4º Domingo de Cuaresma (reflexión de la S.S.V.P. en España)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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ssvp«En la ocasión del doscientos cincuentavo aniversario de la canonización de San Vicente de Paúl, el Papa Juan Pablo II citó al famoso historiador de espiritualidad Cristiana, Henri Bremond, sobre San Vicente: “No fue el amor al hombre que lo guió a la santidad; más bien, fue la santidad que lo hizo verdaderamente y efectivamente caritativo; no fue el pobre que se lo dio a Dios, sino que al contrario, Dios se lo dio a los pobres. Dios actúa de la misma manera en las vidas de los Vicentinos. La santidad los hace verdaderamente y efectivamente caritativos. Es Dios Quien se los da a los pobres.»

La Iglesia continúa el camino de preparación para la celebración de la gran fiesta de Pascua, centro y culmen de la liturgia cristiana. La primera lectura del Libro de las Crónicas relata la infidelidad del pueblo (de sus dirigentes) y las consecuencias nefastas de dicha infidelidad. La deportación a Babilonia, interpretada como castigo de Dios, es también consecuencia del derroche y la pérdida de horizonte del pueblo y sus dirigentes. Pero la misericordia de Dios, siempre se sobrepone a la soberbia del ser humano. El Señor suscita un líder (persa) para que su pueblo deportado retorne nuevamente a su tierra, a su templo y a sus costumbres.
El Salmo hace memoria fidedigna de aquel episodio doloroso de la historia del pueblo en el destierro. Sentir el látigo del verdugo, el desprecio, la humillación y la opresión todo el tiempo fue una experiencia de purificación para el pueblo de Dios.

Pablo recuerda a los efesios que la salvación ofrecida por Jesús es gratuita, por pura gracia de Dios y no por méritos propios. Dios nos ama tanto que, a pesar de la obstinación del pecador, siempre ofrece su bondad, ternura y su misericordia.

Juan desarrolla una bella catequesis a partir del diálogo con Nicodemo. Utiliza la imagen de la serpiente de bronce, levantada en el desierto para sanar a los israelitas que la miraran, y la compara con la exaltación de Jesús en la cruz. Quien sea capaz de dejarse envolver por el misterio de la cruz, participa de la vida eterna manifestada en Cristo Jesús. Pero una vez más, como en el Antiguo Testamento y como lo recuerda Pablo, es el amor inconmensurable de Dios lo que queda manifiesto en la cruz de Jesucristo. La cruz, signo de escarmiento, escándalo y vergüenza, se convierte, por la muerte y resurrección de Jesús, en fuente de vida y salvación para todos. El amor de Dios, se ha manifestado plenamente en Jesús. Y la muerte en cruz es la mayor donación de Dios, en su hijo Jesús, para declarar su amor sin límites a la humanidad. Él se entrega, se hace don, se auto-comunica totalmente en la muerte y resurrección de su Hijo. En este misterio ha llegado a plenitud el amor de Dios por la humanidad.

La apertura progresiva a la fe o el dinamismo de la fe nos lleva a reconocer que donde unos no ven nada más que escándalo, otros vemos amor, todo el amor que Dios nos tiene, y que es la máxima expresión del amor.
Allí en la cruz, está Jesús de Nazaret que se entregó para salvarnos a todos. Entonces, ¿qué hay qué hacer? Obrar según la verdad, que es Jesús. Y nosotros sabemos quien es Jesús Verdad: el que fue fiel al proyecto del Padre hasta el final. Obrar según la verdad (o acercarse a la Luz) es hacer todo lo que Él hizo para que la humanidad tenga vida en plenitud.

No podemos seguir contemplando la cruz como el castigo que Jesús sufrió por nuestros pecados. Eso sería seguir predicando a un Dios sádico, sediento de sangre, que castiga hasta el extremo a su hijo para aplacar su ira y así poder perdonarnos. Tampoco podemos seguir anunciando a un Cristo dolorido para justificar el sufrimiento humano. La cruz es signo de exaltación de la vida y manifestación definitiva del inmenso amor de Dios, hacia nosotros.

“Sus humillaciones no eran más que amor, su trabajo era amor, sus sufrimientos amor, sus oraciones amor, y todos sus ejercicios interiores y exteriores no eran más que actos repetidos de amor. Su amor le dio un gran desprecio del espíritu del mundo, desprecio de los bienes, desprecio de los placeres y desprecio de los honores.” (SvdeP)

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