Vicente de Paúl, Carta 1136: Al Marqués Desportes

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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Último día del año 1648.

Padre:

La carta que me hizo usted el honor de escribirme es digna de un alma verdaderamente cristiana como la suya. No puedo expresarle cuán edificado he quedado de sus sentimientos por la prelatura y por sus disposiciones sobre la pensión, por la que procuraré hacerle todos los servicios que pueda. Me obliga doblemente a ello el buen uso que desea hacer con la misma. Veo,. sin embargo, dos dificultades: la primera, que sólo se les da pensiones eclesiásticas a los que son eclesiásticos, llevan el hábito y viven efectivamente conforme a ese estado. Sé muy bien que tiene usted el espíritu eclesiástico y que esta dificultad no rige en su caso. Pero hay otra segunda, que hay que tener en cuenta: que la reina y el señor cardenal se ven tan asediados por solicitudes de todas partes que no tienen ninguna libertad para considerar cuáles son los que más lo merecen. Se les arrancan las pensiones y los beneficios y se les impide disponer a su gusto de ellos. No dejaré de hablarles de usted en la ocasión y de la forma que Dios me depare. La verdad es que su nombre es demasiado ilustre y sus méritos de sobra conocidos para tener que proclamarlos, y quizás la estima en que Su Majestad y Su Eminencia le tienen les obligará a contentarle a usted antes de lo que espero. Ruego a Nuestro Señor que así sea.

Ha querido su divina bondad llevarnos al buen señor de Fargis, un año después de habérnoslo dado, falleció el 19 de este mes. En su muerte y en su vida demostró un gran desprendimiento y una gran entrega a Dios. Fue para todos un gran ejemplo mientras tuvimos la dicha de tenerlo entre nosotros, de forma que no le visto jamás cometer un pecado venial. Encomiendo su alma a sus oraciones y ruego a Nuestro Señor que santifique a la de usted cada vez más. No dudo de su afán en imitarle en su retiro, si le fuera posible, pues creo que vive usted tan piadosa y religiosamente como si estuviera en el claustro. ¡Dios mío! ¡Qué bueno es disponerse de este modo a la eternidad dichosa, en cuyo amor soy, padre, su seguro servidor,

VICENTE DEPAUL

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