4 febrero 1650.
Envié su carta al padre… Está muy bien lo que le dice usted de Florencia. Dios nos ha concedido hasta ahora la gracia de no buscar ninguna fundación directa ni indirectamente; si la compañía me hace caso, se conservará fiel a esta norma; pues, si somos buenos, nunca nos faltarán; y si no lo somos, ya tenemos demasiadas; además, apenas podemos atender a las pocas casas que tenemos. Me han dicho que el señor obispo de Toulouse está esperando desde hace tiempo que le muestre algunos deseos de que la compañía trabaje en su diócesis, para admitirnos en ella y entregarnos la dirección de su seminario; pero me guardo mucho de dar la menor señal de querer ir. Su hermano estuvo aquí hace unos días y me habló mucho de ello, pero yo no quise hablar expresamente. Es menester que la Providencia nos llame y que nosotros]a sigamos, para proceder con seguridad.







