Vicente de Paúl, Conferencia 097: Repetición De La Oración Del 23 De Septiembre De 1657

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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MUERTE DE VARIOS SACERDOTES DE LA MISION EN GENOVA

El padre Vicente deplora la muerte de varios misioneros atacados por la peste en Génova y hace el elogio de cada uno de ellos.

En la repetición de la oración, el padre Vicente dijo, entre otras cosas, que había que tener mucha confianza en Dios y recurrir frecuentemente a él; porque el hombre decía ¿verdad que no es más que pecado, suciedad y miseria? Tomó la ocasión de hablar de esto al ver que un hermano estudiante, que había repetido su oración, no había recurrido suficientemente a Dios y se había detenido demasiado en raciocinios, sin haberse aficionado demasiado a la virtud ni haberle rezado mucho a Dios, recurriendo a él en su oración.

Y a continuación dijo: a propósito de la confianza en Dios, tenemos muchos motivos para pedirle que llene de ella a la compañía por el siguiente motivo que os voy a decir. Su divina Majestad ha querido por fin quitarnos a ese hombre tan grande y tan santo que fue el padre Blatirón, del que tantas veces habéis oído hablar; era un hombre apostólico por el que Dios ha hecho muchas y muy grandes cosas: Dios nos lo ha quitado. También nos ha quitado al buen padre Duport, al buen padre Tratebas y algunos otros. En fin, no os diré cuantos han sido los que hemos perdido; será mejor, y más breve, que os diga  cuantos han quedado vivos, suponiendo que no los haya llamado Dios después de las noticias que hemos recibido de Roma, ya que de Génova no hemos tenido ninguna noticia desde hace cerca de dos meses. Quedan el padre Simón y el padre Le Juge, que tuvo la peste, pero que se curó, gracias a Dios. Es un buen sacerdote italiano. Quedan en el seminario un sacerdote italiano y tres clérigos, entre los cuales, según creo, está el hermano Pinon. Así pues, quedan en el seminario cuatro personas, suponiendo que no haya caído ninguno después de las últimas noticias recibidas, como acabo de deciros. En cuanto a los hermanos coadjutores, ha muerto uno y quedan tres, entre ellos el hermano Rivet. Esta es, padres, la situación en que Dios ha querido que quede esta casa de Génova afligida por la peste.

El padre Blatiron, ¡qué gran pérdida! Aquí lo vimos convertido en un vecino de la enfermería durante tres o cuatro años; pero luego ya sabéis lo que hizo y cuántas conversiones ha logrado Dios por medio de él. ¡Hasta bandidos! Es algo inaudito que se hayan convertido los bandidos. Nunca sus conversiones habían sido tan frecuentes como desde que llegaron a Italia los sacerdotes de la Misión. Los bandidos, esos ladrones del bosque, son personas que hicieron alguna fechoría en sus ciudades o aldeas y se han refugiado en el bosque. Pero cuando estos padres fueron a tener la misión en alguna aldea o villorrio, cerca del bosque, algunos de aquellos bandidos se convirtieron y se reconciliaron con los parientes de aquellos a quienes habían asesinado, y estos parientes con ellos; todo esto gracias a la misión. Actualmente, respecto a los misioneros que están en Turín, Dios bendice tanto sus misiones, que es una maravilla. Me dice que van a comenzar una misión en una ciudad que pertenece a la señora Royale: en esa ciudad hay mucha nobleza, y muchas divisiones y desórdenes; la señora Royale ha hecho todo lo que ha podido para acabar con esta situación y poner un poco de orden, pero sin conseguir nada hasta el presente a pesar de los medios utilizados. Y finalmente le han dicho: «Señora, si quiere usted remediar esto, es preciso que envíe a los sacerdotes de la misión a misionar allí. Parte de esa misma nobleza que hay en la ciudad solicita esta misión».

Pues bien, volviendo a nuestro padre Blatiron, un hombre que estaba siempre trabajando, me extraño cómo ha podido resistir; un sacerdote cuya mirada inspiraba por sí misma una gran veneración y respeto a su persona. Les aseguro, padres, que cuando yo lo miraba, sentía en mí cierto respeto y reverencia ante aquel hombre de Dios.

Y los padres Duport, Tratebas y Ennery, que trabajaban con tanta bendición de Dios. ¿Qué diremos de ellos? No hablemos solamente del bien que hicieron, sino también del mal que pudieron hacer: ¿habéis visto alguna vez en ellos algo malo? De mí os confieso que nunca he oído o advertido nada malo en ellos. Bien, roguemos a su divina Majestad que acepte disponer de otros para ocupar sus puestos. ¿Cuántos Blatiron encontraremos? ¿Donde encontraremos nuevos Duport, Ennery y Tratebas? ¡Quiera la bondad de Dios escoger él mismo las personas que desea enviar para ocupar sus puestos, y que él las anime con el mismo espíritu! ¡Confianza, padres, tengamos mucha confianza en Dios! Espero que él nos ayudará y nos dará la gracia de corresponder a los designios que tiene sobre esta pequeña compañía. Espero que no habrá ni uno solo que no esté dispuesto a ir adonde se le mande; gracias a Dios, ya hay algunos que se han ofrecido a ello, incluso de los de fuera, que me han escrito y que, estoy seguro, partirían inmediatamente tras la sola indicación de vade.

Bien, le doy las gracias a Dios por haber concedido a toda la compañía esta disposición; pues quiero esperar que todos cuantos somos tenemos esta misma disposición; y si nos dijesen: «Venga usted acá», «vaya para allá», estaríamos dispuestos a obedecer. ¡Bendito sea Dios!

Le pido a la compañía, en primer lugar, que dé gracias a Dios por las que les concedió a estos buenos difuntos; y después, que pidamos al Señor que, si por ventura alguno de ellos. estuviese todavía en el purgatorio, lo libre de él por su santa misericordia.

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