida, evi­tando las visiones dualistas o parciales, lle­gando a ofrecer a Jesucristo como sentido de vida.

    El compás: la reflexión posconciliar y el documento «la caridad en la vida de la Iglesia»

    A lo largo de la celebración del Concilio Vati­cano II, el tema de los pobres fue objeto de la atención preferente de un grupo de expertos y de padres conciliares; esto facilitó que, en los docu­mentos finales, se fuese plasmando alguna invi­tación a centrar la vida de la Iglesia en torno a la opción por los pobres, por ejemplo: «Como Cris­to realizó la obra de la redención en pobreza y persecución, así la Iglesia es la llamada a seguir ese mismo camino… Cristo se hizo pobre siendo rico (2 Cor 8,9)… Cristo fue enviado por el Padre a evangelizar a los pobres y a salvar a los oprimidos (Lc 4, 18); así también la Iglesia abraza con su amor a los afligidos por la debilidad humana: más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesida­des y procura servir en ellos a Cristo»7LG, 8

  4. Cfr. Lois, JULIO; Qué es la opción por los pobres, Madrid, Pau­linas, 1996
  5. La Iglesia y los Pobres, SB, Comisión Episcopal de Pastoral Social, Madrid, 1994.

    Es preciso concienciarse sobre los criterios que deben iluminar toda la actividad caritativo-social de la Iglesia, en los múltiples campos donde se debe realizar una presencia samaritana. Los obispos recuerdan y desarrollan cuatro aspectos funda­mentales sobre la acción caritativo-social:

    • pertenece esencialmente a la constitución de la iglesia,
    • tiene una dimensión de lucha por la justicia, sin olvidar la promoción social y la asistencia personal,
    • debe estar integrada de manera visible y sig­nificativa en la sociedad,
    • debe ser católica y ecuménica10La Iglesia y los Pobres, 106-119
    • Cfr. GARCÍA ROCA, JOAQUÍN, Solidaridad y Voluntariado, Madrid, 1994
    • Actas del Congreso Nacional, Corintios XIII, Madrid, 1996
    • Datos facilitados por su Secretariado Nacional, enero de 1997.’. Dis­tribuidos en 212 centros locales: 130 urbanos y 84 rurales, a lo largo de 48 diócesis.

      Su edad media es de 56 años. Además hay 9.559 miembros que solamente cotizan una apor­tación económica que ayuda a realizar los dife­rentes programas o servicios de la Asociación a nivel local.

      Sectores de población a los que se atiende

      • Familias: su principal y específica tarea es el servicio-ayuda a familias necesitadas, cuya la­bor es difícil de plasmar o detallar y menos con­tabilizar. Constatamos los siguientes servicios:
        • Gestiones: (salud, trabajo, vivienda).
        • Ayuda económica o material: (casa: pago de alquileres y/o luz, agua, ropa: 9 lavanderías, 87 roperos).
        • Alimentación: 12 SAC (servicio, alimentación, en plan de economato, con un 40 o 50% de descuento). 10 Comedores. Distribución de alimentos de la CEE.
        • Apoyo moral: (escucha, ternura, afecto, amis­tad, consejo…).
      • Ancianos: el sector más numeroso donde pres­tan servicio las voluntarias, en:
        • 4 Mini-residencias, llevadas, gestionadas u organizadas por las Voluntarias.
        • 20 Centros de la Tercera Edad.
      • Niños: Varios grupos prestan apoyo escolar con:
        • Material didáctico
        • Vestuario y alimentación
        • Formación.
      • Transeúntes: Albergues (comida, aseo, gestio­nes), en 5 grupos.
      • Drogadictos: Casos aislados (atención espo­rádica).
      • Mujeres: Promoción (alfabetización-talleres) en 14 grupos.
      • Varios grupos tienen Pisos Tutelados de acogi­da temporal a las personas que lo necesitan.

      Actividades de la Sociedad de San Vicente de Paúl en España

      La Sociedad funciona en 321 Conferencias aproximadamente, en unas setenta poblaciones de España, con un total de 3.312 socios (1574 hombres y 1738 mujeres) y unos 25.000 colaboradores14Datos de las Jornadas Nacionales de 1996, Boletín «Ozanam», n.1495

    • Cfr. Informe Anual de actividad social de la Sociedad de San Vicente de Paúl, 1995, publicado por la misma Asociación.; entre ellas se encuentran:

      • Residencias de ancianos: 12.
      • Centros socioculturales de apoyo a los estu­dios y tiempo libre: 6.
      • Comedores-guarderías infantiles: 5.
      • Colegios: 2.
      • Talleres ocupacionales: 3.
      • Albergues para transeúntes, ancianos, para­dos: 6
      • Atención a enfermos terminales de sida y toxicómanos: 3.
      • Roperos y bancos de alimentos: 5.

      Actividades de las Juventudes Marianas Vicencianas:

      JMV funciona en 290 Centros Locales, con un número total de 12.718 jóvenes mayores de 15 años y de 809 miembros de Familias Marianas Vicencianas16Según datos de las estadísticas enviadas por los Centros a filaes de 1996, facilitados por su Secretariado Nacional. No cuentan a los infantiles y juveniles, ni a los simpatizantes.

      Generalmente las actividades de servicio de cada uno de los Centros Locales se concretan en la colaboración con las obras que tienen las Hijas de la Caridad en la ciudad donde se sitúa el Cen­tro: visita a ancianos en sus domicilios, compañía en residencias de ancianos, hospitales, obras de minusválidos y hogares infantiles… También se realizan experiencias de servicio intensivo, duran­te unos quince días, en las obras citadas anterior­mente y en colonias veraniegas para chicos des­favorecidos.

      Además de la intensa labor catequética que se realiza dentro y fuera de la Asociación, se insiste en que cada Centro local sistematice su colaboración en «un proyecto concreto de servicio»; es importan­te destacar la importancia que le están dando los jóvenes mayores a la presencia en la pastoral peni­tenciaria y a la animación de barriadas margi­nales17La «Revista JMV» tiene una sección fija, «Mateo 25», que da a conocer las actividades de servicio que se están realizando en los diferentes Centros Locales. La colaboración con Cáritas y con el Voluntariado Vicenciano cada vez adquiere mayor importancia, desde el convencimiento de que es preciso actuar juntos, con diferentes aportaciones.

      Como celebración del 150 aniversario de la Aprobación Pontificia de la Asociación, JMV se ha propuesto constituir alguna comunidad perma­nente de servicio, formada por jóvenes que desde el voluntariado permanente (uno o dos años) se comprometen a colaborar en la animación de algún proyecto en una zona deprimida.

      Actividades de la Asociación de La Milagrosa

      Esta Asociación funciona en unos 435 Centros locales, aunque no tiene una estadística detalla­da sobre el número de sus miembros, la visita de la Capillas de la Milagrosa puede llegar a unas cuatrocientas mil familias18Según un estudio realizado por la misma Asociación, en 1981

    • SVP,IX,750
    • Susana Guillemin, 1965. Citado en Anales de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, marzo-abril, 1997, p. 180., son retos apre­miantes de la Madre General de entonces. Más tarde, Juan Pablo II también invita claramente a las Hermanas a «movilizarse de nuevo en favor del mundo tan inmenso y tan diverso de la pobreza».

      Han realizado, y siguen inmersas en ello, un gran esfuerzo por revisar las obras de servicio a los pobres, para abandonar las casas que ya no son pobrezas urgentes, para mantener aquellas que siguen siendo necesarias, para abrir nuevas fórmulas de servicio que respondan a las nuevas pobrezas, a la nueva realidad social que nos envuelve, a la nueva evangelización que se nos demanda….

      El envío inicial para atender a los pobres enfer­mos hoy se concreta en los enfermos de sida, en los drogadictos, en los enfermos crónicos y termi­nales…, desde una postura de comunión con la pastoral de la salud de la iglesia local, trabajando en equipo con múltiples intervenciones de profe­siqnales seglares y de voluntarios. Actualmente unas mil seiscientas Hermanas colaboran en unos ciento noventa centros sanitarios, abarcando desde la presencia en más de cien hospitales a todo tipo de obras sanitarias, entre las que desta­can doce centros para enfermos de SIDA21Anales de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Cari­dad, marzo-abril 1997 , pp. 184-185. Todo el número está dedicado a la tarea de las Hijas de la Cavidad en el mundo sanitario

    • Cfr. Anales, marzo-abril, 1996, número monográfico dedicado a las Obras Sociales de las Hijas de la Caridad; especialmente las ex­periencias del capítulo «Un río que desborda y fecunda», pp. 146-192, (la fiabilidad de los datos no parece exacta, pues aparecen elementos contradictorios
    • Estadística elaborada para la XXIII Semana Vicenciana. Datos de enero 1997
    • Cfr. Anales de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, marzo-abril, 1995. Número monográfico sobre la Escuela Vicen­ciana; especialmente el cap. 6 y 7
    • Folleto AIC-Europa , publicación propia, julio de 1992
    • Pueden conocerse a través de «Justicia y Caridad», Boletín men­sual de la Asociación
    • Respectivamente el Secretariado de Misiones Vicencianas (AMVE) y la ONG-d de la Familia Vicenciana en España, encarnada en los Visita­dores y Visitadoras., está llamada a facilitar un protagonismo nuevo de los laicos en el voluntariado internacional entre los países más pobres28Cfr. «Revista de JMV», enero, 1997, pp. 18-22

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