(08.12.59)
(Distribución del día, art. 16 Y 17)
Nuestro venerado padre, después de haber invocado al Espíritu Santo según costumbre, empezó con estas palabras:
¡Bien! ¡Bendito sea Dios, hijas mías! In nomine Domini! Vamos a continuar de corrido con la lectura de vuestras reglas.
Mirad lo que dice este artículo en relación con el rosario: «Además de esto se rezará el rosario distribuido en varias veces, etcétera».
Ya sabéis la importancia que tiene hacer bien esta oración, ya que de todas las oraciones solamente ésta, o sea el Padrenueslro, fue la que enseñó Nuestro Señor a los apóstoles; y es esta misma oración, al menos en su parte principal, la que compone el rosario. «Cuando recéis, les dijo, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, etcétera» (1). Imaginémonos, mis queridas hijas, que está en medio de nosotros y que nos dice lo mismo
La otra oración de la que está compuesto el rosario es el Avemaría, que fue hecha por el Espíritu Santo. La empezó el ángel al saludar a la santísima Virgen y la continuó santa Isabel cuando fue visitada por su prima; la Iglesia añadió todo lo demás. De forma que esta oración está inspirada por el Espíritu Santo.
Así pues, hijas mías, el rosario es una oración muy eficaz, cuando se hace bien. Hace cuatrocientos o quinientos años que Dios inspiró a santo Domingo que predicase su práctica. Como aquel buen santo veía al mundo lleno de pecados, creyó que, si podía enseñar esas dos oraciones al pueblo, haría algo muy agradable a Dios; y así empezó él primero, y luego todos sus hijos, a enseñarlo por todos los lugares por donde iban. De forma que los papas, viendo la importancia de que esta oración se extendiese entre los cristianos, especialmente entre el pueblo sencillo, concedieron indulgencias a quienes rezaran el rosario. Por eso vemos a tantas almas santas unidas para alabar a Dios y a la santísima Virgen. Y está bien ordenado que a cada hora del día hay algunas que rezan el rosario. Y esto lo han encontrado tan hermoso lo mismos turcos que también ellos llevan un rosario a veces al cuello y otras veces en el cinturón.
¿Y sabéis cómo dicen ellos el rosario? No dicen como nosotros el Padrenuestro y el Avemaría, puesto que no creen en Nuestro Señor y no lo consideran como señor suyo, aunque le respetan mucho a él y a la santísima Virgen hasta el punto de que, si oyeran a alguien blasfemar contra Jesucristo, le darían muerte. Ellos toman el rosario y van diciendo: «Allah, Allah; Dios mío, Dios mío, ten piedad de mí; Dios justo, Dios misericordioso, Dios poderoso». Esos son los epítetos con que le invocan.
Pues bien, si los turcos tienen esa especie de devoción o de rosario, ved si no es razonable que tengáis mucha devoción a la santísima Virgen.
Se os señalan diversas horas para rezar el rosario; se ha hecho así para que no estéis mucho tiempo ocupadas en él y no faltéis al servicio de los pobres. Tenéis que rezar una decena por la mañana después de la oración, dos en la iglesia y las otras dos después del Angelus del mediodía o de la tarde.
Así es, mis queridas hermanas, como tenéis que rezar el rosario; y tenéis que tener cuidado de cumplir bien con lo mandado; es vuestro breviario. Por eso tenéis que poner mucho interés en rezar el rosario. Así como todos los sacerdotes tienen que rezar el breviario por la intención de la Iglesia, también vosotras tenéis que rezar el rosario por la intención de la Compañía, para que Dios la santifique y bendiga sus trabajos y todo lo que haga en el servicio del prójimo. Los sacerdotes no se cargan con ninguna otra oración que perjudique a la obligación de rezar el breviario; tampoco vosotras tenéis que tomar más oraciones que os quiten tiempo para rezar el rosario. Y lo mismo que los sacerdotes tienen que poner mucha atención en el rezo del breviario, también vosotras tenéis que rezar el rosario con atención, con devoción y con reverencia, para obtener de Dios, mediante las oraciones de la Santísima Virgen, las gracias que necesita la Compañía para serle agradable. Esta es, hijas mías, la forma con que tenéis que rezar esta oración, que es tan agradable a Dios y a la santísima Virgen. Por consiguiente, tomad la resolución de no faltar nunca a ella.
«17. En los domingos y fiestas guardarán el mismo orden que en los demás días laborables, con la excepción de que el tiempo que en esos días se emplea para el trabajo manual se ocupará en ejercicios espirituales, como la lectura de libros de devoción, etcétera».
Este artículo, hijas mías, os señala cómo habéis de emplear las fiestas y los domingos. No os lo explicaré. Os lo enseñará la lectura de vuestras reglas, si se imprimen. Entretanto exhorto a nuestras hermanas a que se ejerciten en hacer bien el catecismo. Si las que están en las parroquias saben de algún sitio donde se haga bien, tienen que preocuparse de ir a escucharlo, cuando sea posible. En cuanto a la asistencia a las hijas de la Cruz y a las Ursulinas, ya pensaremos con el tiempo si será conveniente permitir que vayáis. Hemos de procurar formaros bien para que tengáis el catecismo con los niños.
Ruego a Nuestro Señor que os bendiga v os llene de su espíritu, para que en adelante viváis de ese mismo espíritu, humildes y obedientes como él. Así es, mis queridas hermanas, como podréis vivir de su vida. Salvador mío, te pido que estas hermanas no vivan más que de tu vida por la imitación de tus virtudes. Hijas mías, para obtener esta gracia recurramos a la Madre de misericordia, la santísima Virgen, vuestra gran Patrona. Decidle: «Puesto que esta Compañía de la Caridad se ha fundado bajo el estandarte de tu protección, si otras veces te hemos llamado Madre nuestra, ahora te suplicamos que aceptes el ofrecimiento que te hacemos de esta Compañía en general y de cada una de nosotras en particular. Y puesto que nos permites que te llamemos Madre nuestra y eres realmente la Madre de misericordia, de cuyo canal procede toda misericordia, y puesto que has obtenido de Dios, como es de creer, la fundación de esta Compañía, acepta tomarla bajo tu protección». Hijas mías, pongámonos bajo su dirección, prometamos entregarnos a su divino Hijo y a ella misma sin reserva alguna, a fin de que sea ella la guía de la Compañía en general y de cada una en particular.







