Antoine Pedrini (1670-1746)

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Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, IV.
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   El 1º de enero  de 1748, el Sr. de Bras, superior general, anunciaba la muerte del Sr. Pedrini, fallecido en Pekín el 10 de diciembre de 1746. Esta noticia había llegado en barcos suecos. » Apenas esperamos, decía el Sr. de Bras, que alguien nos haga desde China el relato en detalle de su vida virtuosa y apostólica. Para suplirlo, recurriremos a las cartas que ha escrito en diferentes tiempos. Nosotros encontraremos en ellas  sin duda abundantemente con qué edificarnos, aunque no tuviéramos más que admirar la valentía que le ha sostenido, en una ruda prisión, , cargado de cadenas por la causa de Jesucristo «.

Como lo cuenta el Sr. Pierron, en su circular del 1º de enero de 1700, el papa Clemente XI hablando con el Sr. Anselme, sacerdote de la Misión en Roma, le dice que quería enviar a sacerdotes de la Congregación a China y, a las Indias, preguntando si varios se ofrecerían a ir. Cuando se propuso, hubo en particular tres italianos que escribieron al general para ofrecerse: el Sr. Campeggio, de Pavía, el Sr. Biasi, de Roma y el Sr. Balcone, de Perusia «.Según esta carta y lo que  precede, parece que se había resuelto no enviar más que a misioneros italianos en esta ocasión. La legación del cardenal de Tournon era una embajada del papa considerado también como príncipe de Italia, razón por la cual se pensaba que no debía estar compuesta más que de italianos. Cosa extraña y disposición particular de la Providencia, de los tres misioneros aquí designados  y que se habían ofrecido para ir a China, ninguno tuvo el honor de compartir los trabajos de esta misión, estaba destinado a alguien que no pensaba en ello, pero que aceptó la llamada de Dios cuando se hizo escuchar, el Sr. Théodore Pedrini.

Como se sabía en Roma que el emperador de China se gloriaría de recibir de parte del papa a algún  artista para su servicio y se supo que el Sr. Pedrini era hábil en el arte de la música, le propusieron dedicarse a esta misión  y salir con Mons. de Tournon que más tarde  debía ver lo que sería conveniente hacer. Se ofreció entonces voluntario a Dios para responder a esta llamada.

El Sr. Pedrini había nacido en Fermo, en la Marca de Ancona, en 1670, de una familia que sin ser noble contaba no obstante en su parentela nobles alianzas  pero poseía el temor de Dios y este era su más bello título. Parece probable que el Sr. Pedrini hizo sus estudios en el colegio de Pisa, en Roma. Entró en la Congregación de la Misión en 1693. Ignoramos en qué casa trabajaba en el momento en que fue llamado a formar parte de  la expedición de Mons. de Tournon. Le dieron por compañero al Sr. Dominique Biasi que había estado sucesivamente en las casas de Maccrata, de Roma, luego de Reggio y había vuelto a Roma donde había pedido ser enviado a China; pero no perseveró en ese buen intento

Los dos misioneros debían partir para Francia, embarcándose en Saint-Malo, para China. Unos barcos de guerra franceses que, llegados de Nápoles,  pasaban a Livorno los recibieron y los desembarcaron en Toulon. Llegaron pronto a la casa de San Lázaro en París donde el superior general, el Sr. Pierron, les hizo la más cordial recepción. Pero, ay, muy pronto después, el Sr.Pierron tuvo el dolor de ver a uno de ellos  mirar hacia atrás y perder la palma que le esperaba al término de la hermosa carrera que había comenzado.

Escribía el 27 de febrero al Sr. Anselme, en Roma: «Sabréis por el último correo la llegada aquí de los Srs. Biasi y Pedrini; os sorprenderéis, como nos ha pasado a nosotros, por la noticia de la marcha del Sr. Biasi para volverse a Roma». Había escrito, con fecha del 24 de febrero, en los términos siguientes  al Sr. Pellegrino de Negri, superior de la casa de Monte Citorio, en Roma, con fecha del 24 de abril de 1702 «Ruego a Dios que perdone al Sr. Biasi su proceder que ha causado tanta pena, y que no le honra en absoluto ni a nuestra Congregación».

Se había ido sin llevarse la valija, diciendo que volvería: en realidad, no quería ya ir a China. Por esperarle, el Sr. Pedrini perdió una primera  ocasión de embarcarse en Saint-Malo, en febrero 1703. No pudo salir hasta el 26 de diciembre de 1703 pasando por el Perú, Chile, Manila; llegó a China nada menos que siete años después del cardenal Tournon. Desembarcado en Macao,  el 3 de junio de 1710, fue el testigo de las tribulaciones del ilustre cardenal y le vio morir el 8 de junio del mismo año. El mes de julio, pasó a Canton y de allí a Pekin, adonde el emperador, que conocía su llegada, le mandaba, en vistas a sus conocimientos de la música. Allí llegó en los primeros días de febrero  1711.

El emperador de la China manifestó enseguida una gran benevolencia al Sr. Pedrini; le hacía venir casi a diario a la corte para tocar los instrumentos de música y pronto le confió la instrucción de algunos de sus hijos. Le mantenía en la corte en Pekin o se lo llevaba con él cuando iba de veraneo a Tartaria en Djéhol.

El Sr. Bonnet, superior general, en las noticias generales que daba cada año a la Congregación, ha hecho frecuentemente mención del Sr. Pedrini. Constata así, en su circular de 1713, la llegada de este misionero a China: «El Sr. Pedrini ha sido perfectamente bien recibido  en la corte de Pekin por el emperador de China, porque era organista en el mundo, y sabe muy bien tocar instrumentos, cantando atrevidamente los aires chinos sobre el bajo de viola y el clavicordio. Hay que pedir a Dios que estos pequeños talentos, que no son apenas apostólicos, sirvan de medios para introducir la fe y que nuestro querido cohermano que se encuentra en esta corte, en un estado bien diferente del nuestro, no pierda nada del espíritu de la Misión, y que se sirva del crédito que ha adquirido ante el príncipe, para preparar los caminos a otros obreros que nos pide con insistencia».

En relación con este envío de misioneros a China que los misioneros italianos pedían con urgencia, el Superior general no quería obrar sino con prudencia y caminar como él se expresa » con la brida en mano», a la espera que «las dificultades  de la religión se hayan acabado todas». Se trataba de la cuestión de los ritos chinos: la cuestión andaba lejos de solucionarse en un próximo futuro. Las circulares de 1714 y de 1715 dan estas noticias del Sr. Pedrini, se ve que se necesitaba más de un año para llegar a Europa:

1714. » El Sr. Pedrini nos escribía, el 20 de julio de 1712, de Jéhol en Tartaria, donde estaba en el séquito del emperador, que este príncipe tiene siempre mucha bondad con él y que, no obstante que él había protestado que quería obedecer  al mandato del difunto Mons. el cardenal legado y a los breves de nuestro Santo Padre el papa que le confirman, Su Majestad no había cesado de querer tenerle en su séquito, a causa de su música y del talento que posee en hacer instrumentos de este arte. Yo le digo que su prosperidad me produce más terror  que las desgracias de sus cohermanos; necesita, en efecto, ser sostenido por una gracia especial, para no acomodarse en las delicias, aunque sea prudente y virtuoso «.

Y en 1715: «El Sr. Pedrini nos escribe de Jehol, en Tartaria, donde se encontraba en el séquito del emperador, el 22 de agosto de 1713 ; 1º que goza de gran favor con el príncipe ; 2º que Su Majestad Imperial le ha encargado de la educación de los tres príncipes sus hijos, de los cuales el mayor está destinado a sucederle ; 3º que está tan ocupado en matemáticas y en música, que apenas puede hallar un momento para darnos noticias suyas. Su favor nos haría temblar, si no esperáramos que no se dejará deslumbrar, y se servirá de ello, en las ocasiones. Estos señores piden la ayuda de hombres apostólicos, de sabios en las artes liberales y mecánicas, y nosotros les respondemos que no podemos pensar en ello, mientras haya diferencias en materia de religión».

En 1716, el Sr. Bonnet daba detalles siempre muy consoladores » el Sr. Pedrini sigue en el favor del emperador y, por poco, como José ante el Faraón. Se preocupa por instruir a tres de sus hijos y en particular aquel que ha elegido Su Majestad para sucederle. Se sirve muy hábilmente de su favor para bien de nuestra santa religión y, siendo elegido por el príncipe, para interpretarle la carta que nuestro Santo Padre el papa le había escrito, con dos europeos, no solo ha resuelto esta función con la fidelidad conveniente, sino que no ha servido de poco para hacer al emperador muy favorable a la religión, y se ha escrito a Roma y aquí muy favorablemente: tal vez que, las cosas irán de bien en mejor, y todo lo hace esperar. Estos señores nos piden obreros para tomar parte en sus trabajos; nosotros contemporizaremos hasta que nuestra religión esté establecida, y no me molestaría saber de nuevo sobre aquellos a quienes Dios da algunos atractivos para estas misiones «.

Las pruebas debían llegar también: es la enfermedad de la que se trata en la circular de 1717. El Sr. Bonnet dice en ella » que el Sr. Théodor Pedrini ha sido reducido al extremo de una muy ruda y larga enfermedad, de la que se ha curado gracias a los cuidados de un médico del emperador, y con la ayuda de varios príncipes, sus alumnos, para los que él resulta siempre muy agradable, lo mismo que a Su Majestad »

El año siguiente, al mencionar una carta del Sr. Pedrini, el Sr. Bonnet, en su circular, dice: «La carta del 23 de enero se dedicó a describir el estado en que se halla el Sr. Pedrini y a decirnos las necesidades  que tiene de las oraciones de toda la Compañía. Me destaca a continuación la obligación que siente hacia los franceses, tanto capitanes como oficiales, y me pide que les muestre todo el agradecimiento posible».

Y a partir de esta época, mayores pruebas comenzaron  para el Sr. Pedrini en Pekin. En 1721, el Superior general escribía » el Sr. Pedrini, tras grandes sacudidas y graves peligros a los que se ha visto expuesto por la religión, goza del favor del emperador, y preceptor de varios de los hijos de Su Majestad, y siempre preparado a apartar el mal y favorecer el bien de la religión». Añadía en 1723 «el Sr. Pedrini, que en otros tiempos es tratado en la corte con tanto honor y respeto como si fuera el hijo de Su Majestad Imperial, acaba de ser tratado como apóstol, sin duda porque no ha hecho nada contrario a lo que prescribe un nuncio apostólico; ya que,  por motivos secretos que la caridad y la obediencia nos impiden tratar de descubrir, ha sido derribado al suelo, azotado, arrastrado del cabello, a patadas y puñetazos, y dos veces apresado».

Las cartas siguientes dan algunos detalles sobre sus encarcelamientos.

El 7 de octubre de 1721, el Sr. Pedrini que había salido de su prisión para acompañar al emperador en Tartaria escribió al secretario de la Propaganda:

 

Djé-Hol en Tartarie, 7 octobre 1721 (1.-Biblioteca  Corsini. Manuscritos.

 

«Yo no sé si la presente llegará a tiempo a Cantón, antes de la partida  de Mons.  el patriarca. La razón por la que escribo ahora, es que cuando Mons. el  legado salió de Pekín, no pude verle. Estaba en la cárcel y cargado con nueve cadenas, por orden del emperador, después de ser golpeado, azotado y maltratado a puñetazos y a patadas en su presencia. Ahora sigo en la prisión, aunque sin guardia y en mi propia casa, en Tartaria, en el séquito del emperador, pero sin poder salir, a no ser que él me llame. Allí estaré probablemente  hasta el embarque  de Mons. el patriarca, y tal vez hasta su regreso a Roma». Añadía: «Se quiere probar en Roma que si el papa no revoca la prohibición de los Ritos, harán sobre mi persona demostraciones  más rigurosas. Os ruego pues seriamente  que pidáis de mi parte a la sagrada Congregación y al papa también que no tengan ningún cuidado por mis sufrimientos».

A su regreso de Tartaria a Pekín, el Sr. Pedrini debió de nuevo probar la prisión; no recobró la libertad hasta el 23 de febrero de 1723, cuando el advenimiento del nuevo emperador que otorgaba una amnistía. Es lo que el Sr. Bonnait (?) constataba  en su circular  de finales del año 1724: «Habréis sabido al parecer, Señores y muy queridos hermanos, por las noticias públicas que, el año pasado, murió el emperador de la China, y que su cuarto hijo ascendió al trono. Esta revolución ha puesto fin a las penas  y a la prisión del Sr. Pedrini, que el nuevo emperador favorece más aún que su difunto padre. Ahora se ve libre en su persona en todos los modos, y pacífico poseedor de una hermosa casa, capilla y  residencia en Pekín.

Las circulares del superior general confirmaron estas noticias consoladoras durante los años siguientes. Escribía en 1727: «El Sr. Pedrini vive en paz en Pekín. Hay una casa y una iglesia parroquial bastante cerca del palacio, está bien visto también por el emperador, lo que le pone a punto de prestar algún servicio a nuestra religión». Y en 1733: El Sr. Pedrini sigue dirigiendo su pequeña catedral, cerca del palacio del emperador, que tiene mucha bondad con él».

Por último, en 1737, el Sr. Conty que había sucedido como Superior general al Sr. Bonnet decía también: «El Sr. Pedrini está bien en Pekín».

Pero en 1743, el Superior general, dando las noticias de las diversas misiones, dice a propósito de China. «En cuanto al Sr. Pedrini, ha vencido, en el mes de febrero  de 1741, una enfermedad muy fuerte que le ha llevado a las puertas de la muerte.

Tenía aún dificultades en recobrar sus fuerzas, cuando nos escribió «. Era el preludio de otra prueba más dolorosa, pues el Sr. Pedrini, quien había trabajado  bien por la Congregación  de la Propaganda, incrementando los bienes que tenía en Pekín, fue acusado por unos envidiosos de no haberlo hecho con entero desinterés y tuvo que refutar esta calumnia.

A esto hace alusión el Superior general  en su circular del 1º de enero de 1742, cuando escribe: «Este año he recibido cartas  del Sr. Pedrini, escritas desde Pekín, el 6 de octubre de 1742, y las he leído con gran consuelo ; pues, si bien Dios le ha visitado con una especie de persecución muy sensible a un hombre honrado y a un ministro del Evangelio, no obstante le ha dado la gracia de conducirse bien en esta ocasión, con mucha prudencia, y de someterse humildemente a la autoridad respetable, que no le contrista más que por haber sido prevenida  contra él mediante informes muy mal fundados. Hay que ayudarle con nuestra oración para que el Señor manifieste su inocencia y le conserve la tranquilidad del espíritu y del corazón».

Dios concedió al Sr. Pedrini este consuelo que se reconociera su inocencia.

Él mismo, haciendo alusión a su avanzada edad, decía en algunas cartas que se han conservado, que sentía escapársele la vida poco a poco  es a finales de 1746 cuando pasó a una vida mejor. Se lee en el diario de Mons. Enjovert de Martillat (archivos de las Misiones extranjeras): «El 20 de abril de 1747, conocimos la muerte del Sr. Théodoric (?) Pedrini, sacerdote de la congregación de San Lázaro y misionero de la Propaganda; falleció en Pekín, el 10 de diciembre de 1746, a los setenta y siete años de edad y treinta y seis de misión. Ha residido siempre en Pekín, y allí se ha distinguido por su celo en favor de la pureza de nuestra santa religión en este gran imperio. Ha combatido las ceremonias que otros creían lícitas ; su ardor que le ha ganado una ruda serie de bastonazos, pesadas cadenas y una prisión muy rígida de tres años de la que no salió hasta  después de la muerte del emperador Kang- Chi, que le había puesto allá. Fue Yung-Tchin, hijo y sucesor de  Kang- Chi, quien le sacó. Este amaba  a este misionero; le hizo venir a su presencia y le dijo: «Ya habéis sufrido bastante!  Siempre ha estado muy unido a nuestros misioneros; nos escribía a todos varias veces al año, incluso en los último años de su vida, aunque muy débil.

«23 de febrero 1747. Los misioneros de Pekín dicen que el emperador ha concedido 200 taëls para los funerales del sr. Pedrini; es el Chou-Ta-Gin, uno de los protectores, quien lo pidió;  se sabe que es la costumbre que el emperador  haga enterrar a los europeos que están a su servicio».

 

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