24 abril 1648.
Le ruego que termine todos los tratos con los señores administradores del hospital antes de su regreso. Según veo, ya no habrá grandes dificultades. Ya están de acuerdo en que nos quedemos con toda la dirección espiritual, y en esto se conforman con los del Hôtel-Dieu de París, que sólo se ocupan de lo temporal, dejando lo demás en manos de los padres de Nuestra Señora, aunque ellos no atienden personalmente al Hôtel-Dieu sino por medio de otros, contentándose con delegar a uno de ellos para que vea si todo va bien. Nosotros haremos lo mismo y le aseguro al señor de la Coste que nunca he pretendido hacer otra cosa, ya que el servicio de los hospitales no se compagina con nuestras funciones. Pondremos sacerdotes externos en el de los forzados, eligiéndolos de los seminarios, y uno de los nuestros velará por ellos y trabajará a su lado.







