6. LA FRAGUA INTERIOR
1. Cimientos del carácter. – 2. El Gascón.- 3. Razas del sur de Francia.- 4. Retratos de San Vicente de Paúl.- 5. El señor Vicente y las razas de Asia anterior y oriental.- 6. Su complexión psíquica.- 7. Temperamento.- 8. Behaviorismo o conductismo.- 9. Constitución y carácter del tipo mixto.- 10. El orador y el escritor.- 11. Prueba de la escritura de Vicente de Paúl; comparación con la de Luisa de Marillac.
1. Cimientos del carácter. Por diversos caminos, el objeto de nuestro estudio nos es bastante cercano para dar la justa perspectiva, si queremos echar una ojeada sobre algunos rasgos subjetivos, cimientos del carácter. Es la fragua interior la que va a determinar sus reacciones sobre la aventura de la vida. Nos ocuparemos a continuación de las disposiciones del alma de este guía de fieles, que era el señor Vicente.
2. El Gascón. Gascón quiere decir hombre desenvuelto. Gascón es, además, sinónimo de «jactancioso», y la expresión «salir del paso como un Gascón de una situación difícil», se ha convertido en dicho popular. –Los Landeses son considerados como descendientes de los antiguos Iberos y de los Celtas.
3. Razas del sur de Francia. Entre las múltiples razas representadas en el sur de Francia, es, sin embargo, en una cierta región, donde hay que buscar los principales ancestros del señor Vicente. Sus retratos nos servirán de guía.
4. Retratos de San Vicente de Paúl. Retratos bastante numerosos de Vicente de Paúl en su edad madura, el de Bourdon, presenta una estatura media o superior, bien proporcionada. El retrato más difundido en numerosos grabados fue pintado por Simon-François. Los ojos del santo están llenos de un fuego, suavizados por la dulzura, la frente es majestuosa, la nariz carnosa, desmesuradamente larga, así como el mentón fuerte y saliente, los labios son delgados de comisuras elevadas.
5. El señor Vicente y las razas de Asia anterior y oriental. Si es cierto que la fisonomía de Vicente lleva a pensar en el tipo del pueblo vecino vasco, debemos recordar que este pueblo es, probablemente, originario del Asia anterior. En el sur de Francia, algunas razas del Asia anterior están fuertemente representadas, armenios, judíos, bohemios, etc. Se han extendido por todas partes, en parte desde los tiempos prehistóricos, en parte por medio del comercio con el oriente. A lo anterior se debe añadir la raza oriental mezclada, desde la época árabe, con el pueblo habitante del país hasta Poitou.- La fisonomía del santo presenta rasgos de dos tipos, los de la raza del Asia anterior y, aunque menos pronunciados, los de la raza oriental.
6. Su complexión psíquica. Igualmente, para la complexión psíquica, el señor Vicente evoca, además de una tenacidad de voluntad totalmente oriental y cierto espíritu de independencia, etc., menos a los orientales que a los de Asia anterior. La intolerancia de los orientales no es ninguna manera primaria en el señor Vicente. Su carácter encaja mucho mejor con el de la raza del Asia anterior. La cualidad de penetrar los sentimientos de otro le es característica, así como el conocimiento de los hombres, el talento para el arte dramático. Igualmente –si nos atenemos a la juventud de Vicente- esta tendencia a la trapacería, que se junta con un espíritu ejecutivo. Encontramos en él menos de iniciativa enérgica, que de moderación prudente, menos de confianza en sí mismo, que de fino cálculo, así como una tenacidad particular frente a las circunstancias exteriores más adversas.
7. Temperamento. Los biógrafos resaltan que el señor Vicente era, si se exceptúa un rasgo de melancolía, de una naturaleza biliosa y sanguínea. Él nos recomienda la alegría, la cual, desde Erasmo y Santa Teresa, San Francisco de Sales y Pascal, ha sido descubierta de nuevo. El señor Vicente tenía un aire afable, rasgo que debía menos a la naturaleza que a la virtud, según Mollet. En su resumen del informe de la autopsia de Vicente de Paúl, Abelly hace una curiosa observación. El bazo suave ocasiona que los vapores asciendan, invadiendo el cerebro, de modo que el juicio se ofusca: Dios había permitido, que un hueso que se hallara en el bazo del señor Vicente, proporcionando solidez a este órgano fatal, por lo que se beneficiaría el carácter del hombre. –El rasgo colérico del santo no pudo más que irse acentuando bajo el ascetismo de su vida, a expensas del rasgo sanguíneo natural. Hablando de la benignidad a los sacerdotes de su congregación, exclama: «¡Oh, que soy miserable!… me encolerizo, me transformo, me quejo, reprendo». Hombre activo, reprueba la melancolía fuertemente, ese «extraño espíritu», que él aprende a dominar en su propia alma, combatiéndolo en el corazón maternal e inquieto de Luisa de Marillac), asceta como él. Una pequeña diferencia de sencillez natural lo aleja tanto de la fogosidad de un San Ignacio, como ese «chorrito de vinagre», rasgo galo de su carácter, lo aleja de la suavidad de un San Francisco de Sales.
8. Behaviorismo o conductismo. Sin dejar de poner los temperamentos en relación con la constitución física, se debe reconocer, que existen también aspectos del carácter, debidos más bien a la profesión del sujeto, que al estado del alma). Lo podemos constatar, por ejemplo, en la rutina del humilde comportamiento del señor Vicente, superior de la «»pobretería».9.Constitución y carácter del tipo mixto. Algunos sistemas franceses que apoyan el estudio del carácter en la morfología han sido desarrollados por Kretschmer. Sus investigaciones han encontrado una vasta acogida. Trabajando con clasificaciones aceptadas, distintas a las suyas, por apreciadas que sean, no tomaremos detalladamente los rasgos esenciales del carácter de Vicente de Paúl. Por otra parte, las teorías diferentes se relacionan muy de cerca: llegan a dar hechos idénticos con nombres diferentes(38). En relación con nuestro santo plantearemos la siguiente pregunta: ¿A cuál de los tres tipos de Kretschmer pertenece: tipo leptosomático-asténico*, tipo atlético* o tipo pícnico*?
El señor Vicente se muestra, no como un Greco semigótico, tipo del asceta clásico, sino como un caso intermedio entre el atlético y el pícnico. Es más bien Luisa de Marillac, su colaboradora, quien representa al tipo leptosomático ascético. En cuanto al señor Vicente a lo más su tórax, bastante robusto, está un poco vacío para la leptosomía(39). Además tiene el mentón sólido, manos fuertes, hombros atléticos de un campesino, pero que ha sido maltratado por el ascetismo. Por otra parte, el cuello hundido y el rostro blando de un pícnico, pero que ayuna. –Los leptosomáticos constituyen los esquizotímicos –soñadores e inventores – y los pícnicos constituyen los ciclotímicos –sociables y jocosos-; San Vicente de Paúl representa un tipo mixto.
Un cambio brusco esquizotímico convirtió al aventurero en un santo. Pero él no representará al tipo de profeta excéntrico: su equilibrio de ciclotímico está bien sentado. La formación de complejos psíquicos le ha sido un peligro de esquizotímico. De otra manera, el sentimiento emerge natural: he ahí el ciclotímico en acción entre las almas devotas. No está exento de la frialdad y de la ironía del esquizotímico: alguna carta pertenece a la mejor comedia. No obstante, su sensibilidad, su benevolencia saltan a los ojos. Permaneciendo con una tolerancia ciclotímica hacia la persona, es de una intransigencia esquizotímica en materia de principios. Aunque sabiendo guardar el justo medio el ciclotímico, quedará en el fondo en la esquizotimia, el idealista más puro, el moralista más heroico, que se pueda imaginar, siguiendo la imitación de Jesucristo en persona. La fuerza y la alegría en el trabajo en San Vicente se mezcla con la timidez, con el escepticismo esquizotímico, lo que no hace más que garantizar el éxito de sus proyectos. Su sentido realista, su facultad ciclotímica para adaptarse al medio le han facilitado su obra. Pero él debe la constancia de su éxito al dualismo de sus inclinaciones: su manía de esquematizar, de sistematizar, su inflexibilidad esquizotímica en la persecución de un objetivo han contribuido a ello. Esta obra social lleva la doble marca que le ha puesto el hombre práctico, grandioso organizador, y el hombre de principio de una consecuencia inflexible.
Esquizotímico, San Vicente permanece enigmático; el fondo de su corazón esconde una dicha secreta) o una tumba, quizá florecida. La antítesis esquizotímica: yo-el mundo exterior, se acentúa en el santo. Un aislamiento autista contribuía, desde los comienzos, a crearle un mundo individual de ideas y de ocupaciones. El mundo no verá más que la superficie ciclotímica del señor Vicente, el humor, el entusiasmo: la alegría le hace iluminarse; se arriesga en la cordialidad. La pesadumbre lo encierra(64): los misterios de su interior no existen propiamente más que para su subconsciente de esquizitímico. En la superficie es absorbido por el medio de su tiempo, pero la zona individual es impenetrable. Este director de miles de almas, este amigo fiel de sus hijos, por más accesible que se creyó con los suyos, no tiene confidente. «…Poner su confianza en los hombres, ¿no es apartarse del camino de la Providencia…?», pregunta entre otras reflexiones. Sin dejar de amar el consuelo de poner su corazón junto a las llagas de Jesucristo, da la impresión de no tener ni al Padre como confidente: ante él no pierde jamás no sólo el santo respeto, ni tampoco el lenguaje educado, ni la elegancia en una época muy ceremoniosa: «Dios me perdone, si le place», «supliqué a Dios, que fuera de su agrado el…», etc.
Finalmente, el inventor de la elipse con dos polos: el pobre – el rico, es menos sociable de lo que pensaba, no haciendo, con su actividad, más que sublimar los problemas de su subconsciente.
10. El orador y el escritor. Como orador, Vicente traiciona su vivacidad meridional. Aunque discípulo disciplinado de los escolásticos, sistematizador riguroso, es de una psicomobilidad sugestionable, está fascinado por su sujeto. Más ciclotímico que nunca, entrega a su auditorio sus ideas y a él mismo.
El secretario de las conferencias del señor Vicente ha querido mostrarnos este orador ciclotímico en acción. Está hablando sobre la vocación de los sacerdotes: «Pero ¿quién será el que nos desvíe de estas buenas obras comenzadas?…Serán personas cómodas (decía esto poniendo sus manos bajo las axilas, remedando a los perezosos), personas que no tienen más que una pequeña periferia, que amojonan su visión y sus designios a cierta circunferencia donde se encierran como en un punto…como los caracoles en su concha. Nota –añade el secretario- diciendo esto, hacía una cierta inflexión de voz despreciable, de forma que esto expresaba mejor lo que quería decir que lo que decía».
Exclamaciones como «¡Oh, Dios!». –»¡Oh, Señor!», – «Oh, Divino Salvador!», etc., cuyo uso abusivo molestaría en otra circunstancia, alternando con : «¡Qué!» – «¡Qué escándalo!», etc.. El oyente es constantemente apostrofado: «¡Oh, hermano mío!», o bien se dirige a sí mismo: «¡Ah, pobre bestia!», etc. En ocasiones las lágrimas, los sollozos le sorprenden. Su auditorio está fascinado, tanto la gente sencilla como los grandes de su tiempo: «Si alguien habla, que sus palabras sean como las palabras de Dios», cita a Bossuet, entusiasmado, su San Pedro en lo referente a San Vicente.
Confesión de fe ciclotímica es el fragmente siguiente de uno de los coloquios de Vicente con las hermanas: «¡Oh, Dios mío! Sí, es necesario todo esto: inmensa comunicación de una con otra, decirse todo… Todos los días, en el recreo, ustedes pueden decir: «Hermana mía, ¿qué le ha pasado? Hoy me ha ocurrido tal cosa, ¿qué le parece? Esto produce una tan agradable conversación, que usted no lo creería». –Pero el estilo del empirista, del realista, del humorista, del narrador ingenuo, de popularizador ciclotímico, está al lado de la objetividad sistemática y del formalismo escolástico esquizotímico que encontramos en el señor Vicente(85). En una multitud de sus catas, ni una palabra de más; en la polémica, la concisión abstracta esquizotímica no sabría ir más lejos.
Prueba de la escritura de Vicente de Paúl; comparación con la de Luisa de Marillac.
En cuanto al testimonio de la escritura del señor Vicente, no analizaremos más que algunos rasgos, basándonos en las observaciones de Klages, fruto de su método científico. –La escritura flexible y popular del santo es la de un ciclotímico, siempre con cierta tensión esquizotímica.
Para apelar a un punto de comparación de nuestro interés, la escritura de Santa Luisa de Marillac lleva la marca esquizotímica. Ella misma da la perfecta definición de su carácter y del de su hijo. «…para actuar es necesario que nos sintamos presionados, sea por los asuntos necesarios, sea por nuestras inclinaciones, las cuales, por originalidad, nos hacen emprender hasta cosas bastante difíciles». Si Luisa de Marillac está hecha de una sola pieza, el señor Vicente, tan brillante, es más interesante.
La letra de Vicente, obstinadamente derecha, traiciona la individualidad acentuada de un hombre que ama la independencia. La escritura de Luisa se inclina a la derecha: señal de un menor grado de independencia, así como del poder de amar. Su letra monótona y poco rutinaria traiciona una vida concentrada de sentimiento, mientras que el señor Vicente sabe dar prueba de armonía interior. Pero el ritmo de su escritura está coartado por la voluntad, y la ausencia de fuertes prisas también es señal de esta facultad. Por añadidura , los dos denotan la letra esquinada de personal de voluntad. Los numerosos casos de ángulos dobles en el señor Vicente lo presentan como hombre firme: pero, visto el nivel bajo de la escritura, también cerrándose a los motivos de orden sentimental. La escritura de Luisa, de la que el señor Vicente alaba su firmeza, presenta ocasionalmente ángulos doble; pero su letra poco armoniosa es la de una mentalidad entorpecida cuyos sentimientos pueden dar motivo a una erupción. Por las guirnaldas que se entremezclan en la escritura, el señor Vicente quiebra muy a menudo su sistema de ángulos dobles, para mostrarse impresionable, capaz de abrirse a su medio. Luisa a menudo traza arcos, aunque poco acentuados –de una persona disciplinada o de una naturaleza aristocrática- virginal, se podría añadir, cuando se trata de una mujer. La palabra de una de las Hijas de la Caridad, como era Santa Luisa «en primer término dócil», no hace más que testimoniar esta disciplina que, además, le permitía por excepción «alguna pequeña viveza». –La forma de movimiento, en Luisa, es el de una persona serena, y en el señor Vicente, el de una persona bastante traviesa. La escritura de uno y otro lleva cierta marca de rapidez -por ejemplo, el rasgo de la «t», etc., avanzando- lo cual quiere significar actividad y, en Vicente, cuya letra se permite una irregularidad relativa, viveza de sentimiento: la prisa, las terminaciones alargadas, el ímpetu de las añadiduras, que presenta la letra de Vicente, atestigua también una vivacidad extraordinaria. La dirección de las líneas tiende en ella más bien hacia la expresión de una depresión ligera, en él hacia la euforia. Mientras que Luisa tiene la escritura grande de una persona con la energía activa (Tatendrang), el señor Vicente tiene la escritura pequeña de la concentración, de la exactitud, del sentido de la realidad, -pensemos aquí en su obra- y hasta de falta de entusiasmo. Los rasgos finos de Luisa contienen el testimonio de una razón abstracta; más amplios en el señor Vicente, testimonia una imaginación práctica. En cuanto a la formación de las letras, la acentuación de los trazos en las letras «d»,»f», e «y», etc., nos presenta un señor Vicente que posee el don creador de la forma, realizándose en sus proyectos prácticos(106). Lo más a menudo nos muestra, así como Luisa, -ella siendo pintora aficionada, él habiéndose hecho, en un momento de su juventud, narrador de aventuras- por la división poco acentuada de líneas y de palabras, una manera concreta de pensar, dando un cierto espacio a la imaginación. Las partes salientes de las letras se entrecruzan entre las líneas superiores e inferiores en la escritura de los dos; he ahí un síntoma que denota el toque patológico, lo decimos aquí: el de los complejos de asceta.






