Me dice usted, padre, que siempre ha tenido que decir algo en contra de las visitas que se llevan a cabo en la compañía, y de la manera de hacerlas. Le ruego con toda humildad que tenga a bien escuchar las razones que la compañía ha tenido para obrar de ese modo.
La primera es que las visitas que hacen o mandan hacer los que sirven al general de una compañía, se hacen por cumplir con las órdenes de la Iglesia, que ha mandado que todos los obispos visiten todas sus iglesias de vez en cuando y que las hagan visitar por sus arcedianos todos los años y con mayor frecuencia por los arciprestes rurales;
2.° Que todas las órdenes y comunidades bien ordenadas mantienen esta práctica;
3.° Que la mayor parte de las mismas reconocen, como los cartujos, que una de las principales razones por las que no tienen necesidad de reforma es porque en esta orden se hace la visita todos los años;
4.° Que la experiencia nos demuestra que una de nuestras casas estaba casi trastornada en su disciplina, y varias de ellas en lo que se refiere a las buenas costumbres, y que sólo una visita ha podido remediar esa desgracia, de forma que ahora no hay en la compañía ninguna que vaya tan bien como aquella casa;
5.°’ Que esta misma experiencia nos hace ver que todas las casas sacan provecho de la visita, gracias a Dios, más o menos, según que los superiores son más o menos fieles en observar por sí mismos y en hacer observar a los demás las normas que el visitador les ha dado;
6.° Que la mayor parte de las casas insisten en que vayan a visitarlas, cuando se ha pasado el tiempo en que debería haberse hecho la visita;
7.° Que los superiores particulares piden las visitas, para que la comunidad en general y cada uno de sus miembros en particular se unan más a él y a sus órdenes después de la visita;
8.° Que las comunidades respiran después de la visita, porque esto modera el calor y robustece a los superiores que no tienen bastante fuerza para reprimir la audacia de algunos; a ello se añade además que, si hay alguno en la comunidad que moleste a los demás, puede ponerse remedio a una parte de su mal humor, o librar de él a la comunidad, enviándole a otro sitio, donde quizás lo haga mejor;
9.° Que por medio de la visita vuelven a restablecerse todas las reglas, o casi todas, si es que no lo estaban anteriormente;
10.° Que si había enemistad entre algunos, vuelve a reinar la caridad entre todos los hermanos;
11.° En una palabra, puede decirse que las visitas debidamente hechas hacen lo mismo que el sol, o sea, iluminan; y las visitas hacen ver todas las faltas de la comunidad a quien está allí para poner remedio. El sol además calienta, y la visita inflama a las personas visitadas, en un amor más intenso de Dios y del prójimo, en un mayor aprecio de su vocación y en el cumplimiento de las reglas. Y lo mismo que el sol derrama sus influencias sobre todas las criaturas, también puede decirse que la visita aprovecha a toda la familia visitada.
Sí, me dirá usted, pero me parece que esos efectos no se aprecian en todas partes. Le responderé que eso es cierto en las casas donde los superiores y los inferiores no tienen la debida disposición para merece la gracia de esta santa acción, pero que donde los superiores tienen bastante humildad y celo, la visita obra maravillas, tal como nos lo demuestra le experiencia.
No es que condene las visitas, me dirá usted, sino la manera como las hacen algunos de la compañía. ¡Bendito sea Dios, padre, si no tiene nada en contra de las visitas, sino más bien contra la forma de hacerlas! Veamos cómo se hace.
Se empieza este acto con una predicación que tiende a que todos se preparen bien para la visita;
2.° Cada uno va diciendo en secreto al visitador sus propias faltas, las de la comunidad en general y las de cada individuo, en quien se hayan observado algunas de ellas;
3.° Cuando todos han hablado con él, el visitador advierte a la comunidad en el capítulo las faltas que ha observado en ella, y se las dice a cada uno de sus miembros en particular;
4.° A continuación, da las normas necesarias para impedir que se vuelva a caer en dichas faltas y para inducir a todos a obrar el bien que se necesita realizar.
¿Qué hay de malo en todo esto? Si no tiene usted nada que replicar en contra de esta forma de hacer las visitas, quizás encuentre algo que decir en la ejecución y en las normas de los visitadores; pues sobre la exhortación y las advertencias, estoy seguro de que le parecerá todo bien.
A propósito de la ejecución o información secreta, no hay ninguna comunidad donde no se practique y los señores obispos les preguntan públicamente a los párrocos y al pueblo recíprocamente sobre sus defectos. Y también los señores obispos y los visitadores de las comunidades dan normas oportunas a los unos y a los otros. De qué servirían las visitas, si no se dieran estas normas? Los médicos, después de haber curado a un enfermo, le indican un régimen de vida para que evite caer de nuevo en la misma enfermedad.
Sí, pero a veces los visitadores dan normas que disminuyen la autoridad de un superior para elevar la de la comunidad, como por ejemplo, dándole a un superior un monitor y algunos consultores o cuando no le dejan escoger por sí mismo a sus consultores sin el parecer del general o del visitador, cuando el general no los ha nombrado expresamente. Le responderé que, si los superiores fuesen impecables e infalibles en sus determinaciones, no sería necesario obrar de esa manera; pero que, como están sujetos al pecado y a cometer faltas y no tienen siempre el discernimiento necesario para actuar sin consejo de nadie, no es justo que se queden sin un monitor y sin algunas personas de quienes puedan aconsejarse. Y el propio general tiene también su monitor, su confesor y sus consultores, que le ha dado la compañía, sin escogerlos él por sí mismo.
Por lo demás, padre, ya he visto las normas que el padre Portail les ha dado para su casa, que me parecen muy bien, teniendo en cuenta la situación de su casa y las personas que la componen. Por eso mismo le ruego, por las entrañas de nuestro señor Jesucristo, que no solamente se convenza de la importancia de las visitas de la forma en que se llevan a cabo, sino además que observe esas normas y las haga observar con toda fidelidad. Esté seguro de que, si así lo hace, Dios bendecirá y santificará cada vez más su gobierno.







