La imagen popular de las Islas Salomón es de un paraíso hermoso, virgen, con brillantes lagos esmeralda, dentados arrecifes de coral, junglas cargadas de orquídeas, atronadoras cataratas, cumbres arboladas y aldeas nativas sobre pilotes. Todo esto es verdad en gran parte, y produce una agradable sorpresa ver a la gente con su suave piel de color chocolate. En las aldeas del interior, las mujeres andan semidesnudas mientras que los hombres llevan su tradicional falda de esparto o «kabilato». Ellos y ellas ostentan desde la niñez tatuajes en la piel de sus rostros como distintivo de su identidad tribal.
La gente es amable, amistosa y pacífica pero las islas han padecido una historia violenta, con erupciones volcánicas, guerras entre tribus, comercio de esclavos y misioneros de tiempos atrás fueron cocidos y devorados por la gente del lugar. Esto les mereció el título de «terrible Solomons».
En la Segunda Guerra Mundial, una de las mayores islas y el mar que la rodea fueron escenario de una las batallas más feroces de la historia, dejando miles de Americanos y japoneses muertos. Monumentos de guerra a las dos partes dominan la capital de Honiara hoy , triste recuerdo del terrible conflicto que duró dos años enteros. Las palabras «Guadalcanal» y «Mar del Coral» recuerdan a los veteranos de guerra de todo el mundo aquellas horripilantes escenas, y restos de los barcos de los Estados Unidos y Japón hundidos yacen en el fondo del mar de Honiara en un área que se llama ahora «Iron Bottom Sound» (estrecho con fondo de hierro).
Las Islas Salomón forman arte de una cadena de mil islas que se extiende desde Papua Nueva Guinea a Fiji, conocida como Melanesia. Sus primeros habitantes llegaron desde Nueva Guinea, y los europeos no vinieron hasta 1568 cuando el explorador español Álvaro de Mendana de Neyra desembarcó aquí. Había leído una leyenda antigua incaica sobre «islas de oro» a 5000 kilómetros al oeste del Perú. Mendana las llamó «Islas del Rey Salomón» pero no encontró oro y aquellas gentes le trataron muy mal. Los españoles abandonaron las islas y como no supo situarlas bien en el mapa, nadie las volvió a encontrar hasta que llegaron los ingleses en 1767 y se establecieron aquí.
Se las tuvo por muy peligrosas sobre todo al comenzar el mercado de esclavos y los tratantes conocidos como «blackbirders» (caza mirlos) se llevaban a la gente a trabajar a Australia y otros países. Los del lugar respondían sacrificando, cociendo y comiéndose a todo el que pasaba por aquí incluidos los misioneros y los náufragos.
Las islas se convirtieron en protectorado inglés y así siguieron hasta la independencia en 1978 cuando se constituyeron en una Democracia Parlamentaria de la Commonwealth, en la cual el Gobernador General representa a la Reina Isabel II. Sin embargo el poder de tomar decisiones está en manos de un Primer ministro y del Parlamento nacional.
La mayoría de una población de 408.000 son Cristianos, lo cual no deja de sorprendernos al ver qué primitivas eran las creencias antes y qué violentos los habitantes entre sí y con los extraños. Los cristianos suman el 80% de la población. Los Anglicanos el 30%, el grupo mayor, seguidos de los Católicos con el 25%, los Adventistas del Séptimo Día con el 20% y después los Baptistas, los Evangélicos del Mar del Sur y otros grupos menores.
El Cristianismo con todo no ha logrado suprimir del todo las antiguas rivalidades entre islas y tribus; la violencia étnica estalló de nuevo en diciembre de 1998. Grupos armados rivales y étnicos, la Malaita Eagle Force (MEF), el Isatabu Freedom Movement (IFM) y el Royal Solomon Police Service han seguido peleándose durante mas de dos años. La situación empeoró en junio de 2000 cuando el MEF planeó un golpe, derribando al gobierno elegido. Un cese el fuego provisional tuvo escaso efecto sobre la violencia. Grupos armados quemaron a miles de ciudadanos fuera de sus casas. Murieron o fueron heridos civiles y combatientes, torturados, amenazados y hostigados. Para seguir las causas del conflicto será útil saber cómo se distribuye la población por las islas.
La mayor parte de los habitantes de las Islas Salomón están concentrados en dos islas –Guadalcanal y Malaita- y después de la Segunda Guerra Mundial, miles de Malaitanos se pasaron a Guadalcanal y hasta el día de hoy siguen sin resolverse las diferencias sobre la propiedad y uso de la tierra. Los invasores son más agresivos y hábies que los «atrasados» de Guadalcanal y esto también ha sido causa de peleas, resucitando la antigua envidia y rivalidad entre las dos islas.
Un tratado de paz se firmó en Townsville en Australia que suavizó algo la tensión, pero no se ha llegado a la entrega de las armas y a la composición de la fuerza de policía. Cuestiones de compensaciones y recolocación de los desplazados están todavía en marcha a la hora de escribir estas líneas (marzo, 2002), habiéndose formado un gobierno de libre elección. Solían conocerse como la «Islas Afortunadas», pero desde que comenzó la tensión este nombre significa poco. En los mercados públicos, las caras que antes eran sonrientes ahora se ven temerosas y sospechosas. Donde antes había confianza y espontaneidad, ahora hay nerviosismo y reserva.
Honiara es todavía un lugar seguro, ya que afortunadamente el conflicto no ha degenerado en limpieza étnica como en Rwanda o Kosovo o en Timor Oriental, ni ha habido aparición de criminales ilegales como los que infestan la capital de Papua Nueva Guinea, Port Moresby.
Este es el escenario en el que acaba de implantarse la Misión Vicenciana, siguiendo las huellas de los misioneros católicos que evangelizaron por primera vez a las gentes de aquí hace tan sólo cien años. Los primeros fueron los Maristas franceses seguidos por sus cohermanos de nueva Zelanda, Australia y los Estados Unidos. Más tarde los Dominicos trabajaron en la parte occidental de las islas y más recientemente se unieron a éstos la Sociedad Misionera de las Filipinas y los Salesianos. Tres son las diócesis: la Archidiócesis de Honiara con 12 sacerdotes diocesanos nativos; la Diócesis de Auki en Malaita con 15 y la de Gizo en el oeste con dos.
Los Maristas no envían ya más misioneros y de momento no tienen seminaristas en formación; de los que quedan, unos van envejeciendo y otros están retirados. Existen muy pocas vocaciones a la vida religiosa, pero hay un buen número al sacerdocio diocesano. El celibato parece un reto demasiado fuerte para muchos jóvenes y por la escasa resistencia al alcohol abundan los problemas con la bebida. Esto unido a las diferencias de cultura, al escaso nivel de educación y a la pobreza de las familias de seminaristas, constituye una ardua labor para los formadores.
La Congregación de la Misión llegó aquí en 1993 y fueron recibidos con entusiasmo los primeros en llegar. El P. Marcelo Manimtim de Filipinas y el P. Tom Hynes de EE.UU. como pioneros. Antes de encargarse del trabajo de formación pasaron año y medio en una parroquia en Takwa al norte de Malaita, para familiarizarse con la cultura y la lengua. En 1995 se trasladaron a un centro de ministerio laical Nazareth Apostolic Centre (NAC) en Guadalcanal donde se les juntó el P. Stanislaus Reksosusilo de Indonesia. El centro preparaba a líderes y catequistas seglares, pero a la vez servía de seminario menor hasta que llegó el nuevo seminario. Los PP. Marcelo y Tom se las tuvieron que ver con los arquitectos y constructores para construir el nuevo Holy Name of Mary Seminary. Con la paciencia por los retrasos y algún desacuerdo sobre los contratos llegaron a concluir un conjunto de edificaciones prácticas y duraderas. En 1997 estudiantes y Padres se trasladaron al nuevo seminario. El complejo se extiende por un amplio campus con 14 estructuras distintas: 4 casas para el personal, 4 dormitorios de estudiantes con 6 habitaciones de estudio cada uno; una capilla, biblioteca, tres aulas y una cocina/comedor. El P. Marcelo implantó un programa de estudios junto con las actividades espirituales y pastorales, para desarrollo de todo el potencial de cada miembro de un grupo con habilidades tan diferentes. El P. Tom, con su gran devoción a nuestra Señora y a la Florecita, será siempre recordado con afecto por todos los que le conocieron.
En 1999, el P. Tom Hynes regresó a los EE.UU; le sucedió en el puesto el P. Rafael Sukaldito, quien fue director espiritual y organizador de las actividades pastorales dejando una impresión tan buena que aun hoy los seminaristas pueden recordar muchas de sus conferencias y homilías; contribuyó enormemente a la vida social del nuevo seminario y a la buena forma de los estudiantes construyendo una pista de tenis. Quien se enfrentaba a él en la pista se encontraba con un temible adversario. Como hombre de comunidad era amable y sencillo y todo un artista con la cocina de gas. Lo mismo que nos agasajaba con una excelente comida filipina nos machacaba luego en la pista de tenis! Su visita a Filipinas en mayo de 2000 coincidió con la subida de tensión aquí que condujo al golpe de junio. Se cancelaron todos los vuelos a las islas, de manera que se quedó a la espera en Australia donde enfermó, de algo que en un principio parecía una simple infección.
Tristemente era algo mucho más serio, y nosotros perdimos a un valioso miembro de la comunidad en julio. Los cohermanos de Australia se portaron muy bien con él en su última enfermedad. Descanse en paz.
Un poco antes de la enfermedad de Raffy, amanecía el nuevo milenio con el regreso del P. Reksosusilo a Indonesia. Se le recuerda como brillante filósofo de ideas claras; como administrador del seminario tuvo que hacer equilibrios entre la buena alimentación de los seminaristas sin pasarse de presupuesto. Fue reemplazado por al P. Jack Harris de Irlanda con dotes especiales en comunicaciones, trabajo en los medios e ingeniería electrónica
Hasta hoy ha mejorado las instalaciones eléctricas construyendo una pequeña central y ha introducido a los seminaristas en programas religiosos de la radio nacional.
Apenas había transcurrido un curso cuando se agravó la situación étnica y se tuvo que cerrar el seminario. Los PP. Jack y Marcelo se quedaron para defender el seminario mientras asistíamos a lo que nos parecía la Tercera Guerra Mundial muy cerca de nuestra puerta. Hubo muertes y mutilaciones espantosas por allí, pero nos libramos. Sin luz, con muy escasa alimentación y disponiendo de mucho tiempo, pero a Dios gracias sobrevivimos a todo aquello y nuestros seminaristas se emplearon en trabajos de pastoral en sus casas bajo la dirección de los sacerdotes del lugar.
Después llegó el P. Marek Owsiak de Polonia en enero de 2001 para poner en marcha y dirigir el programa especial para el Año Espirtual y supervisar la dirección espiritual del resto de los estudiantes. Es joven y activo, y para él hacer diez kilómetros es poca cosa. Lanzó el Programa del Año Espiritual para estudiantes que habían hecho un año o dos en Bomana en Papua Nueva Guinea. Éstos nos llegaron al seminario, pero el resto de nuestros estudiantes se quedarían en sus aldeas durante unos meses más hasta que la situación se calmó.
Al comenzar el nuevo curso contamos con el P. Agustinus Marsup de Indonesia quien, al igual que el P. Rekso, es filósofo y como el P. Raffy es un brillante cocinero. Es director de estudiantes y coordina a la vez su trabajo pastoral. Corre también con el ingrato trabajo de administrador para dar satisfacción a un grupo de diferentes países y de diferentes gustos, y la verdad es que lo hace con admirable eficacia.
El mandato del P. Marcelo se acabó en 2001 y se volvió a Filipinas después de haber puesto en marcha el curso y supervisado el desarrollo de sus estructuras y programas. No buscó un sistema de educación excesivamente reglamentado, sino un entorno de confianza y animado, en el que los estudiantes tomaran parte y se sintieran implicados, de manera que se responsabilizaran de su crecimiento en madurez y relación con Dios. Llegó a crear un ambiente feliz, bien integrado y organizado, en el que las futuras necesidades de la Iglesia en esta parte de Melanesia estuvieran en buenas manos. Su puesto fue ocupado por su cohermano filipino P. Frank Vargas que ha continuado las estructuras que Marcelo puso en marcha; su llegada ha coincidido con una reducción de la tensión étnica y un crecimiento del número de seminaristas sin precedentes. Todas las plazas están ocupadas con los 28 seminaristas, cinco de los cuales están en el Spirituality Year y viven con su director el P. Marek en una casa en NAC. Los locales están al completo, pero en nada ha cambiado la atmósfera relajada y entusiasta.
El trabajo de formación constituye todo un reto dadas las diferencias culturales y complejas aptitudes de nuestros estudiantes que llegan de una amplia variedad de ambientes académicos y religiosos. Hemos de ser sensibles a la cultura nativa y tratar de comprender las costumbres locales para ganarnos la confianza y espontaneidad de los isleños. La enseñanza lleva paciencia, pero ellos tienen las mejores disposiciones para aprender. Son maduros y se relacionan fácilmente con la autoridad, así que la disciplina no es problema, pero un aspecto de la cultura Melanesia puede desconcertar un poco. Y es la tendencia a querer agradar siempre, y a no decir nada que ellos crean que no podría ser aceptable. Con frecuencia te dirán lo que creen que tú quieres oír, antes que lo que ellos piensan o quieren hacer!
El seminario forma en el verdadero sentido una comunidad o una familia, asimismo tenemos una comunidad de hermanas nativas, una sola hermana de una comunidad internacional y una familia que vive en el campus. Las hermanas se llaman Daughters of Mary Immaculate, fundadas por un obispo Marista en las islas en 1931. Nuestras hermanas se ocupan de atender a los estudiantes y a los cohermanos, contribuyendo no poco a la dirección de los estudiantes por su conocimiento de primera mano de la cultura y costumbres locales. También el hombre casado que lleva el mantenimiento y vive en el recinto del seminario con su esposa e hijos. La otra hermana es Marista (SMSM) y pertenece al profesorado; lleva la biblioteca y los cursos de orientación; enseña Escritura y teología general.
La formación del seminario aquí dura siete años. Los estudiantes de las tres diócesis pasan tres años en este seminario donde cursan la filosofía y la teología. Luego siguen aquí su año espiritual antes de ir a Bomana en Port Moresby, Papua New Guinea, para los tres últimos años de formación antes de la ordenación de diáconos y sacerdotes. Encontrar profesores para el seminario de Bomana ha sido un problema durante años dándose el caso de que un sacerdote desempeñaba el puesto de rector, procurador y decano de los estudiantes sin nadie que se ocupara de sus necesidades espirituales.
El apostolado de la formación que realiza la Congregación de la Misión está siendo una parte fundamental de la Iglesia en Melanesia y sin duda será de gran ayuda para construir, y quizás también para salvar, el futuro de la Iglesia en esta parte del mundo. Por ahora, ninguna provincia se responsabiliza de la misión en las Islas Salomón, de modo que el destino para trabajar aquí depende de los que se ofrezcan voluntarios. La duración del destino es indefinida, dependiendo de la voluntad, la salud y capacidad de resistir los desafíos del trabajo.
Artículo del P. Raphael Sucaldito, c.m.(dos años antes de su muerte, en 2000), editado y actualizado ahora por Jack Harris, c.m
Traducción de Máximo Agustín,c.m.






