El Señor Vicente relee su vida: Influencias

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Bernard Kock, C.M. · Traductor: Máximo Agustín, C.M.. · Año publicación original: 2008.
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Podría tratar de deciros un poco lo que esto me ha supuesto. Habéis podido advertir que desde mis comienzos en el mundo he conocido más sinsabores que éxitos en mis empresas… Había que tomar conciencia, pero yo mezclaba las vistas insondables de la Providencia de las que habla San Pablo con el lenguaje corriente y los conceptos de los autores paganos, sobre los vaivenes de la fortuna, como se lo había expuesto al Sr. de Comet, el 24 de julio de 1607:

 «Si la fortuna no se empeñaba más que en hacerme más envidiado que imitado, ay, no era más que para exponer en mí su vicisitud e inconstancia, convirtiendo su gracia en desgracia y su dicha en desdicha»1.

 En 1610, cuando escribía a mi madre, el 17 de febrero, tenía la esperanza de que Dios bendeciría mi labor, pero me quedaba todavía en la perspectiva de los vaivenes de fortuna. Él aconsejando que empujara a mi hermano que hiciera estudiar a uno de mis sobrinos, yo añadía:

«Mis infortunios y el escaso servicio que he podido hacer todavía en la casa podrán posiblemente quitarle la voluntad; pero que se figure que el infortunio presente presupone un bienestar en el porvenir»2.

Dicho de otro modo, mientras me confiaba a Dios, continuaba aceptando los acaecimientos simplemente y con filosofía, como los sabios griegos y latinos de mis estudios en el colegio. Por el contrario, a partir de 1611, yo conocía a entrever que todas estas decepciones que se acumulaban pueden ser signos de Dios que nos guía por su intermediario. La manera como reaccioné a la acusación falsa del compatriota era ya un comienzo…Mis conversaciones del Señor de Bérulle y de otros, y mis lecturas más asiduas, van poco a poco a ayudarme a mirar los acontecimientos en la fe y el abandono en Dios. Oh necesitaré todavía mucho tiempo antes de integrarlo en mi personalidad, antes de vivir verdaderamente… Mucho tiempo, y muchas gracias de Dios! Llegará un día en que trataré en serio de ver las cosas bajo esta mirada de Dios, y en que se lo explicaré a otros… Así, muy recientemente, he empleado una imagen esclarecedora, con las hijas de la Caridad, el 23 de julio de 1656:

 «Sucede con nosotros como con una piedra de la que se quiere tallar una bella imagen de Nuestra Señora, de San Juan, o de algún otro santo. ¿Qué debe hacer el escultor, para realizar su plan? Debe tomar el martillo y quitar de esta piedra todo lo superfluo. Y para ello, golpea en ella a grandes martillazos, de manera que al verle diríais que la quiere deshacer. […] Lo veis, Dios hace lo mismo con nosotros»3.

Y él no ha parado de hacer lo mismo conmigo!

Yo frecuentaba también a los sacerdotes que el Señor de Bérulle reúne en su casa. Se encuentra entre otros Adrián Bourdoise, que sólo tenía 27 años(y yo 30, André Duval, 47 años, doctor en Sorbona, y superior con el Seños de Bérulle, de las Carmelitas de Francia, como François Bourgoing, que tiene cuatro años menos que yo, pero era ya párroco de Clichy4. Con ellos, no solamente profundizaba mi discernimiento espiritual, sino que ensanchaba por igual mis vistas apostólicas: Era preciso que cumpliese verdaderamente con las tareas de un pastor. Pues bien el Señor de Bérulle estaba a punto de fundar la asociación de los Sacerdotes del Oratorio, inspirándose en la de Felipe Neri en Roma5, y justamente François Bourgoing formaba parte de los cinco que compartían este proyecto. Le faltaba pues un reemplazante. Y así fue como pensaron en mí Parroquia!

El 13 de octubre de 1611, François Bourgoing firmó la renuncia de su parroquia en mi favor: por fin párroco! Y sin embargo, en el fondo, no tenía tantas prisas en ir a evangelizar de esta manera. Tenía todavía esperanzas de superar la dificultades para mi abadía de Saint Léonard de Chaumes…Deseaba también participar por algún tiempo en la próxima comunidad del Oratorio, ya que el Padre de Bérulle preveía aceptar en ella también a sacerdotes que no se comprometían definitivamente con ella, pero que, buscaban durante un tiempo limitado una profundización espiritual6. Mis compromisos con los Hermanos de San Juan de Dios me importaban mucho también: Como prueba, exactamente una semana después, el 20 de octubre de 1611, les transmitía quince mil libras, que acababa de recibir la víspera. Veis en el acta notarial la enumeración de mis títulos!

En presencia de Pierre de Briquet y Denis Turgis, notarios y guarda notas del rey, nuestro señor, en su Châtelet de París, abajo firmantes, […] Señor Vicente de Paúl, abate comanditario de la abadía Saint Léonard, país de Aunis, diócesis de Saintes, consejero y capellán de la reina Margarita, hallándose presente en esta ciudad de París, alojado[…] calle de Sena, […] por la devoción y afecto que ha mostrado al hospital, de la orden del Bienaventurado Juan de Dios, […] y para dar más medios a los prior y religiosos del dicho hospital de tratar y curar a los pobres enfermos que van y vienen diariamente a refugiarse y hacerse vendar en dicho lugar, también incluso para socorrerlos, tanto en el pago de lo debido por dicho hospital por el resto de la edificación que han mandado hacer, como para continuar este edificio, […] ha dado, […] la suma de quince mil libras que dicho señor abad donante ha dicho y afirma que le pertenecen, como teniendo derecho de transporte del señor Jean de la Thane, maestro particular de la moneda en esta ciudad de París, por acta pasada ante Choguillot y Tulloue, notarios en dicho Châtelet, el diecinueve de los presentes mes y año, al cual La Thane dicha suma pertenecía»7.

El acta explica también que esta suma provenía, después de dos intermediarios, de una indemnización debida por el rey a los propietarios de un navío hundido por los Españoles en 1594! Yo no me sentía habilitado a hacer que mi familia se aprovechase de este dinero cuyos beneficiarios sucesivos parecían más bien querer desprenderse mediante buenas obras!

El 11 de noviembre, el Señor de Bérulle, el Señor Bourgoing y cuatro sacerdotes más se instalaban en una nueva casa, instituyendo en ella el Oratorio de Francia. Yo he continuado tratándolos. Incluso he pasado allí varios meses, con gran aprovechamiento. Más tarde, me inspiré, para las Reglas de mi Congregación, en diversos puntos de su reglamento de vida y en sus prácticas, así como en las conferencias semanales con Bérulle8. 1612 fue un año de revueltas graves en el reino. Los Príncipes se levantan contra María de Médicis, la Regente y sus favoritos, en particular Concini. Por mi parte, no es más que el 2 de mayo de 1612 cuando fui a tomar posesión de mi curato de Clichy, quedándome con mi habitación de la calle de Sena y continuando las visitas al Oratorio9. Era la primera vez desde hacía quince años que me encontraba en medio de las buenas gentes sencillas de los campos, y tenía 31 años! Por fin descubrí el sencillo gozo de ser pastor, sumergido en un pueblo:

 «Tenía un pueblo tan bueno y tan obediente para hacer cuanto le mandaba que, cuando les dije que había que venir a confesarse los primeros domingos de mes, no fallaban. Venían y se confesaban, y yo veía día a día el progreso que hacían estas almas. Ello me producía tal consuelo, y me sentía tan contento que me decía a mí mismo: ‘Dios mío, qué feliz eres teniendo un pueblo tan bueno!’ Y añadía: ‘Pienso que el Papa no es tan feliz como un párroco en medio de un pueblo de tan buen corazón»10.

Pero qué complejo es el hombre! Uno no se convierte en un momento, ni en todas las partes de nuestro ser… Podemos llegar a pensamientos profundos y muy sobrenaturales, y no hacerlos pasar todos a nuestros actos; podemos realizar actos muy evangélicos y sobrenaturales en ciertos dominios, y seguir siendo muy humanos y terrestres en otros sectores. Era mi caso: Párroco de Clichy y amante de mi pueblo, había conservado sin embargo mi alojamiento calle de Sena y continuaba contrayendo deudas, en particular a causa de de los gastos de mis procesos por San Leonardo de Chaumes, cerca de La Rochelle, donde Jacques Gasteaud sabía ayudarme, Ved esta acta del 7 de diciembre de 1612, pasada ante notario:

 «El señor Vicente de Paúl, sacerdote, abad de Saint-Léonard, residente en esta ciudad de París, calle de Sena, confiesa deber al Señor Jacques Gasteaud, doctor en teología, residente en La Rochelle, la suma de trescientas veinte libras turenas«11.

Me quedé seis meses en Clichy, catequizando a los niños socorriendo a los pobres y a los enfermos, animando a la frecuentación de los sacramentos, fundando la Cofradía del Rosario. Mandé comenzar la restauración de la iglesia, que no se acabó hasta 163012. Me propuse también abrir una escuela clerical para doce jóvenes; uno de ellos se llamaba Antoine Portail13 -nacido en 1590 en Baucaire, vino a estudiar a París. hemos seguido en relación después de mi partida de Clichy. Fue ordenado sacerdote en 1622 y se convirtió en mi primer fiel compañero en las misiones. Debo igualmente añadir que el joven señor de Clichy, Alexandre Hennequin, que tenía dos años menos que yo, había perdido a su padre a la edad de 6 años y había tenido por tutores a sus primos Hennequin de Vincey y a un primo por alianza, Louis de Marillac, él mismo padre legal de una joven Louise de Marillac, nacida en 1591, que venía quizás a Clichy, con ocasión de las reuniones de familia.

Creo que la gracia de Dios, incluso si yo conservaba aún algunas miras humanas, había comenzado también a transformarme: a la paciencia frente a las adversidades, en el abandono a las directrices de la Providencia, se añadía el esfuerzo por la vida interior y el estudio de sus elementos y de sus principios. A la atención a los pobres enfermos venía a sumarse el celo y la práctica del ministerio pastoral. El Sr. de Bérulle, que era ya para mí un guía espiritual, juzgó que convenía ensanchar mi campo de acción, al propio tiempo que se presentaba la ocasión de procurarme al fin, no ya un beneficio eclesiástico sino algo mejor que eso: un puesto honroso en una de las familias de mejor condición de Francia.

  1. S. V. I, 1-2. Se encuentra esta identificación entre la fortuna y la Providencia explícitamente enunciada por Richelieu, en su Testamento Político, Elaborado probablemente en el transcurso de los años 1634-1640, edición críticas por François Hildesheimer, Sociedad de la historia de Francia, Librería Champion, París, 1995, p. 70: «A veces resulta imposible guarecerse de ciertos males si no se encomienda algo a la fortuna, o por mejor decir a la providencia de Dios, etc.»
  2. S. V. I, 19.
  3. S. V. X, 182-183; Comb. 588.
  4. S. V. I, 73.
  5. Bérulle, Correspondencia, edición Dagens, I, 129.
  6. Ab. I, 24; Coll. I, 36, nota u. En cuanto a la posibilidad de estancias pasajeras en el Oratorio, Correspondencia, edición Dagens, I, 118-119, cf, Yves Krumenacker, La Escuela francesa de espiritualidad, Cerf, 1998, p. 139 (que parece haber restringido el 3er grupo a clérigos en formación, mientras que Bérulle ha escrito: «personas simplemente asociadas […] que quisieran formarse en las costumbres y condiciones más regladas de la vida eclesiástica» después precisa bien que se trata de sacerdotes).
  7. S. V.14-15. Jean de la Thane aparece también el 14 de mayo de 1610 (Ann. CM, Tomo 106-107, 1941-1942, p. 260-262) y el 17 de mayo de 1610 (S. V. XIII, p. 11).
  8. Bérulle comenzó por algunos proyectos de reglamento e indicaciones de prácticas, en las Conferencias semanales, de 1611 a 1615 –de las que se encuentran también rasgos en San Vicente (tomos I y II de las Obras Completas, Cerf 1995. La síntesis de la Edición Migne, columnas 1627-1672, es posterior.
  9. S. V. XIII, 17-18. Su alojamiento en la calle de Sena se lee en varias actas notariadas ulteriores.
  10. S. V. IX, 646, 27 de julio 53; Comb. 426.
  11. S. V. XIII, 19. Véase la nota precedente sobre Jacques Gasteaud.
  12. Ab. I, 25-27; Coll. I, 36-39. Para el catecismo, cf. A. Dodin, «San Vicente de Paúl catequista, o la catequesis según el Señor Vicente de Paúl?» en la revista Catequesis, y «Sermón de San Vicente de Paúl sobre el catecismo. Presentación histórica y literaria», Revista Catequesis, octubre de 1960, p. 58. En cuanto a la iglesia, Ab. 1, 26 dice que la iglesia era pobre; Coll. 1,38 encarece escribiendo que «se caía a pedazos», lo que es falso. Los trabajos duraron bastante tiempo: pieza inédita, Archivos Nacionales, Minutier Central ET XLV, 32.
  13. M. V. I, 75, citando los carnets del Hermano Robineau, Editados por A. Dodin, El Sr Vicente contado por su secretario, O. E. I, L. 1991, p. 134.

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