3º Domingo de Cuaresma (reflexión de la S.S.V.P. en España)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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ssvp«Es nuestra vocación… encender a los corazones de todos, para que hagan lo que el Hijo de Dios hizo, Quien vino a encender un fuego en la tierra para que de esa manera se encendiera con su amor.  No es suficiente  que yo ame a Dios si mi prójimo no lo ama.» (SVdeP)

Todos los pueblos, naciones y religiones basan y muestran su identidad por medio de símbolos, normas y tradiciones. Pero el Pueblo de Israel, la ley, el templo y el culto, constituyen el fundamento de su experiencia de fe y de su identidad nacional. Por eso, tocar el templo, transgredir la letra de la ley y ultrajar el culto es considerado como una ofensa a Dios y un crimen contra el mismo pueblo. Jesús inaugura una nueva ley, un nuevo templo, una nueva forma de rendir culto a Dios, que supera las formas tradicionales vigentes. El pasaje del Éxodo se refiere a uno de los códigos de la Alianza que aparecen en el Pentateuco, es el pasaje que conocemos como el Decálogo o Diez Mandamientos. Este código establece las normas ético-morales y religiosas que deben regir al pueblo recién liberado de la esclavitud, para garantizar su libertad y su identidad. Este código propone las cláusulas de la alianza entre Dios (Yahvé) y su pueblo (Israel).

El Salmo que recitamos, ratifica lo anterior. Es un cántico de alabanza a la grandeza de la ley que procede de Dios y tiene como fin garantizar la libertad del creyente y la fidelidad a su Dios. Esos dos elementos son importantes: Libertad y fidelidad. Se destaca la perfección, la justicia, la sabiduría y la rectitud de la Ley, porque procede del mismo Dios.

Pablo en la Carta a los Corintios, contrasta las reacciones que provoca el evangelio de Jesús entre griegos y judíos (necedad y escándalo) con los valores que suscita en los creyentes en Cristo Crucificado (Fuerza y Sabiduría de Dios). Indudablemente que, el Evangelio de Jesús es causa de contradicción. Jesús, muerto y resucitado, pone en cuestión la ley y las tradiciones sobre las que se sostiene la religión judía. Rompe esquema, desestabiliza estructuras, inaugura novedades inéditas en la forma de relacionarse con Dios y con los demás.

El Evangelio de Juan, es el Evangelio de los símbolos. Jesús, con un gesto simbólico, propio de los profetas, pone en cuestión la legitimidad de las instituciones religiosas judías. Inaugura una nueva forma de establecer una relación con Dios que libera y humaniza, en contraste con la religiosidad vigente que esclaviza y deshumaniza. Por eso, los dirigentes del pueblo no pueden soportar los gestos de Jesús que ponen en evidencia la falsedad de las instituciones y de las tradiciones, que ha perdido su sentido original de garantizar libertad y justicia para todos.

Jesús se manifiesta en esta escena del Evangelio, como aquel que tiene una sola cosa qué hacer: Cumplir la voluntad de su Padre y, por lo tanto, velar por todo aquello que está relacionado con Él. Por eso no aguanta que el Templo se hubiera convertido en lugar de comercio a costa de su Padre. Cuando lo que realizamos no es ocasión y lugar de encuentro con Dios, entonces convertimos nuestra vida en rutina y negocio. Jesús vino a desenmascarar una falsa religión, que en nombre de Dios, explotaba y marginaba a los pobres y desposeídos. La actitud de Jesús busca darle el puesto que se merece su Padre en el Templo. .

Los seguidores de Jesús, tenemos la misión de continuar desenmascarando aquellas estructuras jurídicas, sociales, culturales y religiosas que impiden que la relación con el Padre sea una relación que humaniza, libera y dignifica al ser humano. No podemos seguir separando lo religioso-espiritual de lo político-social. Son aspectos que están muy unidos en el Evangelio de Jesús. Lo que hacemos en Cuaresma vale poco si no logra transformar verdaderamente las intenciones del corazón, para vivir y celebrar una buena Pascua.

«Debo que amar a mi prójimo como la imagen de Dios y como el objeto de Su amor…debo que actuar de tal manera que todos amen a su Creador y uno al otro en caridad mutua por el amor de Dios, Quien los amó tanto que entregó a su propio Hijo a la muerte por ellos.» (SVdeP)

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