1) Vocación universal a la santidad
Todos los fieles de cualquier estado y condición, están llamados a la plenitud de la caridad, santidad en la cual, en la sociedad terrena, se promueve un modo de vivir más humano.
1. La vocación, como el término lo indica, es una llamada a alguien para algo, por eso, la vocación y la misión están íntimamente relacionadas. La vocación orienta a la persona hacia el futuro desde el presente.
2. El hombre está llamado sobre todo a ser él mismo en todas las dimensiones de su ser: con su creador, con sus hermanos los hombres y con el mundo. El hombre que realice plenamente en su vida la triple dimensión es un hombre perfecto. Para santo Tomás de Aquino, la perfección se da cuando un ser ha alcanzado el fin por el que existe. La relación, por tanto, entre perfección, vocación y misión es inseparable.
3. Cuando hablamos de la vocación a la perfección o a la santidad, nos ponemos en la plana de la existencia cristiana que abarca las dimensiones indicadas, pero contempladas desde la fe, desde la mirada de Cristo, primogénito de la creación y salvación de los hombres.
4. Todos los autores espirituales enseñan que la perfección cristiana consiste especialmente en la caridad. Se basan en la doctrina de Cristo y de los apóstoles, sobre el amor a Dios y al prójimo, en el modo de amarlos (con todo el corazón, con toda el alma), en la primacía de los dos primeros mandamientos y en la relación de todas las virtudes, teologales y morales, con la caridad. El consejo de san Pablo no deja lugar a dudas: después de haber exhortado a la práctica de bondad, de la misericordia, de la humildad, de la mansedumbre, etc. caridad: por encima de todo, revestíos de la caridad, que es el vínculo de la perfección (Col. 3, 14).
5. La misma doctrina se sigue actualmente. Como reflejo del magisterio ordinario y extraordinario de la Iglesia, el canon 210 recuerda que todos los fieles deben llevar una vida santa, según su condición, y promover la santidad de la Iglesia. El canon 573,1 insiste en que los miembros de los Institutos de Vida Consagrada, siguiendo a Cristo, se dedican totalmente a Dios, como su amor supremo, más que entregados a su gloria, a la edificación de la Iglesia y a la salvación del consigan la perfección de la caridad en el servicio del Reino de Dios… lo que a las Sociedades de Vida Apostólica se refiere, el canon 731 reconoce que la búsqueda del fin apostólico y la vida fraterna en común son inseparables de la aspiración a la perfección de la caridad.
2) Dedicarse a la propia perfección (C 1, 1; RC I, 1)
¡Cuán felices somos al encontrarnos en el camino de la perfección! (XI, 385).
6. San Vicente no dudó ni de la llamada a la santidad de todos los cristianos, ni del título especial que el misionero tenía para dedicarse con todas las fuerzas a buscar la perfección. En las dos primeras peticiones, enviadas a Roma para fue la Congregación fuera aprobada por el Romano Pontífice, expuso: el principal y más importante objetivo será dedicarse totalmente a la propia perfección y la de los que moran en el campo. La Bula usa otra terminología, y en lugar del termino perfección empleó el de salvación (cf. X, 387). Quizás pareció demasiado hablar de perfección refiriéndose a aquellos pobres campesinos. Les bastaba con salvarse. El lenguaje denuncia la mentalidad entonces existente de que no todos los cristianos están llamados a la perfección (cf. XI, 641).
7. No obstante la redacción de la Bula, san Vicente no abandonó la idea de la perfección. En el primer texto de las Reglas Comunes, que conocemos, se establece que el fin de la Congregación es hacer en todo la voluntad de Dios.
Como veremos más adelante, san Vicente puso la perfección en el cumplimiento de la voluntad divina. En las Reglas Comunes definitivas, volvió a la idea primera y expuso claramente que el fin de la Congregación es dedicarse con afán a la propia perfección (RC 1,1). La misma idea se mantiene en las Constituciones de 1954 (art. 2) y en las actuales (cf. C 1, 11).
La perfección no consiste en éxtasis, sino en cumplir bien la voluntad de Dios (XI, 211)
8. San Vicente comprendía la perfección en el sentido ascético-dinámico. En la carta dirigida al P. Blatiron le dijo: La perfección consiste en la perseverancia invariable por adquirir las virtudes y progresar en ellas, ya que en el camino de Dios el no avanzar es retroceder (II, 107). En las exhortaciones a los misioneros leemos: Entre los hombres… será aquel cuya voluntad sea más conforme con la de Dios… hasta el punto que la suya y la nuestra no sean, propiamente hablando, más que un mismo querer y no querer (XI, 212).
9. La insistencia en este aspecto dinámico de la perfección es tal, que parece que san Vicente olvida que la perfección es esencialmente la caridad. Le interesó más el compromiso por buscar con todas las fuerzas la perfección, que ser exacto en las definiciones. El misionero, si quiere ser perfecto, debe cumplir todo lo que se le pide como hombre racional: ser justo y tratar bien al prójimo; como cristiano: practicar las virtudes que practicó nuestro Señor, y como misionero: realizar las obras que el Señor hizo y con su espíritu (cf. XI, 385).
10. Al decir san Vicente que la perfección no consiste en los éxtasis, sino en cumplir la voluntad de Dios (cf. XI, 211), no sólo reafirma su idea dinámica de la perfección, sino que rechazó taxativamente el ver la perfección como el goce de los dones sobrenaturales, contra ciertos posibles engaños. Santa Teresa ensenó lo mismo en las Moradas.
11. La perfección, vista así, da unidad a toda la vida espiritual del misionero, valorizando toda actividad, por insignificante que parezca al sentir humano.
En la repetición de oración del 17 de octubre de 1655, hablando sobre la presencia de Dios, san Vicente dijo: La práctica de la presencia de Dios es muy buena, pero me parece que adquirir la práctica de cumplir la voluntad de Dios en) das nuestras acciones es todavía mejor… Venir a la oración es hacer la voluntad de Dios…ir al examen, es cumplir la voluntad de Dios; hasta el comer y el cenar y el dormir en el tiempo que la Regla lo manda, todo esto es cumplir la voluntad de Dios (XI, 213).
12. La posible división interior que, con frecuencia, ha hecho sufrir a muchas personas, arrastradas en dirección opuesta por los muchos quehaceres, pueda superada. El Vaticano II, en el decreto «Presbyterorum Ordinis», ofrece a Sacerdotes, que corren el riesgo de sentirse divididos a causa de sus muchos trabajos apostólicos, el criterio de hacer en todo momento la voluntad de Dios, como el mejor medio de lograr la unidad interior.
¿Cómo puede una persona representar a otra si no tiene los mismos rasgos? (XI, 383).
13. Hay que dedicarse a la perfección, pero por qué? Los motivos son muchos. San Vicente hizo una selección de elles. Esté en primer lugar la invitación que el Señor ha hecho a todos: Sed perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto (Mt 5, 48). En segundo lugar, está la vocación especial del misionero que debe suplir la negligencia de muchos cristianos: Dios… suscita a algunos para que seentreguen a su divina Majestad y procuren, con su gracia, perfeccionarse ellos mismos y perfeccionar a los demás (XI, 384).
14. San Vicente centró en la vocación misionera las motivaciones. Incluso el ejemplo de Cristo, el gran motiva, lo presentó en esta perspectiva. El misionero debe ser perfecto parque, como Cristo, debe primera practicar las virtudes y después enseñarlas. El misionero está puesto, como el sacerdote, entre Dios y los hombres. Dios lo ha llamado para hacer realidad la salvación de los hombres. El misionero continúa la misión de Cristo, representa a Cristo. Ahora bien ¿Cómo puede una persona representar a otra si no tiene los mismos rasgos… proporciones, modales y forma de mirar? (XI, 383). Hay que agradar ante quien se ejerce la mediación: dar gusto a Dios, lo mismo que cuando se quiere tratar un negocio con un grande, con un príncipe o con un rey, se escoge a una persona que le sea agradable(XI, 386). La eficacia deseada en la evangelización de los pobres y en los otros ministerios requiere el empeño serio por adquirir la perfección correspondiente a la vocación (C 1, 1º; RC, XII, 13).
3. La OCngregación dentro del estado de perfección
El estado de quienes profesan los consejos evangélicos… pertenece a la vida y santidad de la Iglesia (c. 574 § 1).
15. El concepto de estado supone un modo de vivir o una condición de vida estable, no cambiante o difícilmente mudable, una vez que se ha optado por él ante la autoridad civil o eclesiástica. La estabilidad se asienta sobre las obligaciones y deberes contraídos libremente por la persona y sobre las bases civiles o canónicas que la protegen. Los ejemplos típicos son el estado matrimonial y el estado religioso.
16. El derecho canónico de 1917 contenía un elemento eclesiológico importante. Serian tres estados de la Iglesia: Por institución divina, hay en la Iglesia clérigos y laicos, aunque no todos los clérigos son de institución divina; más unes y otros pueden ser religiosos (c.107). El derecho actual nos da otra redacción más completa: Por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministres sagrados, que en el derecho se denominan clérigos; los demás se llaman laicos. El segundo párrafo presenta mayor novedad. El término «religioso» no se menciona. Se da, en cambio, una descripción de lo que es la vida consagrada: En estos dos grupos (ministres sagrados y laicos) hay fieles que, por la profesión de los consejos evangélicos, mediante votes u otros vínculos sagrados, reconocidos y sancionados por la Iglesia, se consagran a Dios según la manera peculiar que les es propia y contribuyen a la misión salvífica de la Iglesia; su estado, aunque no afecta a la estructura jerárquica de la Iglesia, pertenece, sin embargo, a la vida y santidad de la misma (c. 207, 1, 2; 574).
17. Hasta la Constitución «Provida Mater» de Pio XII (2.2 1947), los estados canónicos de perfección, generalmente reconocidos eran dos: los Religiosos y las llamadas Sociedades de Vida en Común sin votas. A partir de dicha Constitución, también se consideran como estado de perfección los Institutos Seculares. Para explicar las nuevas situaciones, se hacen distinciones entre estados de perfección teológicos, jurídicos y canónicos, rayanas en lo ficticio y desfigurantes de la realidad espiritual y teológica». El derecho actual ha ampliado el campo según lo establecido en el canon 603 sobre la Vida Eremítica y el canon 604 sobre el Orden de las Vírgenes.
18. No es el momento oportuno de estudiar las muchas cuestiones que en este campo se plantean. Es suficiente tener presente que la mayor parte de los elementos constitutives del estado de perfecciôn han sida asumidos actualmente por la teologia y por el derecho del estado de Vida Consagrada postconciliar, a la luz del capitula VII de la constitución «Lumen Gentium», del decreto «Perfecta Caritatis».
19. Enumero aquí los aspectos que, probablemente, son Vicente tuvo en cuenta:
1º. Según Suarez F., S.J., el estado de perfección puede ser privado o público. La diferencia entre ambos no está en el contenido teológico, sino en la dimensión social o eclesial. La dimensión social o eclesial proviene de la aprobación de la Iglesia y del cumplimiento de los requisitos que ésta exige. Esta simple división unida a la opinión de san Francisco de Sales sobre las seis clases de personas consagradas tuvieron una gran influencia en el pensamiento de san Vicente.
2º. El estado de perfección, al que tienen acceso los clérigos y los laicos, es fuente de santidad en la Iglesia, la significa y es anticipo de los bienes futuros. Por esto mismo, tiene una especial, estrecha y peculiar relación con la misión evangelizadora de la Iglesia.
3º. El estado de perfección es un estilo de vida cristiana, teológica y plenamente centrado en los valores evangélicos más eximios. Impulsa a vivir conforme al Evangelio. Canónicamente, está estructurado para ayudar a conseguir la perfección y trabajar con relativa facilidad en ella.
4º. El estado de perfección no se diferencia del estado común de todo cristiano por razón del fin, sino únicamente por razón de los medios. Se trata de un «estado de perfección a adquirir» o de un «estado de tendencia a la perfección».
5º. Tampoco la diferencia esté en los medios comunes, sino en algunos medios especiales profesados y practicados radicalmente, tales como la castidad, la pobreza y la obediencia. No se trata de vivir como si no se estuviera casado, sino que se renuncia a casarse, o de vivir como si no se tuviera bienes, sino que se renuncia a tenerlos.
6º. Para santo Tomás de Aquino, el estado de perfección requería obligarse perpetuamente a practicar lo que conduce a la perfección y, además, la obligación debía tener cierta «solemnidad», es decir, que fuera eclesialmente oficial o pùblica’3.
7º. Las motivaciones tienen que ser evangélicas. Todo hombre, creyente o no, puede optar por ideales de estilo extraordinario de vida y hacer renuncias profundas, como puede ser la del celibato, pero el estado de perfección exige que se haga por motivos evangélicos, inspirados en las palabras y en los ejemplos de Cristo.
8º. La seriedad del compromiso nacía o se confirmaba por algún vínculo. Con el tiempo, prevaleció el voto, mediante el cual se ligaba definitivamente la voluntad ante Dios, la Iglesia y ante los demás miembros de la comunidad.
9º. La vida comunitaria se considera también elemento esencial del estado de perfección.
Nosotros estamos en un estado de perfección (XI, 641).
20. San Vicente desarrolló su pensamiento, teniendo presente la idea del estado de perfección, según la teología y el derecho de entonces. El estime. El estado religioso como el que mejor recogía las exigencias de la perfección, aunque no lo creyó oportuno para la Congregación. Buscó introducir en ella lo mejor del espíritu religioso, sobre todo, la estabilidad de las voluntades para salir al paso de la volubilidad humana.
21. No dudó san Vicente de que los miembros de la Congregación estaban comprometidos en adquirir la perfección, pero no pudo asegurar que estaban dentro de un estado de perfección, hasta que el arzobispo de Paris aprobó los votos por primera vez en 1641. A partir de esta fecha, san Vicente hablé del estado de caridad (XI, 564), y de la santa invención, es decir, porque podían tener todo lo que tienen los religiosos, sin estar dentro del estado religioso (cf. III, 224).
22. En la conferencia del 7 de noviembre de 1659 dijo: Nosotros estamos en un estado de perfección, no ya adquirida, sino por adquirir, si nos servimos de los medios que tenemos para ella: reglas, constituciones, votos, sacramentos, lecturas espirituales, etc. Los laicos, en cambio, no tienen estos medios y se yen metidos en un gran ajetreo de negocios, de cuidado de la familia, etc. (cf. XI, 399-340).
23. Esto no quiere decir que los laicos no puedan ser más perfectos que los que viven en un estado religioso. Entre los consejos que san Vicente dio a un Procurador del Parlamento, encontramos el siguiente: Sé muy bien que el estado de capuchino es más perfecto que el del seglar. Sin embargo, el seglar… puede llegar a tan alto grado de virtud y perfección respecto a su estado de seglar y su vocación de procurador, como el que tiene el capuchino respecta a su profesi6n de capuchino (X, 218).
24. La distinción entre estado y la respuesta a la llamada personal es clara. Al fin, lo que cuenta es la llamada personal y la fidelidad a la llamada, porque en la fidelidad se hace realidad la caridad y, por tanto, la perfección. Esta es la razón por la que hoy se prefiere ver la santidad o perfección en relación con la fidelidad a la vocación y no con relación al llamado estado de perfección. El concepto de estado de perfección esté prácticamente abandonado, por la razón antes dicha, y porque sugería que la perfección era exclusiva de un estado de vida cristiana y no de todos los estadas de vida cristiana. La doctrina sobre la vocación universal a la santidad no admite exclusivismos. La santidad es tan propia del estado matrimonial coma del religioso, del sacerdotal como el del laico.
25. La Iglesia fomenté y cuidé con especial esmero el estado de perfección, mediante las normas que creyó oportunas. Es justo reconocer que ha sido en el campo de la legislación en donde, con frecuencia, ha surgido el conflicto. Los valores teológicos son permanentes; las normas, en cambio, lo son mientras puedan servir de cauce a dichos valores. Las normas canónicas no son, en general, definitivas, siempre son perfectibles y adaptables a las nuevas circunstancias.
26. Lu relación entre teología y derecho del estado de perfección tuvo una won importancia en el comportamiento de san Vicente. El espacio que existe entre la teología y el derecho le permitió luchar denodadamente, no sólo para conservar los valores teológicos del estado de perfección en la Compañía sino para colocarla dentro del estado de perfección, manteniéndose al mismo tiempo, fuera de la legislación propia de los religiosos, considerada no plenamente apta para plasmar el ideal de la Misión.






