14 junio 1647.
Según su carta, no podemos considerar a los padres… y… más que como personas que se han dejado llevar por la tentación y en las que no se puede confiar, ya que el primero tiene el veneno de los bienes temporales en el corazón y el otro sufre la corrupción de la carne y de la sangre. Pongámoslo todo en manos de Dios y quedemos en paz.







