El Señor Portal y los suyos (1855-1926) (30)

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CRÉDITOS
Autor: Régis Ladous · Traductor: Máximo Agustín, C.M.. · Año publicación original: 1985 · Fuente: Les Éditions du Cerf, Paris.
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Capítulo VIII: El medio de Ulm

Robert Garric y los Equipos sociales

Portal-AAlumno de la promoción de 1914, Robert Garric fue de los que aseguraron la continuidad del grupo durante la guerra. Encontró el camino de la calle Grenelle en enero de 1917, antes salir para el frente de los Vosgos. Desmovilizado, volvió a la Escuela como repetidor de francés (sus explicaciones de textos deslumbraban a sus camaradas). En 1921, fue admitido en la fundación Thiers, con un proyecto de tesis sobre Lacordaire. En 1924, entró en la Revue des jeunes; fue codirector, mientras daba lecciones y conferencias en establecimientos privados. A título de archicubo, continuó visitando la calle de Grenelle y la casa de Gentilly; piso a contribución la red de las amistades portalianas para sostener y extender su obra, empresa que recuerda por su dinamismo los hermosos años del Sillon: los Equipos sociales.

Los Equipos nacieron de la experiencia de las trincheras. Lugarteniente de artillería, Garric había organizado en su batería un círculo de estudios, había presentado a Ronsard, Corneille, Racine… a sus hombres. Le había impresionado el deseo de aprender de aquellos soldados de los que muchos no tenían el certificado de estudios. Espontáneamente, sus «bachilleres» habían provocado discusiones, intercambios de ideas en los que se había abolido la distancia entre el que había hecho estudios y los que no habían podido hacerlos. Garric lo llamó: la fraternidad del espíritu. Desmovilizado, quiso proseguir la experiencia, emprender «un trabajo de educación popular325», acabar con la segregación cultural entre los jóvenes obreros y estos jóvenes burgueses que eran los normalistas. Lo que faltaba era hallar una fórmula.

En abril de 1919, acompañado de dos camaradas suyos de la promoción de 1914, Pierre Fabre y Pierre Pégon, Garric vino a consultar a Portal que le enseñó un lugar donde comenzar con algo. En el marco de su ministerio ordinario, el lazarista iba semanalmente a la casa de las hermanas de San Vicente de Paúl de Reuilly, en el este parisiense, detrás de la estación de Lyon. Las hermanas llevaban un patronato. Una de ellas, sor Odile, buscaba estudiantes capaces de interesar a las jóvenes en lo que era por entonces in barrio popular; Portal la puso en comunicación con Garric. Pareció que la buena religiosa buscaba sobre todo un medio de apartar de los placeres peligrosos a los aprendices y a los jóvenes obreros a quienes la ley del 23 de abril de 1919 acababa de conceder distracciones. «Lo que preocupa ante todo a sor Odile, es la situación creada por la ley de ocho horas; ella teme ver a los jóvenes perder el tiempo, después de salir del taller326». El argumento había servido a todos los adversarios de la limitación legal del tiempo de trabajo. Qué importaba! El terreno pareció bueno, y los primeros «integrantes» (porque se trataba de «hacer equipo» con los jóvenes obreros) fundaron allí, a tientas y probando diversas fórmulas, el primer equipo social. El 19 de agosto, Garric escribe a Portal:

Antes de nuestra partida, hemos continuado yendo a Reuilly con gran regocijo. Es un ambiente tan interesante y tan vital, donde se está en comunicación muy directa con todos ellos, y donde ahora somos adoptados y admitidos definitivamente; ya hemos tenido ahí charlas de la tarde bien interesantes, que seden por otra parte desarrollarse en octubre – a medida que regresen los movilizados. Incluso hicimos juntos un paseo en grupo un domingo por la tarde a Port-Royal. No dejo de felicitarme por haberlos visto y os agradezco por habernos mostrado el camino. Creo que aprendemos mucho entre ellos.

Aprender con ellos: es ya la fórmula de base delos equipos, la instrucción mutua, la idea de intercambio, la certeza de que cada uno tiene algo que aportar.

En la apertura, el equipo de Reuilly (Garric, Fabre, Pégon y otras estudiantes llegados a unirse a ellos, normalistas o no, lo mismo que un núcleo estable de jóvenes obreros al que venían a agregarse, en cada reunión, efectivos flotantes) se alejó in `poco más del modelo «patronato» para adoptar el aspecto de una universidad popular. «En Reuilly, todo marcha siempre muy bien. Con Fabre, Pégon, las hermanas, y los hermanos328, fijamos el otro día un bonito programa de reuniones y de charlas, cuya selección se la hemos dejado a ellos329». Lo que obligaba a los estudiantes del equipo a documentarse sobre los temas de actualidad como Checoslovaquia o los yacimientos de petróleo. Al principio, el intento tuvo un talante netamente confesional; pero el aspecto catecismo de perseverancia desapareció rápidamente; si los estudiantes de los Equipos sociales fueron en su mayoría católicos, se aferraron, en un estilo muy portaliano, a una misión de testimonio, de servicio, sin ningún proselitismo. Simone de Beauvoir da cuenta de esto, ella que formó en el equipo y fue admiradora apasionada de Garric:

Garric era personalmente un católico convencido, pero no se proponía ningún apostolado religioso; había no creyentes entre sus colaboradores; pensaba que los hombres se deben ayuda mutua en el plano humano330.

Desde 1920, Garric debió organizar varios círculos por semana, conseguir colaboradores, lanzar nuevos equipos sociales. En el momento de la apertura de 1922, había 25 en París, 12 en provincias; y 50 sólo en París en 1923. En 1924 salió un boletín pedagógico para uso de los equipos, y diferentes movimientos especializados vinieron a injertarse en la obra central, tales como los equipos para refugiados, trabajadores extranjeros, minusválidos. Durante esta fase de formación, Garric solicitó con frecuencia la ayuda de Portal, «vuestra ayuda que constituye para nosotros inmediatamente todos los apoyos y todos los consejos deseables331». El 14 de la calle Grenelle se convirtió en una especie de encrucijada para ellos, de forma que el lazarista pasó –sin razón- por el director de la empresa. El 30 de enero de 1926, por ejemplo, el abate Lemire, diputado de Hazebrouck le pide jóvenes para que le ayuden a organizar el aniversario solemne de la fundación de la Liga del rincón de tierra y de los jardines obreros. «Tal vez esta colaboración se halle en vuestros equipos sociales». Vuestros equipos sociales! Pero si no eran de ninguna manera los equipos de Portal; si él sólo favoreció su nacimiento y ayudó su desarrollo, sin tomar nunca iniciativas ni influir en la adaptación de la fórmula. Y no concedió esta ayuda un poco distante sin reservas.

Hubo algunos Equipos como del Sillon: Portal siempre apreció su pedagogía, si bien le convencieron menos sus segundas intenciones políticas. Si la obra se desprendió pronto de sus bases confesionales, sus dirigentes fueron católicos sociales; el mariscal Liautey reconoció en ellos a los herederos de Albert de Mun (cuya biografía escribió Garric); cada año, Garric, Pégon o Fabre acudían a la Semaine sociale y se reintegraban en el proyecto de una ciudad cristiana. De 1920 a 1924, Garric colaboró en el Ame française, de la que fue incluso director, con su camarada de Escuela Jean Dagens. Este semanario fue fundado en 1917, por E. Rivière y el abate Saint-André para reunir a los «militantes católicos democráticos», entonces dispersos; bajo el impulso de R. Laurent, E. Pézet, Jean de Cognets, del Dr Besson luego de Garric y Degens, este periódico llegó a ser un centro de estudios y de contactos que preparó, con otros como el Petit Démocrate, la constitución en 1924 del Partido demócrata popular, último avatar de la democracia cristiana y uno de los precursores del M.P.R. Ni más que antes de la guerra, Portal no apreciaba lo que llamaba el catolicismo político, y se debió a su condición de «liberal» que mantuviera sus distancias.

Pero reaccionó como animador del grupo tala. Confió a Antoine Martel cómo, a su parecer, «la actividad social un tanto apresurada y exuberante» de «la generación de Garric y de los Equipos sociales»

Había «impedido un tanto […]el trabajo científico» y el «trabajo interior», estas dos prioridades del normalista católico332. Cada año recordaba a los miembros del grupo «la necesidad absoluta de la asistencia directa a los pobres». Cualquier otra actitud habría extrañado viniendo de parte del padre espiritual de la obra de Javel. Pero recomendaba también «no entregar a los cometidos puramente sociales la preponderancia sobre el estudio y la vida religiosa»: cada uno debe ser fiel a su deber de estado y a la misión particular que le asigna su profesión; el deber de estado de los normalistas es ser enseñantes competentes y sumisión propia dar testimonio del cristianismo en los medios intelectuales; eso es una prioridad, deben prepararse para ella antes que nada y no entregarse más que moderadamente a las obras exteriores que podrían apartarlos de ella. Y para él los Equipos sociales fueron como una especie de desviación.

Hace dos o tres años [escribe a Léon Husson en 1923] escribía yo a Garric y a Dagens que de nuestro grupo deberían salir uno o varios equipos de intelectuales que sirvieran a la Iglesia con sus trabajos. Religiosos en la Universidad y en el mundo, continuarían la tradición de las órdenes de antaño en la sociedad moderna. Aquí tenemos una urgencia, una necesidad que se impone. Como consecuencia llegarán las vocaciones, suscitadas por el Espíritu de Dios cuando llegue el momento […]. No necesito añadir que los Equipos sociales no responden exactamente a lo que yo deseo.

Marcel Légaut y su grupo

El periódico de Jacques Chevalier muestra que, desde 1908 al menos, Portal pensaba en una «orden» muy suave, que reuniera a intelectuales laicos (incluyendo a casados) en torno a algunos sacerdotes, con ocasión de retiros o de sesiones de estudios, con el fin de poner en común –y al servicio de la Iglesia- su vida cristiana y sus trabajos científicos. Esta comunidad serviría para aplicar, dentro del mundo universitario, el programa misionero adoptado en 1905 por la Sociedad de estudios religiosos. Con la constitución del grupo tala, Portal esperó hallar en la calle Ulm los elementos que le permitirían realizar el proyecto. La guerra, luego el compromiso social de la «generación de 1914», hicieron que no volviese a hablar de ello hasta 1920-1921; varios le demostraron su interés, desde Robert Chauvet (promoción de 1918) que le escribe en 1921: «Vuestra idea de agrupar a los trabajadores intelectuales en una especie de orden religiosa, en retiros, me parece excelente», hasta Jean Guitton, que apunta en su diario, el 15 de setiembre de 1925.

Se comprende bien que los tiempos nuevos piden una orden nueva, como en otro tiempo los benedictinos o los jesuitas. Pero antes el espíritu de esta orden que la letra.

Nada concreto se organizó hasta el regreso de Marcel Légaut a la Escuela normal, en 1923. Admitido a las oposiciones de 1919, volvió después del servicio militar como agregado preparador: una especie de asistente que redacta su tesis. Este puesto le daba derecho a una habitación en la calle Ulm. Y así estuvo cerca de Portal.

Durante tres años, tuve con él conversaciones muy sinceras, de largo alcance, pero que iban mucho más lejos de lo que yo podía imaginar. Mucho de lo que me dijo sólo lo comprendí más tarde, cuando me venía a la memoria, traído por los acontecimientos o por una reflexión íntima […]. Me hablaba a menudo de sí mismo, como un antiguo que está cercano a su fin y se abre a un joven a quien cree capaz de seguir el camino que fue el suyo y de prolongarlo.

A partir de esta época, sin embargo, retuvo Marcel Légaut tres ideas portalianas. En primer lugar que un intelectual católico debe servir a la Iglesia, llevarla y soportarla, frente a y contra todo; luego que no se podía servir a la Iglesia, al menos mientras se era normalista, sin profundizar espiritualmente y sin integridad intelectual. Portal le persuadió de que «la vida espiritual de las generaciones entrantes se degradaba poco a poco en actividades políticas y sociales. Además ninguna de las cuestiones que habían sido planteadas por la crisis modernista se habían resuelto. Estas cuestiones no pasarán más que las palabras de Jesús336». Tercera idea: el trabajo que realizar será más eficaz cuando sea laobra de una comunidad.

Marcel Légaut comenzó entonces por reunir en su habitación de la calle de Ulm al primero de estos grupos al que iba a dirigir toda su vida, en Saint-Cloud, en Corbières, en Chadefaud, en Scourdois, en las montañas del Diois, etc. Grupo único, más bien bajo formas diversas, abierto primeramente a los ulmianos, luego a los alumnos de Saint-Cloud, luego a los maestros, a los estudiantes, a los cristianos de todo origen; y, en todo caso, una continuación importante de la experiencia y de la enseñanza del Señor Portal. Marcel Légaut estima a la vez desafortunado y afortunado no haberle conocido de manera íntima más que tres años, de 1923 a 1926; afortunado, tal vez, ya que no pude apoyarme en él, sino solamente oír la llamada que fue para mí su vida […]. Me hablaba de él como a alguien que puede entender o mejor que pudiera entender… Tal vez después. Quién sabe? Una palabra viva es fecunda para la eternidad. Transportada por el tiempo, visita a uno luego a otro, sin detener nunca su carrera….

En un principio, en 1923-1924, Marcel Légaut imprimió a su obra un carácter monástico y muy litúrgico, que no debía gran cosa a la influencia portaliana.

Yo era por entonces muy «monje», llevado por la llamada que había oído a la edad de quince años […]. Por eso fue que a las cinco o las seis, nos reuníamos cada día en mi cuarto en la Escuela. Recitábamos prima por la mañana, vísperas a mediodía, completas por la tarde, y por supuesto en latín. Acudíamos a misa por la mañana y al saludo al Santísimo Sacramento por la tarde en la capillita de las hermanas al otro lado de la calle Ulm.

A Portal no le interesaba evidentemente gran cosa de este programa, que no correspondía a la idea que se hacía de la oración. Él inspiró, en cambio, el doble estudio propuesto por el grupo, el espiritual «esencialmente centrado en la comprensión íntima de Jesús, de lo que sus discípulos vivieron a su lado», y el estudio intelectual, el descubrimiento de los orígenes y de la historia de la Iglesia.

Durante la semana, teníamos una sesión de meditación sobre el Evangelio y una sesión de estudios religiosos sobre los libros de Duchesne y de Batiffol sobre los orígenes de la iglesia o sobre la Histoire littéraire du sentiment religieux en France de Bremond.

Estas actividades no se diferenciaban gran cosa de las del grupo tala, al que pertenecían Légaut y sus compañeros. Ellos prolongaban y profundizaban lo que se hacía en Gentilly y en la calle Grenelle; además se solían reunir con Portal, el viernes por la tarde, para la puesta a punto. Y fue por consejo de Portal como admitieron en su comunidad a no-normalistas. Desde antes de 1914, Portal había recibido a alumnos que se preparaban a la Escuela; en 1919, había constituido en el seno del grupo una «oficina» encargada de contactar y hacer llegar a maestros de la enseñanza pública y a alumnos de las escuelas normales de departamento; luego había entrado en relación con la escuela normal superior de Saint-Cloud; cinco de ésta asistieron al retiro de octubre de 1925, siete al de febrero de 1926. Con el paso de los años, el grupo tala resultaba cada vez menos excluyente. La comunidad de Légaut siguió el movimiento. En 1924, demarró con algunos ulmianos, Émile Bonnard, Paul Dubreil, Jacques Perret, Pierre Chouard, Roger Pons, de las promociones de 1921 a 1924. Más tarde recibió a Antoine Martel, que no era normalista, y a alumnos de Saint-Cloud, entre los cuales a Gabriel Rosset.

Yo había llegado a esta escuela en octubre de 1925, un recién llegado un tanto al margen, siendo externo, cuando un de los antiguos me invitó a una meditación de Evangelio. Lejos andaba de pensar que el propósito de mis camaradas era iluminar a extraviados como yo y entusiasmarse hacia la santidad.. La cabeza del grupo era Marcel Légaut, que era «archicubo» en la calle Ulm cuando entre en Saint-Cloud. Llevaba la meditación como alguien que quería entender el texto para vivir de él. Había, en este joven matemático, dirigido por el Señor Portal, un conocimiento vivido, íntimo de Jesucristo y de su Iglesia que nos parecía extraordinario. Intervenían también Jacques Perret, Antoine Martel, Dubreil, Chapelle, Domer y algunos otros. Era como un concierto de almas, cortado por silencios de adoración.

En agosto de 1925, la comunidad de Légaut celebró su primer retiro de verano, en el colegio de la Villette, en la Révoire, cerca de Chambéry, bajo la dirección de Portal, que bajó de Corbières muy cerca de allí. Siete tala durante una semana. El mismo lugar, la misma fecha el año siguiente. Pero entonces Portal ya había muerto, «tuvimos que repetir sin él este encuentro del que los escasos supervivientes conservan seguramente aún un recuerdo muy particular». Nombrado en 1926 en la facultad de Rennes, Marcel Légaut alquiló en el mes de octubre un apartamento de seis piezas, en el 11 de la calle Geoffroy-Saint-Hilaire, encima de una cuadra para los caballos accidentados. En él se establecieron, con Légaut, Antoine Martel, Paul Dubreil, Jacques Perret. Camaradas de la Escuela normal superior de Saint-Cloud venían a pasar con nosotros sus domingos. Otros jóvenes que cumplían el servicio militar en París habitaban también allí el sábado342″. En 1927, Légaut escribió a Jean Prat cómo había reunido allí «buena cantidad de recuerdos del Padre [Portal]. Él preside nuestras reuniones y estoy seguro de que como antes, sin dirigirlas, las inspira y fecunda con sus oraciones343». De 1927 a 1930, los retiros de verano de la comunidad –cada vez más frecuentados por los maestros- se celebraron en Corbières, más exactamente junto al orfanato de Corbières, en la villa Saint-Vincent prestada por Mme Gallice.

Convergencias

Los Equipos sociales, el grupo Légaut que, también, floreció durante unos cincuenta años y dio origen a lo que se llamó más tarde comunidades de base: dos creaciones duraderas, dos ejemplos contrastados de la fecundidad normalista de los años 1920; dos obras muy diferentes pero cuyo antagonismo no convendría exagerar, sobre todo en este periodo de formación en el que eran fluidas e intercambiaban su personal: así fue como Antoine Martel, que fue uno de los compañeros más cercanos de Légaut, animó a partir de 1925 un equipo social para los emigrados rusos. El grupo Légaut no pretendía apartar a sus miembros de la acción y segregarlos del mundo, sino prepararlos para ser testigos del cristianismo en el mundo y en su vida profesional. En 1924, Portal dirigió una carta muy significativa a su sobrino Marcel Cambon; en ella se lamentaba «de que Garric se hubiera adelantado con la acción tres años344». En el fondo, lo ideal según Portal habría sido que Garric siguiera algunos años una formación espiritual e intelectual de tipo Légaut, luego se dedicara a lo social, pero un social depurado de sus tentaciones políticas e intransigentes (por política entendemos catolicismo político, política confesional, pues nunca había desanimado Portal a nadie de comprometerse políticamente).

Más allá de sus divergencias, los Equipos como el grupo Légaut se parecen por lo que tienen de Portal: el rechazo del proselitismo a favor del testimonio; el rechazo del elitismo ulmiano o incluso universitario (hijo de un zapatero de las Cévennes y miembro de una congregación de raíces populares, Portal nunca quiso trabajar para los happy few y nunca tuvo a los normalistas por una raza elegida para desarrollar en retiro); por fin y sobre todo la importancia del papel de los laicos, de la iniciativa seglar. Los Equipos como el grupo Légaut nunca tuvieron capellán ni director espiritual ni «sacerdote director de obras» –ese tipo tan difundido en el clero de entonces. A imagen del grupo tala, los del equipo y los «monjes» de Légaut y sus amigos de Saint-Cloud, maestros, alumnos de magisterio, etc., no se integraron en el aparato de la Acción católica; no tuvieron otros guías, otros directores y si es lícito decirlo, otros capellanes que a sí mismos. No sólo les reconoció Portal sin reserva este magisterio de sí mismos a sí mismos, sino que les dijo con toda claridad que no se sometieran a la dirección del clero. No había perdido este sentido del laicado –y ni siquiera de la protesta laica contra el peso del magisterio y del aparato eclesiástico- que se había confirmado en tiempos del Cherche-Midi.

Estaba persuadido[…] de que la parte de los laicos en la obra de Cristo es, en nuestra época, esencial […]. Nunca le oí hacer la menor alusión a una vocación religiosa o eclesiástica posible para uno de nosotros. Hasta tal punto que, cuando fui a confesarle el deseo de entrar en el seminario, o estaba nada seguro de que le agradaba, y me quedaba esperando objeciones.

Marcel Légaut atestigua en este mismo sentido:

También, en el momento en que yo quería ser sacerdote, me dijo: sobre todo, no hay que ser sacerdote porque haya falta de sacerdotes346.

Como en Cherche-Midi, como en Javel, Portal no insistía en el papel de los laicos por razones simplemente políticas. Naturalmente que hay lugares y circunstancias en los que un laico se hace escuchar con más facilidad que un sacerdote, era sin duda el caso de la Universidad francesa hacia 1925. Pero más allá de consideraciones tácticas, era la idea misma de la Iglesia la que estaba en juego.

Quería persuadirnos de que todos los cristianos tienen su responsabilidad en la Iglesia. Nos ponía en guardia contra los abusos de los términos de Iglesia enseñante y de Iglesia enseñada que tendería a dejar creer a los laicos que no tienen el deber estricto de cooperar en la obra común, lo mismo que por su parte y en su lugar colaboran en la ofrenda del Sacrificio, que comulgan en la misma víctima y participan de la misma vida sobrenatural.

A todos los estudiantes que frecuentaban la calle Grenelle, Portal les recordaba que pertenecían a una nación santa, a un pueblo conquistado, a un sacerdocio real, por el mero hecho de su bautismo. Tenía al grupo tala y a las comunidades que salieron de él por «miniaturas de Iglesia», por ecclesiolae, a ejemplo de las escuelas, de los talleres, de las familias de la comunidad de Nepluyef. «Estaba profundamente convencido de las palabras: allí donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, estoy yo en medio de ellos348». No por ello prohibió a los tala invitar a la calle Grenelle a muchos sacerdotes, al contrario: vinieron en mayor número que los conferenciantes laicos. Pero el número mismo y su extrema diversidad preservaron la autonomía del grupo y no le dejaron convertirse en el anejo o el feudo de una orden religiosa, de un movimiento de Acción católica, de una parroquia o ni siquiera de la diócesis de París: en Gentilly, el arzobispo fue recibido con atenciones, ni más ni menos que Vicente Lebbe, Henri Breuil y cualquier otro miembro de la red de los años 1920.

La red de los años veinte

Portal era fiel en la amistad, y se conocen pocos que hayan roto con él. Si se exceptúa a archicubos como Garric, Palanque, Avril, Festugière…, la mayoría de quienes apreciaron las jornadas de Gentilly o las noches de la calla Grenelle entre 1919 y 1926 conocían a Portal antes de 1914: Imbart de la Tour, Goyau, Baruzi, René Pinon, Victor Giraud, Tavernier, Calvet, Brunhes, Batiffol, Hemmer, Montmorand, Henri Breuil, Jacques Zeiler, Mangenot, Humbert, Vincent Lebbe, Bottinelli, Barge… A esta categoría de amigos probados y de relaciones antiguas pertenecen los lazaristas, profesores de seminarios mayores, a los que Portal llamaba cada vez con más frecuencia a predicar los retiros del grupo tala: los Señores Castel, Mott, Neveu y Bogaert dieran a sus conferencias esa sencillez que, según Portal, era la señal de los hijos de san Vicente y no podía dejar de causar el mayor bien –a título de antídoto- a los muy gloriosos tala de la calle de Ulm.

Para asegurar una salida a los artículos a sus normalistas, pudo contar con dos publicaciones que existían antes de 1914. En las Lettres, fundadas en 1913 por Gaétan Bernoville («la más renombrada de todas las revistas de la joven generación francesa», según Georges Sorel), encontró a Jacques Chevalier, Maurice Legendre, Jean Calvet y Georges Goyau, junto a Henri Bremond, Gaston Tessier, Maurice Vaussard y Louis Martin-Chauffeur. A partir de 1924, Portal orientó a los tala hacia la Revue des jeunes, primero porque Garric estaba de codirector, sobre todo porque Bernoville se había puesto a apoyar con demasiado entusiasmo en verdad al general de Castelnau y a la Federación nacional católica. La Revue des jeunes había sido lanzada en 1909 (bajo el título Revue de la jeunesse) por el dominico Etienne Barge, uno de los que ayudaron a Portal a llevar el grupo tala momentos antes de la guerra. Barge supo dar lucimiento a su revista procurándose la colaboración de Claudel, Mauriac, Massis, Francis Jammes…; como lo escribe Pierre Mesnard a Jean Prat en 1927, el prestigio de Portal no le debía poco a los esfuerzos que desplegaba por colocar la «copia» de los tala junto a formas de renombre.

Todas las relaciones que tuve en París, fue él quien me las procuró, quien me abrió la Revue des jeunes, Les Lettres, etc. Por cosas así se lo quería tanto. Sólo tenía una idea, hacernos dar el máximum, y a los jóvenes les gusta mucho eso.

Entre los sacerdotes que tuvieron que ver con el grupo tala antes de agosto de 1914 y que continuaron animándole después de la guerra, se destacan tres nombres. El Señor Mangenot, «el buen Señor Mangenot», multiplicó hasta su muerte las conferencias de exégesis. Una sobre ella, dedicada a la cronología bíblica, quedó –sin saber por qué- como legendaria en la memoria normalista, con su estribillo: «No existe cronología bíblica». El Señor Mangenot fue relevado por otro profesor del Instituto católico, el abate Labauche, que vivía también en el 14 de la calle Grenelle y no tenía parangón en descubrir a los tala la complejidad de los manuscritos de los que había salido la Vulgata. Segunda figura legendaria, la del abate Bottinelli, el filósofo ordinario del grupo, con la aureola de haber predicado el último retiro antes de la guerra y el primero después. Esta encarnación de la continuidad tala era capellán en Janson-de-Sailly. El cargo no le había hecho sentar la cabeza; vividor, potente, más interesante en la conversación que en sus conferencias, su anti-tomismo apasionado bastaba a «marcar» la calle Grenelle y a mantener a distancia a las figuras notables de la renovación escolástica. Pero ni Mangenot ni Bottinelli tenían el prestigio y la presencia de un lazarista belga a quien algunos consideraban como un profeta, otros como un iluminado, y Portal como uno de los sacerdotes más notables de su tiempo: Vicente Lebbe. Había regresado a Francia en 1920, después de diecinueve años de China, por consejo de su obispo, Mons de Guébriant, y «por el bien de la paz». Y es que trabajaba con alguna rudeza en la realización de su gran idea, la de su vida: el advenimiento de un clero chino que limpiaría al cristianismo de su colorido occidental y colonialista. Se quedó en Europa durante siete años, recorriendo seis o siete países para mantener el contacto con los estudiantes chinos, y asistió, en 1926, a la coronación de su obra: la consagración en Roma de los seis primeros obispos chinos. Portal le invitaba con mucho gusto a Gentilly y le confió la dirección de dos retiros, en 1924 y 1925.

Entre los «nuevos» de quienes solicitó o admitió Portal la colaboración, estuvo el abate Beaussart, párroco de Saint-Jacques-du-Haut-Pas, la parroquia de la Escuela normal, a quien se puede considerar como el teólogo ordinario del grupo. Aceptó la tarea temible de explicar a los tala el Credo, la Iglesia, los sacramentos, la Revelación, la Gracia. Después de la muerte de Portal, recibió la sucesión y acogió por algún tiempo al grupo en un salón parroquial de Saint-Jacques. Fue posteriormente auxiliar del arzobispo de París. Otro nuevo muy apreciado de los normalistas, porque los introducía en un dominio que afectaba de cerca de su vida profesional: el abate Gustave Jeanjean, profesor de sicología pedagógica en el Instituto católico y animador de un laboratorio para el estudio de los niños deficientes mentales. Por entonces, se tuvo por muy curioso e innovador que se hablara de pedagogía a los normalistas. Pero ninguno produjo tanta impresión en los tala como un sacerdote «grave» e «incisivo», que tenía a la vez «entusiasmo y mesura», un «gentilhombre religioso» de «paso vivo de corredor de pista350»: el reverendo padre Pierre Teilhard de Chardin, de la Compañía de Jesús.

El fenómeno Teilhard

De 1920 a 1926, Teilhard de Chardin es profesor de geología en el Instituto católico de París. Se encuentra con el grupo tala en 1922, parte para China en abril de 1923, regresa a Francia en octubre de 1924 y se encuentra entonces de camino a Gentilly y a la calle Grenelle, hasta que marcha al destierro, en abril de 1926. Antes de 1924, no cayó en ninguna crisis grave directamente. Su evolucionismo y su experiencia espiritual le valen algunas desconfianzas, inquietan a algunos confidentes, sin más. Pero en noviembre de 1924 se abre una primera crisis, cuando su provincial, el padre Costa de Beauregard, le convoca urgentemente en Lyon. Dos años antes, Teilhard ha redactado, a petición de un cohermano, una nota indicando tres direcciones posibles en la investigación de una representación del pecado original. Provocación o error de recorrido: la nota llega a Roma; los censores se alarman y piden al Teilhard que prometa por escrito no decir nunca o escribir cosa alguna que esté contra la posición tradicional de la Iglesia sobre el pecado original. A pesar de los esfuerzos de Mons Baudrillart y de sus superiores inmediatos, el rigor romano no se aplaca y el jesuita debe suscribir seis proposiciones; después de lo cual recibe la orden de partir otra vez para China. Nunca volverá a enseñar en el Instituto católico. Los años 1925-1926, en los que Teilhard sigue de cerca las actividades del grupo tala, están pues marcados por un asunto que le angustia profundamente. «Interiormente, es algo que se parece a la agonía o a la tempestad», escribe el 16 de mayo de 1925 al padre Valensin.

Teilhard y Portal tenían en común por lo menos cuatro amigos o conocidos: el padre Valensin, Édouard Le Roy (que sucede a Bergson en el Colegio de Francia en 1921), Henri Breuil, entonces profesor en el Instituto de paleontología humana de París, y sobre todo el abate Gaudefroy. Cuando en junio de 1908 Portal fue echado del seminario San Vicente de Paúl, Gaudefroy preparaba un licenciado en filosofía en el Instituto católico y vivía en el 14 de la calle Grenelle. Decidió quedarse y vivía, doce años más tarde, cuando el abate Breuil le presentó a Teilhard. Después de suspender los exámenes de filosofía, en noviembre de 1908,Gaudefroy atravesó un periodo de desánimo y habló de refugiarse en un vicariato de campo. Portal le aconsejó cambiarse a ciencias, aprobar la licencia, preparar un doctorado. Se decidió, y le fue bien, ya que en 1919 sucedió en la cátedra de geología del Instituto católico a Pierre Boussac, yerno de Pierre Termier. Al año siguiente, cuando volvió a ver a Teilhard, comenzó por declararle, como buen portaliano, que no le gustaban los jesuitas; desarmó rápidamente, pidió a Baudrillart que su cátedra se desdoblara y propuso la candidatura de Teilhard, que fue concedida. La primera vez que el jesuita fue la calle Grenelle se encontró allí a un colega que era también un amigo.

Teilhard participó en las actividades del grupo tala en todas sus formas: conferencias los lunes, jornadas en Gentilly, retiros. En carta a Valensin, el 14 de marzo de 1922, evoca las conferencias sobre la Encarnación que da a los normalistas, a petición de Portal. En diciembre del mismo año, informa a Valensin que va a «hablar a los normalistas del Señor Portal. Pienso hacerlo sobre el aspecto panteísta del cristianismo(este no será el título explícito naturalmente)». No fue de ninguna forma el título explícito, en efecto. El Bulletin des conférences tala del 1º de marzo de 1923 anuncia que «el Señor abate Teilhard nos ha hablado del panteísmo y de su utilización para la defensa de la doctrina católica». Después de su primer intermedio chino, Teilhard regresó bien equipado, el 17 de noviembre de 1924 con una conferencia sobre el «deber de la investigación como hombre y como cristiano» y, el 7 de diciembre, la participación en una jornada en Gentilly consagrada a las misiones, durante la cual Portal le enfrentó a Georges Goyau y a Vicente Lebbe. Al parecer la memorable conferencia sobre Les Nourritures terrestres de André Gide debe colocarse también al final de 1924.

Gabriel Germain, cuyos recuerdos no son gratos, dejó una descripción típica de la «manera» teilhardiana.

[Germain entró en la Escuela en octubre de 1923; Teilhard estaba en China], que se llamaba Teilhard de Chardin y tomaba todos sus jugueteos de la paleontología. Un tal género de monstruo no nos asustaba: todos nosotros éramos unos monstruos en ciernes.

Y cada uno se preguntaba: este jesuita que se aventuraba entre ellos pertenecía a la categoría de los intrépidos o a la de los inocentes?

El padre Teilhard se puso a hablar con naturalidad, y pronto vimos que se contaba entre los intrépidos, no los inocentes. Desde mi sitio, en un extremo de la mesa, cerca de la entrada, veía de perfil su larga y majestuosa figura. Al hablar, mantenía los ojos medio cerrados, costumbre eclesiástica que no me gusta en otros, pero que sentaba bien esta vez con el tono meditativo de la charla. Sus palabras se dirigían a sí mismo antes de llegarnos a nosotros; la fuerza de su manantial nacía de esta presión en las capas profundas del ser.

Aquella tarde no hubo risitas en los rincones sombríos, como sucedía a veces al menor ridículo del orador…

En marzo de 1925, Teilhard dirigió el retiro de los tala y escogió como asunto «la necesidad de unir vida de ciencia y vida de fe». En una carta a Valensin del 10 de enero de 1926, evoca «otras conferencias a los grupos Portal en particular […] sobre cuestiones de actitud religiosa frente a la vida». Por fin predicó el último retiro normalista que tuvo lugar viviendo Portal, en febrero de 1926, y estuvo en contacto con los tala o el grupo Légaut hasta la guerra, en la medida en que sus viajes se lo permitían. Las cualidades humanas y espirituales de Teilhard bastan sin duda para explicar por qué acudió Portal, durante cuatro años, a su buena voluntad: su «presencia» apasionaba a la audiencia, aun cuando no expresaba sus ideas particulares sobre Cristo o la evolución. Henri de Lubac advierte que la conferencia de enero de 1923 sobre el panteísmo contiene una «vía» hacia Dios que no participa en nada de las ideas de Teilhard sobre la evolución ni de sus particularidades de lenguaje: Dios es el principio regulador y unificador de las percepciones individuales, armoniza las mentes en su percepción de lo real y autoriza así la comunicación de las experiencias. Nada personal ni nuevo en todo ello; y sin embargo el padre Albert Valensin, que unos días más tarde llegó a París a ver a unos normalistas, antiguos de Lyon, dijo la impresión profunda que produjo la conferencia y el sentimiento que tuvieron los oyentes por haber descubierto a un hombre excepcional.

Fue su rigor lo que sedujo primero a los tala: fue como el modelo vivo del intelectual cristiano tal como le quería Portal.

De hecho [atestigua Marcel Légaut] a pesar del cuidado del Señor Portal en escoger a sus conferenciantes eclesiásticos entre los más íntegros, nuestras mentes bastante afinadas habían descubierto, en cada ocasión que se presentaba, la huida ante la objeción por la sonrisa o el chiste, la ausencia de interés personal por la aclaración rigurosa de las cuestiones tratadas, la preocupación por enseñar antes que estudiar –de resolver las dificultades de los otros antes que las propias -,dejando éstas a un lado por las ocupaciones del apostolado. Con el padre Teilhard era al revés. Era él quien descubría nuestras timideces de creyentes flojos, nuestras cobardías intelectuales, nuestra búsqueda inconsciente y muy perseverante de seguridad y de tranquilidad; a fin de cuentas la puerilidad de nuestra fe, y, aunque oculta, la duplicidad maligna de nuestra vida espiritual.

Fue de este modo como Teilhard coincidía con la preocupación esencial de Portal: dar a los tala el sentido de la integridad, enseñarles a pasar por encima de la simple coexistencia entre la fidelidad religiosa y la búsqueda científica, mostrarles su unidad, unidad posible, vivida, única digna de un universitario que se dice cristiano.

Lo hacía con tal fe; lo afirmaba tan a las claras con su propia vida, que no tardó en convencernos. Nuestra tarea humana de estudioso, con todo su ardor nuevo, debía ajustarse a nuestra piedad de jóvenes cristianos salidos de los catecismos de perseverancia para fundar en nosotros la cohesión interior, la unidad espiritual, base de toda madurez y de toda vida plena.

La influencia de Teilhard en los tala, como se puede ver, fue independiente del contenido de su pensamiento. Evocando su primer encuentro, Légaut escribe de forma significativa: «La conferencia del padre Teilhard, de cuyo asunto no me acuerdo ya exactamente, fue para nosotros la confirmación vibrante del ideal entrevisto355», el ideal de integridad, de unidad interior propuesto por Portal, lo que era pues posible de alcanzar y de vivir llevando una carrera científica de alto nivel. Pero más allá de este ejemplo, de esto vivido, Teilhard planteaba explícitamente, con una fuerza sin precedentes, el problema que Portal vivía desde hacía unos veinte años siguiendo a Le Roy y a Laberthonnière: el problema de las relaciones entre un mundo secularizado, convertido en una «religión de la tierra», y un cristianismo que se afianzaba no intransigente, no ideológico, sin por ello dejar de ser una «religión del cielo» y de la transcendencia. Portal fue toda su vida el sacerdote de una religión vertical; porque no se sintió nunca tentado a negar la transcendencia fue impermeable al modernismo propiamente dicho. Al mismo tiempo se apartaba de todo proyecto de ciudad cristiana; se apartaba de todo intento de encarnar la «religión del cielo» en un proyecto científico, social o político. Rechazó la ideología del catolicismo intransigente para no quedarse más que con la fe en Cristo –y los dogmas que la precisan y la hacen comunicable. Pero siendo el mundo secularizado reconocido y aceptado como tal, ¿cuáles podían y debían ser en él el lugar y el papel de la fe? Con Teilhard, Portal encontró a un sacerdote que había colocado esta cuestión en el centro de sus investigación.

En una introducción a una colección que comienza con seis ensayos redactados por Teilhard entre1919 y 1926, N. M. Wildiers muestra que el problema central de la teología teilhardiana es el de [la secularización definida como] el proceso histórico y sociológico […] que se caracteriza por una liberación progresiva, en la actividad científica y política del hombre, de toda injerencia de la teología y de la metafísica.

Teilhard admite esta liberación, sin oponerle un proyecto de reconquista de tipo intransigente. Estando la secularización reconocida y admitida, ¿cómo definir su relación con la fe? Si no se puede tratar ya, como lo afirma desde 1905 el manifiesto de la Sociedad de estudios religiosos, más que de la animación cristiana de un mundo secularizado, ¿qué sentido dar a esta animación? Y, por lo que hace al caso preciso de los profesores y sabios cristianos, salidos de la Escuela normal y de la Universidad, ¿qué sentido dar a su esfuerzo por unificar la afirmación cristiana y la tarea humana sometida a una racionalidad de tipo experimental?

Según Teilhard – y expresa esta tesis antes de 1926, en sus conferencias, sus conversaciones, su correspondencia -, el hombre trabaja en un mundo en construcción. Su actividad continúa la obra de la evolución biológica y la conduce a su término. Pues bien, en una perspectiva paulina, el universo está orgánicamente ligado a Cristo, todo ha sido creado para él, y en él es donde encuentra su término. Así puede Teilhard exaltar la dignidad cristiana del trabajo humano aun en el caso de que éste se halle separado de toda perspectiva religiosa y de toda referencia explícita a la fe de la Iglesia. Todo plan que desarrolla y perfecciona al hombre es movimiento hacia Cristo. Eso lo comprendieron y lo retuvieron los normalistas de los años 1920. Comprendieron cómo, para Teilhard, «todo el esfuerzo humano es asunción en el Cristo universal357». «Oímos decir al padre Teilhard de Chardin, se acuerda Jacques Perret, en aquellos turbadores retiros en los que verdaderamente la Tierra entera se volvía a convertir a nuestros ojos en la creación, don del primer amor, bien centrada en Cristo, prometida en la consumación definitiva de la parusía358». Al regreso de retiro predicado por Teilhard en febrero de 1926, Jean Guitton apunta en su diario: «El padre Teilhard ha tomado como centro de sus observaciones la idea que el cristianismo orienta todas las cosas sin destruirlas, ni siquiera cambiarlas359». Este fue también el tema central de la conferencia sobre Gide, que Teilhard concluyó así:

Hay que ensanchar el cristianismo hasta las dimensiones del universo tal como le presenta la ciencia.

El hecho de la evolución permite de esta manera fundamentar una perspectiva en la que el cristianismo tiene vocación de orientarlo todo, de animarlo todo, incluso la «religión de la tierra». Se puede entonces preguntar si no es posible tener a Portal como el testigo de una generación que presintió de forma confusa esta solución antes que Teilhard llegara a formularla. Esta pregunta es legítima si se ven tres constantes de la vida intelectual y espiritual de Portal.

Su religión centrada en Cristo, un Cristo que viene menos rescatar que a dar cumplimiento, orientar, organizar: la Encarnación no es tan sólo una consecuencia de la Caída.

Algunos teólogos dicen que, aunque el hombre no hubiera pecado, el Hijo de Dios se habría encarnado para dar al mundo su coronación y establecer una cadena continua entre la humanidad y la divinidad […]. Si Adán no hubiera pecado, Cristo habría venido de todas maneras a la tierra. Parece que faltaría algo si Cristo no se hubiera encarnado.

La manera como valora el esfuerzo humano, el ideal humano, aun cuando se robustece sin referencia alguna explícita al cristianismo.

En el fondo hemos perdido el ideal humano con el pretexto de alcanzar un ideal sobrenatural, olvidando que lo humano es la capacidad de lo divino, que cuanto más humano de desarrolle más lugar habrá para lo divino, olvidando asimismo que el ideal humano es grande y hermoso por sí mismo.

El interés que concede a la evolución, y en particular a la emergencia del hombre, interés cuyos rastros se hallan en sus apuntes de juventud y sus conversaciones con Tavernier en 1895-1896, interés que le lleva a mandar venir al abate Breuil a la calle Grenelle a partir de 1912-1914, luego después de 1918, para que explique a los tala por dónde anda la paleontología humana («Adán, se multiplica!»: la respuesta del abate Breuil emocionó a varias generaciones de normalistas), interés por fin que le hace confiar a varios tala sus temores «de ver a los nuevos papas dejarse llevar a condenar la evolución y a renovar la historia de Galilea».

Estos elementos permiten sugerir que la afinidad de Teilhard y de Portal iba más allá de una pasión común por la integridad y la unidad interior. Y más aún por el concepto teilhardiano de un cristianismo cuya vocación es de asumirlo todo, animarlo todo sin destruir nada, desemboca en perspectivas misioneras que interesaron a Portal y le impulsaron a organizar esta jornada en Gentilly ya famosa en la memoria normalista, en el curso de la cual Vincent Lebbe y Teilhard confrontaron sus experiencias chinas. El 15 de agosto de 1923, Teilhard escribía al abate Gaudefroy:

Sigo con la impresión de que los misioneros llegan aquí demasiado con la idea que toda religión pagana es un árbol malo que hay que desarraigar y quemar: entonces en los países en que trabajan hacen que brote una religión «artificial» que no tiene su tronco natural. Me parece que se podría tratar de transformar no sólo los ritos, sino el credo y sobre todo las místicas en lugar de volver a comenzarlo todo.

Portal, como se ha visto, compartía la idea de que los misioneros no debían llevar consigo la civilización cristiana, sus obras y sus pompas, sino una fe capaz de orientar y animar el aparato cultural local, sin amputarlo ni empequeñecerlo, sino una fe que permita » a «la luz blanca de Cristo» descomponerse «libremente en el clima humano».

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