Domingo de Ramos (reflexión de Javier Balda, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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Author: Javier Balda, C.M. .
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baldaHoy palmas, mañana espinas. Hoy hosannas y vítores, mañana condenas y gritos de crucifixión. Hoy camino de rosas y alfombras, mañana de piedras y lodo. Hoy camino de vida triunfal, mañana de muerte ignominiosa. Hoy el héroe, el Mesías, el Hijo de David, mañana el villano, el impostor, el blasfemo.

Dos espectáculos con un mismo personaje: Jesucristo, el Hijo de Dios, el enviado del Padre. Y son las mismas voces, y son los mismos hombres los que gritan y aplauden.

Cierra los ojos y escúchate a ti mismo y a los que están a tu lado. ¿A qué Cristo aplaudimos? ¿A qué Cristo seguimos? Jesús no es un rey, un emperador, un presidente de una nación al estilo del mundo. “Su reino no es de este mundo”. Jesús es un rey que pide a sus súbditos obediencia al Padre, entrega generosa para la construcción de un reino de justicia y paz, de solidaridad y amor para con los más pobres y humildes. Jesús no es un rey que recoge victorioso los aplausos del pueblo, es un rey que va camino del calvario, de la humillación, del abandono, de la traición, de la pasión, de la muerte en cruz. El verdadero triunfo de Jesús, la verdadera entrada triunfal de Jesús en la historia, se dará el Domingo de Resurrección.

Acompañemos hoy a Jesús proclamando su mesianismo, su realeza, con nuestras palmas. Acompañemos a Jesús, mañana, proclamando su divinidad con nuestras cruces. Gritemos hoy con el pueblo: “¡Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor!” Gritemos mañana, con el centurión: “¡Verdaderamente éste era el Hijo de Dios!”

No nos quedamos parados en las calles de Jerusalén contemplando el paso victorioso de Jesús. Vayamos tras sus pasos. Acompañémosle en la Última Cena, en el huerto de los Olivos, en el Palacio de Pilato, en el camino al Gólgota, en la cruz. Sólo así, cuando resucite, nos daremos cuenta de que Él es el verdadero Rey y que nosotros pertenecemos a su Reino. Entonces, proclamaremos de verdad: Este es nuestro Dios, éste es nuestro Rey, éste es nuestro Salvador, éste es nuestro Dios a quien seguimos, amamos y servimos, sólo Él es “el camino, la verdad y la vida” para nuestras vidas.

Toma tus palmas, pero también, tu cruz y sigue a Jesús. Al final del camino está tu resurrección.

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