Los Soberanos Pontífices BENEDICTO XIII y CLEMENTE XII tienen derecho al agradecimiento de la Congregación en particular a este título que el primero, por su breve de beatificación del 13 de agosto de 1729, ha colocado a Vicente de Paúl en los altares y que el segundo, por la bula de canonización Superna Jerusalem, del 16 de junio de 1737, le ha inscrito en el catálogo de los santos. El papa BENEDICTO XIV ha aprobado en honor de san Vicente un oficio litúrgico propio con octava y una misa propia; él mismo se dignó, se cuenta, concurrir con su mano a la redacción de este oficio litúrgico.
Benedicto XIII concedió al Superior general el derecho de dar cartas dimisorias para su ordenación a los miembros de la Congregación (17 de septiembre 1725), y Benedicto XIV el de mandarles ordenar con el título de mensae communis (20 de abril de 1741). El Sr. SASTRE Y PALON, arcediano de la iglesia de Mallorca, fundó en esta isla, en Palma, una casa de Misioneros, cuyas obras comenzaron en 1736. El piadoso y generoso arcediano había terminado unos años antes su santa vida, el 29 de diciembre de 1731.-Annales, t. XX, p. 336.
En el fascículo de las noticias, fechado en San Lázaro, el 1º de abril de 1737, el Sr. Couty, superior general, decía: «La justicia y la gratitud quieren que concedamos a nuestros bienhechores una parte en nuestro recuerdo y nuestras oraciones. Por estos dos títulos, yo doy aquí un lugar entre nuestros difuntos al Sr. Alexis MAZARS, prior-párroco de la parroquia de Nuestra Señora de Puy y superior del seminario de Figeac que acaba de unirse por sus cuidados a nuestra Congregación. Este digno eclesiástico nos ha deseado siempre mucho bien, y no ha hecho cuanto ha podido. Había nacido en Conepes, parroquia de Moyrazes, en la diócesis de Rodez, de una buena y antigua familia. Eran cuatro hermanos, los cuatro párrocos y tres distinguidos por su piedad y por su saber. Aquel de quien hablamos, habiendo hecho con distinción la carrera de sus estudios en la célebre universidad de Toulouse, entró, a la edad de veintidós años en el seminario de Carman. Una vez sacerdote, sus superiores, conociendo su sabiduría y sus raros talentos, su ardor y su celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas, le enviaron a las Cévennes con algunos de sus cohermanos, para trabajar allí en la conversión de los herejes. Sus méritos se dieron pronto a conocer. Los obispos de Nîmes, de Allais y de Montpellier, encantados por el celo de un tan digno ministro, creyeron deber detenerle en una región donde hacía tanto bien. Le dieron el arciprestazgo de Saint-Hippolyte. Allí formó primero un seminario menor, y realizó sus funciones como un verdadero santo y celoso pastor. El Sr. de Colbert, obispo de Montpellier, queriendo formar un seminario menor en su ciudad, no creyó en nadie más indicado para ejecutar este piadoso proyecto que en el Sr. Mazars, le llamó; y con la intención de unir para siempre a su diócesis a un sujeto tan excelente, le ofreció todos los mejores beneficios. Pero este digno sacerdote no creyó poder comprometerse. Aunque ningún voto le uniera a la casa de Carman, creyó no obstante deberse a ella, por razón de su educación. Ella tenía necesidad de su ayuda, despreció todas las ventajas temporales para prestarle sus servicios. Le nombraron superior en Toulouse, y gobernó esta casa durante siete años con mucha edificación, cumplió con una dirección de las más prudentes y más sabias, la estima y la consideración de todos los que le conocían. Le confiaron también, en diferentes tiempos, el gobierno de los seminarios de Villefranche y de Figeac.
En 1715, comenzó a darnos señales de su estima y de su afecto. Veamos en qué términos escribió, el 14 de mayo, al difunto Sr. Bonnet: «El proyecto del que el Sr. Caperon os ha hecho la apertura de la parte del Sr. Calmels, superior del seminario de Carman, y de la mía, nos parece con mayor razón no venir más que del cielo, porque no hemos pensado en otra cosa que en la gloria del Señor. Las razones humanas no se han escuchado; se habrían opuesto, si las hubiéramos tenido en cuenta. No se trata de un plan concebido hace poco; hace unos años que el Señor nos lo ha inspirado. Hemos reconocido en general que el único y eficaz medio de conservar y aumentar el espíritu de regularidad era la unión en un cuerpo sólido y establecido en una regularidad exacta. El vuestro se ha presentado a nuestra mente. Hemos rogado mucho tiempo para conocer la voluntad del Señor en un asunto de tal importancia, y nos hemos afirmado cada vez más en este plan. Así lo que el Sr. Calmes, de acuerdo con el Sr. Caperon, os ha comunicado, y que vos habéis aceptado, es a lo que yo me atengo, es lo que hemos hecho de común acuerdo, y es lo que suscribo de buena gana. Si no he tenido el honor de escribiros el primero, no es porque ceda a nadie en el sincero deseo de ver este gran asunto acabado, sino he creído primero deber evitar toda afectación, y que era prudente dejar dar los primeros pasos al superior de Toulouse que estaba al alcance de negociar más fácilmente, y en mayor secreto con vos, Señor. Conociendo perfectamente las disposiciones de los sujetos, esperamos lograr con la ayuda del cielo que os suplicamos pidáis, y hagáis pedir este fin. Vamos a necesitar tiempo y paciencia, ya estamos preparados a ello. Contamos mucho con el apoyo de vuestra prudencia ordinaria y con vuestros consejos. Os pido con toda humildad un poco de parte en vuestra benevolencia, yo trataré de no ser indigno de ello».
Esta amistad que desde hace tiempo, el Sr. Mazars había concebido hacia nuestra congregación, se ha mantenido siempre, aumentada incluso a medida que sus planes han salido a flote. Era asistente en Villefranche cuando la unión, él firmó el acta con una satisfacción singular. De allí le hicieron superior del seminario de Figeac, y prior párroco de la parroquia del Puy, donde murió. Es a él a quien debemos también la unión de este último seminario. No ha omitido nada para acabar el piadoso plan que se había formado, y ha tenido el consuelo de ver sus votos realizados. Por lo cual, tras la conclusión de este asunto, ha dicho a varias personas de confianza, que se moría contento, al ver este seminario reunido a nuestra Congregación, como el de Villefranche. Es pues justo que le debamos un lugar entre nuestros bienhechores. Debe incluso ser puesto en la categoría de los insignes, puesto que no contento con habernos procurado dos establecimientos durante su vida, nos ha dado también al morir señales de su tierno e inviolable afecto hacia nosotros, dejando a nuestra casa de Figeac un hermoso gabinete de libros escogidos, fondos para una misión, y los restos de sus cuentas; los pobres de su parroquia han recibido la otra mitad de sus bienes». –Anciennes Relations, p. 111.
En la misma colección de noticias, se hallan las menciones siguientes: «La congregación no debe jamás olvidar las grandes obligaciones que tiene a su Em. El Sr. cardenal de POLIGNAC, muero en París el 2o0 de noviembre de 1741. Este Eminentísimo señor que ha honrado de tal manera las ciencias, la Iglesia y el Estado, clon sus luces y la importancia de sus servicios, sentía también hacia nosotros mucha bondad y lo ha hecho sensible con sus beneficios, sobre todo en la gloriosa causa de su beatificación y canonización de nuestro santo Fundador, de lo que él era el ponente en Roma. Siempre presto a ayudarnos, nosotros podíamos contar con sus avisos, sus consejos, su protección; y con ocasión de los inmensos gastos que ocasiona la ceremonia de una canonización, él ha tenido a bien abrirnos su bolsa con una bondad y una generosidad que merece nuestra más viva gratitud».
Nuestra casa de Casale, recomendaba también el 23 de julio de 1745 a nuestras comunes oraciones al Sr. marqués Mos, embajador del rey de Cerdeña ante la república de Venecia, muerto en el tiempo de su embajada. –Era un protector poderoso y lleno de bondad quien, por piedad y por estima de nuestra Congregación, había entrado, con nosotros, en comunicación de bienes espirituales. Los pobres lloran su muerte, como la de su padre. Toda la ciudad le echa de menos como a su más bello ornamento. En cuanto a nosotros, añaden nuestros señores de Casale, más testigos que nadie de su vida virtuosa y santa, vemos su muerte como la pérdida de uno de los más hermosos modelos de todas las virtudes».
Hemos perdido también a un insigne bienhechor, en la persona del Sr. DE LA SERRE; prior de Pomevic, vicario general del Sr. obispo de Agen, y antiguo arcipreste de Montcabrié quien falleció en Pomevic, el 25 de abril de 1743. Especialmente unido a nuestra Congregación en todos los tiempos, le ha hecho todo el bien que ha podido. Cahors, Sarlat, la Rose han tenido parte de sus favores; nuestra casa de Agen muy en particular. Le ha unido su priorato de Pomevic, beneficio de los más considerables de la provincia. Cuántos movimientos no hizo este virtuoso sacerdote para ello. Cuántos obstáculos no ha tenido que superar. Pero la estima de nuestras funciones en los seminarios, y la vista de contribuir a la buena formación de los eclesiásticos, que es el objeto, han animado su valentía y le han dado la constancia de intentarlo todo para conseguir el plan. Ha tenido el consuelo de verlo. Este éxito, signo sensible de su buena voluntad para con nosotros, le merece un lugar entre nuestros bienhechores. Era por otra parte un verdadero santo, y un santo muy cumplido, cuya fama tan grande y extendida en vida, se ha sostenido hasta el fin por los actos heroicos de todas las virtudes y se conservará mucho tiempo en el espíritu y en el corazón de los que han sido testigos. Pero entre nosotros, su memoria se perpetuará hasta el fin, porque de edad en edad traeremos el recuerdo de su piedad y de sus beneficios. Se reconoce en su oración fúnebre, pronunciada el 27 de mayo en la iglesia de Pomevic, donde se le ha hecho un servicio solemne, que ha tenido las más eminentes cualidades».
Recordemos también al Sr. Pierre CALVET, antiguo sacerdote de la comunidad del Sr. Bonal que murió el 18 de junio de 1745, en uno de los bienes de campo de nuestra casa de Figeac. Era el único que quedaba de los que componían esta comunidad, cuando, por estima de nuestra Congregación, por devoción a nuestro santo Fundador y por el deseo de tener a sus hijos por sucesores, se determinaron a reunirse con nosotros. Se había retirado al campo por un gusto particular del retiro y vivía allí como perfecto solitario sin que las dulzuras de la ciudad, con las que le han adulado con frecuencia, invitándole a volver, hayan podido alterar su resolución. Ha muerto tres meses después de hidropesía que ha aguantado con una paciencia verdaderamente cristiana.
«Nuestra Congregación, en especial nuestra casa de Saintes, lamentó también, el 10 de octubre 1744, una pérdida muy considerable en la persona del Sr. Léon DE BEAUMONT, obispo de Saintes. Este ilustre y santo prelado tenía en nosotros una entera confianza; y en toda ocasión le gustaba hacernos sentir los efectos de la benevolencia con la que nos honraba. Su enfermedad ha durado mucho, pero no ha servido más que para dar a conocer el heroísmo de su paciencia, de su sumisión y de su piedad. Excelente obispo, lleno del espíritu apostólico, ha hecho bienes infinitos en su diócesis. Uno de los que más tenía en el corazón era la formación de buenos sacerdotes que, distribuidos luego por los pueblos, conservan la religión y la inocencia de las costumbres. De ahí su atención a multiplicar en lo posible la unión de los buenos beneficios, las plazas gratuitas en su seminario. Para este mismo fin ha dado mediante testamento todos sus muebles y efectos, con la condición de ser vendidos y que el producto sea puesto en fondos, en favor de jóvenes clérigos. Su capilla no obstante y su biblioteca deben, según lo prescribe él, quedarse en el seminario, con la carga de mantener a un seminarista. Su muerte ha sido dulce, y a juicio de los hombres testigos de su virtud, preciosa delante del Señor». Pág. 582.
S. E. el Sr. cardenal de GESVRES ha adquirido también durante su vida el derecho a ser incluido aquí después de su muerte, entre nuestros insignes protectores. Debemos a sus poderosas recomendaciones una parte de los éxitos de la gloriosa causa de la canonización de nuestro santo Fundador. Singularmente estimado y querido de los cardenales y de los soberanos pontífices, no ha ahorrado nada para asociar a todos sus amigos en nuestros intereses. Fue él quien, siendo arzobispo de Bourges, nos ha fundado allí para las misiones. Durante la canonización, nos concedió de buena gana 1000 libras para ayudarnos a llevar los gastos. Y lo que hace mejor todavía ver la generosidad de su gran corazón, es que poco después, sin que se pensara siquiera hacerle ninguna nueva instancia, nos envió otra vez suma parecida con el mismo fin. Ha contribuido también, espontáneamente al adorno del altar de san Vicente de Paúl, nuestro glorioso Fundador. Murió bastante súbitamente el 12 de octubre de 1744, a los ochenta y ocho años de edad».
Según una carta del Sr. Terminé, visitador de nuestra provincia romana, hemos perdido también en Nápoles a un excelente protector en la persona del Sr. el duque de GIOVENAZZO. Su estima por nuestro estado nos había creado a un amigo muy sincero y lleno de celo por los intereses de la Congregación. Se ha mostrado especialmente tal con ocasión del proyecto de una fundación por la que ha obtenido, por sus buenos oficios, el consentimiento del rey de las Dos-Sicilias. Aparte de un gran número de beneficios con los que nos ha colmado durante su vida, ha dejado al morir a nuestra casa de Nápoles, 2.000 ducados para la fundación de una capilla y otros 1.000 para el edificio. Durante sesenta y ocho días de enfermedad mortal, ha sufrido extraordinariamente, pero con tan admirable resignación, que sería, dicen difícil de imitar».
Estas menciones iban seguidas en la colección de las Noticias de la recomendación siguiente que inclusive hoy es oportuno reproducir:
Aviso.- Nuestros bienhechores, nuestros amigos, adquieren un verdadero derecho a nuestras oraciones; y nosotros con un sincero placer les pagamos este tributo. Pero creemos deber rogar a los que desean encomendar así a alguien que tengan la atención de enviarnos sobre su personaje , no un detalle de cosas extrañas al objeto de nuestra gratitud; sino al menos, los nombres, las cualidades, las principales virtudes de estas personas, con los motivos de nuestro agradecimiento.







