El señor Vicente relee su vida (III)

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Bernard Kock · Traductor: Máximo Agustín. · Año publicación original: 2008.
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Colegial, estudiante y sacerdote

corazonHacia 1592, mi padre trató de hacerme estudiar, con la esperanza de poder un día obtener algún beneficio eclesiástico, es decir rentas de alguna abadía o de una buena parroquia, y así aliviar a la familia, como lo había hecho mi tío, prior de Poymartet . Me puso pues de pensión en Dax, con los Franciscanos, por sesenta libras al año. Poco después, el Sr. de Comet, abogado en la corte de Dax, me llevó a su casa como preceptor de sus hijos, sin dejar yo de estudiar. Una de sus hermanas, Catherine, estaba casada con un cuñado de mi tío materno Jean de moras, abogado también en la corte . Es este Señor de Comet quien pensó que yo tenía las aptitudes para ser Sacerdote, y quien me llevó a entrar por este camino. Después de los cuatro años del colegio de Dax, el 20 de diciembre de 1596, el obispo de Tarbes –estando por entonces vacante la sede de Dax- me confirió la tonsura y las cuatro órdenes menores. Yo no tenía más que 15 años y medio. Se llamaba Salvat de Iharse (o Diharse), era a la vez abad comanditario de la abadía de Premonstratenses de Arthous, frente a Orthevielle, parroquia de mi abuela, y en relación con los condes de Gramont, una familia de alta nobleza.

En 1597, partí a estudiar la filosofía y la teología, con el dinero de un par de bueyes que mi padre había vendido por mí. Iba en primer lugar a la Universidad de Zaragoza, alojándome en el Colegio de los Jesuitas. Allí descubrí también el estilo de vida muy austero de los Carmelitas, a quienes he puesto como ejemplo, mucho más tarde, a las Hijas de la Caridad. Pero al cabo de algunos meses, mi padre que había hecho su testamento el siete de febrero de 1598, murió ese mismo año, dejando a mi madre, hermanos y hermanas sin sustento, y a mí sin recursos. Me vine a la universidad de Toulouse, donde me era más fácil ver a mi familia y encontré recursos como director de un pequeño pensionado, para continuar mis estudios.

El 19 de septiembre siguiente, yo era ordenado de subdiácono, también por Salvat de Iharse, pero en Tarbes. El Concilio de Trento había exigido hallarse provisto de un título de subsistencia para poder ser ordenado, también la carta que me permitía ordenarme precisaba que yo estaba bien provisto de un título: era el curato de Tilh, pueblo grande de la fértil Chalosse. Esta práctica era frecuente en la época; a la espera de la ordenación presbiteral, un vicario hacía el servicio.

El 19 de diciembre siguiente, era ordenado diácono, otra vez por Salvat de Iharse , en Tarbes. Un año después, el lunes 13 de septiembre de 1599, con la suerte de que por fin se nombre un Obispo en Dax, yo obtenía las cartas dimisorias que me permitían ser ordenado sacerdote por el obispo de mi elección. En efecto el obispo nombrado en Dax –Jacques Dusault- había conseguido permanecer un año más en Burdeos para concluir la reforma del Capítulo de Saint-Seurin del que era decano. Yo iba a cumplir tan sólo 19 años. Iba contra las leyes recientes de la Iglesia, que pedía una edad mínima de 24 años para la Ordenación presbiteral. Pues bien estas dimisorias dicen: «teniendo la edad legítima». Están redactadas por el canónigo Guillaume de Massiot, Vicario General de Dax… ¿Soy acaso yo quien le ha engañado no diciendo mi verdadera edad? ¿Es él quien me ha consentido un favor injusto, por no aplicarse aún en la Iglesia de Francia el Concilio de Trento? Los casos parecidos no faltaban, como se lamentaban los Nuncios a Roma.

En enero de 1600 Mons. Dussault llegaba a Dax y yo podía pues ordenarme pronto. Pero él comenzó a trabajar en la reforma de su diócesis, convocando un sínodo, cuyos severos decretos publicaba el 18 de abril de 1600. Los canónigos del Capítulo, que habían gobernado la diócesis por largos años, en la ausencia de obispo, y que no suscribían estas disposiciones, se sublevaron por abuso de poder por parte del obispo, y rechazaron todo servicio y por consiguiente toda ceremonia resultaba imposible…Por más que sancionó el obispo. Los canónigos apelaron. El obispo también…Aquello podía ir para largo, no me apetecía esperar años (los procedimientos duraron casi cuatro años). Salvat Diharse no compartía los mismos cuidados de reforma, pero yo no podía ya contar con él. Me busqué, por medio de mis conocidos, otro obispo. Así que, el sábado 23 de septiembre de 1600, fui ordenado sacerdote por el Obispo de Périgueux, en Château-l’Évêque, cerca de Périgueux, en una ordenación general. Tengo que deciros que el obispo de Périgueux había sido depuesto por los Protestantes y la catedral, Saint-Étienne, se encontraba medio destruida. Château-l’Évêque no era entonces una morada privada, sino realmente el obispado, y la pequeña iglesia, la única catedral utilizable de la diócesis .

No había acabado mis estudios, pero había llegado. Como podéis constatarlo, el pensamiento de ser sacerdote me había sido inspirado desde el exterior. Me había hecho a ello de buena gana, pero las miras eran muy humanas. Apenas si sabía qué era ser Sacerdote…

«Si lo hubiera sabido, cuando tuve la temeridad de entrar, como lo he sabido después, habría preferido cultivar la tierra a complicarme la vida en un estado tan terrible. A medida que me voy haciendo viejo, más me convenzo en ello, porque descubro a diario a qué distancia estoy de la perfección en que debería estar «.

En los mismos años, otro pretendiente me discutió el curato de Tilh, recurriendo incluso a Roma. Como mi nuevo obispo había decretado en abril de 1600 la obligación para los párrocos de residir en su parroquia, y yo debía por otra parte continuar los estudios en Toulouse, preferí desistir. Fue el primer fracaso en mis búsquedas de rentas…

En Roma

Yo era piadoso, a pesar de todo, y como era el Año Santo, hice mi peregrinación a Roma. El Papa Clemente VIII me causó una impresión tan profunda que he hablado de él con frecuencia en mi vida, sin ir más lejos el 17 de octubre último . Roma por supuesto me ha dejado muchos recuerdos, «donde está el jefe visible de la Iglesia militante, donde están los cuerpos de san Pedro y san Pablo, y de tantos otros mártires y santos personajes. […] Esta consideración me conmovió de tal forma […] que, aunque estuviese cargado de pecados, no dejé de enternecerme, hasta derramar lágrimas, me parece «.

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