Renunciar externamente a los bienes, conservando el deseo de tenerlos, es no hacer nada, es burlarse y quedarse con lo mejor. (SvdeP)
Los cristianos celebramos hoy el domingo de ramos, con el que abrimos solemnemente la semana santa. Este domingo resume los acontecimientos pascuales en cuanto anticipa la pasión, la muerte y la resurrección del Señor. La muerte de Jesús como toda muerte, es innecesaria; no entendemos una muerte por más explicaciones que nos den. Hoy comienza la historia de un drama: la opción entre la verdad que libera y la verdad que manipula; somos maestros en hacer de la Ley de Dios nuestra ley, en señalar antes que comprender; pero al final brillará la verdad. Dios nunca abandona a los suyos, Él estaba siempre con Jesús, su Hijo amado.
El texto de Isaías, corresponde a lo que se ha llamado, el segundo cántico del Siervo de Yahvé. Resalta la elección del siervo para anunciar la palabra del Señor y la total obediencia a Dios, aunque tenga qué pasar por el sufrimiento. El anuncio de verdaderas y buenas noticias siempre fastidiará a quienes se empeñan en sus falsas seguridades y se resisten a la conversión y al cambio. Esta oposición le lleva a perseguir a los mensajeros del Señor hasta la muerte. Pero el siervo tiene la plena certeza de que Dios, será su guardián y su fortaleza aún en medio de las dificultades.
El Salmo 21, nos recuerda la oración de Jesús en la Cruz, que interpela a Dios por el abandono en que lo ha dejado en el madero. Es el grito del justo ajusticiado que experimenta el abandono de todos, incluso de Dios, su protector y su esperanza. Es el grito desesperado de tantas víctimas de la injusticia, violencia y represión de todo género, en nuestros países. Pero en medio de la angustia, siempre surgirá la esperanza en Dios como último recurso al que debemos aferrarnos.
Pablo en la carta a los Filipenses, nos hace caer en cuenta de la total donación de Cristo Jesús. No se aferró Jesús a su condición divina, sino que se despojó de todo y asumió el rol de esclavo, hasta abrazar la muerte, para ofrecer y garantizar la salvación de todos los que contemplen la Cruz; esa Cruz que ha dejado de ser signo de maldición para convertirse en fuente de bendición y de vida abundante para todos.
El relato de la pasión según San Marcos, describe escuetamente el proceso de entrega de Jesús, que transcurre desde la unción en Bethania hasta la unción en el sepulcro. Cada parte del relato pone en evidencia la rectitud, coherencia e inocencia de Jesús, y la perversidad y obstinación de sus enemigos, que se valen de todas las artimañas para perseguirlo, acusarlo, condenarlo y ejecutarlo. Al final, sin embargo, la vida tendrá la última palabra, en la resurrección.
En la pasión de Jesús podemos contemplar la pasión de muchos hermanos y hermanas que han entregado y siguen entregando la vida por la causa de la justicia y la paz para sus pueblos. Es también para nosotros el momento de ratificar nuestro compromiso por la extensión del Reino de Dios, actuando en razón de justicia y caridad vicentina. Es el momento de adherirnos a los sufrimientos de Cristo, en cada uno de aquellos a quienes servimos, encontrándolo en cada uno de ellos, reconociendo aún en sus carencias la dignidad de hijos de Dios y hermanos nuestros, como hijos de un mismo Padre.
Que el Señor nos alcance la gracia de vivir santamente estos días, aprovechándolos para reflexionar y meditar el misterio de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, que es el acto de amor por excelencia de Dios hacia la humanidad entera.
No es la dignidad ni la edad lo que hace que el hombre merezca, sino las obras que lo hacen más semejante a Nuestro Señor. (SvdeP)







