La hora del dolor
Todos los hombres, de una forma u otra, llevamos a cuestas sobre nuestros cuerpos el dolor, la cruz. Todos sufrimos en carne propia el dolor y el peso de nuestras cruces. Todos cargamos sobre las espaldas y nuestras almas el dolor y la cruz: limitaciones, enfermedades, angustias, pobreza, injusticias, engaños…Pero para todos los hombres el dolor, la cruz, no es aceptado, no es valorado, no es redentor, no es salvador.
Jesús nos dice: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere no da fruto”. Es necesario que el grano de trigo se pudra para resucitar a la vida, es necesario que muera en la tierra para producir y entregarnos su fruto maduro convertido en espiga, es necesario que viva la soledad y el abandono y más tarde ser triturado para ofrecerse convertido en rico pan para nuestra vida.
Frente a la realidad del sufrimiento del hombre sabe que toda cruz pesa, duele y cuesta llevarla sobre los hombros y que muchos caen bajo su peso, pero también sabe que la cruz, el dolo, purifica, ilumina, santifica y salva siempre que la acepte, la lleve y la ofrezca por amor. “Tengo que poner lo que falta a la pasión del Señor”, nos dice San Pablo. Por eso, para el cristiano, el dolor, el sufrimiento, la cruz, siempre serán signos de generosidad y de entrega en el amor. Un cristiano sin cruz no se entiende, no sirve, no convence, no ama, no salva. “El cristiano es un hombre que sólo vence desde el amor, desde la cruz aceptada por amor”. Por eso, para el cristiano, la cruz siempre tiene que ser señal de luz, fruto de vida y signo de amor.
Cristo, desde el dolor, el sufrimiento, la cruz y la muerte, se convierte en fuente de vida, de luz y de salvación. “Cuando sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí”. Sólo el que ama es capaz de valorar el dolor, aceptarlo y ofrecerlo. Sólo el que cree es capaz de aceptar que la cruz es el camino obligado para el cristiano, que la cruz es signo de sinceridad como manifestación de fe, que la cruz es garantía de salvación. “El que quiera ser mi discípulo cargue con su cruz y sígame”.







