5º Domingo de Cuaresma (reflexión de la S.S.V.P. en España)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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ssvp«Hijos de San Vicente de Paúl, aprendamos de él que nos olvidemos de nosotros mismos, y dediquémonos al servicio de Dios y al bien de todos…» (Beato Federico Ozanam)

El camino cuaresmal tiene un sentido pedagógico de prepararnos para vivir con intensidad el misterio pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Hacia allá apuntan las lecturas de este quinto domingo de Cuaresma.

El profeta Jeremías, llama la atención sobre dos aspectos importantes. La nueva alianza que Dios hará con su pueblo anticipa, de alguna manera, la Alianza cristiana, como un horizonte de salvación para toda la humanidad. La primera Alianza ha sido muy limitada en todos los aspectos. La oferta salvífica de Dios, rebasa las fronteras espacio-temporales. Dios y el pueblo se ligarán nuevamente en una Alianza totalmente novedosa que cobijará a todos los pueblos.

El Salmo nos recuerda la urgencia de la conversión como preparación para celebrar la Nueva Alianza. El reconocimiento del pecado trae también como consecuencia el reconocimiento de la misericordia de Dios. El pecador arrepentido no lanza sus súplicas al vacío, sino que ellas encuentran eco en el corazón compasivo de Dios. Además, anticipa una nueva manera de aproximarse a Dios, no por el culto extremo, sino por la autentica conversión del corazón.

Cristo Jesús participa de la realidad de todos los que sufren y suplican a Dios por su liberación. Y es tan fuerte su grito, que Dios les escucha. Así, Jesús se hace solidario con todos los que sufren en el mundo y en todos los tiempos por alguna causa. Es un sufrimiento que se transforma en acto de salvación para muchos. No es un sufrimiento masoquista o sádico, sino un sufrimiento ofrecido para alcanzar la liberación de todos. No es un sufrimiento causado por Dios y para Dios, sino es el resultado de la obstinación de los seres humanos que se oponen al plan salvífico de Dios.

Si el grano de trigo no muere no da fruto. En coherencia con el párrafo anterior, Jesús le da sentido a su muerte como entrega por una causa. Morir es fructificar. Morir es dar vida a otros. Morir es trascenderse en el tiempo y en el espacio. La glorificación de Jesús, es glorificación de Dios. La muerte redentora de Jesús manifiesta la gloria de Dios. En la muerte de Jesús se desborda la vida de Dios como don para toda la humanidad que acepte su propuesta de salvación.

Los cristianos entendemos la muerte por una causa como donación y participación en la muerte gloriosa de Jesús, que revela la gloria de Dios. Este es el sentido del martirio y de la santidad.

Sólo el que se guarda y resguarda se hace infecundo, permanece estéril y, por consiguiente, en él es imposible la plenitud. Jesús se presenta hoy lleno de la fuerza de Dios que lo impulsa a ser grano de trigo y a atraer a todos los que lo contemplen levantado sobre el cielo y la tierra por amor. Encontrar a Jesús tiene lugares y personas privilegiadas: allí donde hay que jugarse la vida por los demás, allí con quienes se convierte en alimento para los demás, allí donde la entrega es la actitud fundamental; allí donde la cruz es una presencia amorosa.

«Que aprendamos de él esa preferencia santa que demuestra más amor a aquellos que sufren más.» (Beato Federico Ozanam)

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