25 marzo 1650.
Si la casa de Roma está huérfana, como usted dice, por la ausencia del padre Dehorgny, Nuestro Señor será su padre, su consejo y su protector; no dude de ello y redoble su confianza en su bondad; déjele hacer a él; él mismo será esa persona de virtud y de maña que cree usted necesario que pongamos en lugar de usted. Ya sabe usted, padre, que el éxito de los negocios depende completamente de él, y sé que, si hubiera dependido de nosotros, lo que usted ha emprendido hubiera salido muy bien ya que ha puesto usted en ello toda la precaución, el cuidado y la diligencia que podía esperarse de una persona virtuosa. Las obras de Dios no se hacen cuando nosotros queremos, sino cuando él quiere. ¿Cree usted que los jesuitas se descuidaron, cuando vinieron a París, en obtener pronto el permiso de establecerse aquí? Ni mucho menos; pero tuvieron que esperar cuatro años a que se atendieran sus solicitudes. Los padres del Oratorio llevan mucho tiempo en Roma; ¿han podido ya obtener acaso una fundación propia, por pequeña que sea? No, siguen en San Luis, pero sujetos a la cofradía. Dios retrasa a veces el final de un santo propósito para hacer que merezcan esa gracia los que lo han hecho, con la dureza de su trabajo, su paciencia y sus oraciones. Por eso le ruego que no cese usted en sus esfuerzos. Aunque tarde un poco, ya dará a conocer su voluntad, si esperamos con resignación el resultado.







