París, jueves, 10 de la noche, 3 de mayo [de 1646]
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Las hermanas de la Caridad, por cuyo medio le escribo, saldrán mañana por la mañana para Le Mans; y como no he visto ni he recibido su carta del día 29 hasta hace unos minutos, después de haber dado las nueve, no podré contestar tan ampliamente a ella hasta pasado mañana, por medio del mensajero, que también llegara a esa antes, o casi al mismo tiempo, que el coche.
No esperaba usted más que tres hermanas, y he aquí que la señorita Le Gras le manda cuatro, Todas ellas me han dado mucho consuelo, más del que podría expresarle, por las buenas disposiciones que tienen para este viaje; espero que Dios bendecirá esta fundación y les concederá la gracia de corresponder debidamente a los deseos que ahora tienen de hacerlo bien. No tengo nada que decirle para su gobierno especial, a no ser que hay que buscarles un buen confesor, que sea muy espiritual, prudente y de edad. que quiera aceptar la forma de dirigirlas que les es propia, y que usted hará el favor de explicársela bien; uno que no les hable solamente de pasada, pero tampoco que se ponga a hablar con ellas fuera de la iglesia.
Me agrada mucho saber que el hermano Testacy se encuentra mejor; pero, ¡Dios mío!, cuanto me preocupa su viaje, ya que va a realizarlo sin mucha necesidad y en contra de la costumbre de la compañía. Pero, en fin; él se ha decidido a hacerlo; in nomine Domini, le podrá llevar usted consigo hasta La Rose y proporcionarle un compañero para que lo lleve a su país, donde no es preciso que se quede más de quince días. Entonces, el hermano Rivanaigre podrá quedarse en casa y el padre Brin que siga encargándose de los seminaristas, si puede hacerlo, ya que lo ha empezado.
Le comunicaba en mi carta anterior que no creía oportuno prestar tan pronto el dinero con intereses, para no dar que hablar a la gente. Pero, como le urgen tanto para la retroventa, qué se le va a hacer, busque usted la manera de contar con alguien para satisfacer las necesidades más urgentes; pero que sea de la forma más oculta que sea posible.
No es conveniente que el padre Gallais vaya a predicar a las parroquias para fundar allí la Caridad. Usted sabe cómo lo hago yo en París. Procuro ganar y formar a las damas en particular. Si él puede hacer lo mismo, será lo mejor.
Le doy las gracias por los, papeles que me ha enviado, ya que me ha dado usted con ello una gran satisfacción; procuraré verlos, si Dios quiere, mañana mismo para mi consuelo. Ya he sentido esta misma tarde bastante consuelo al haber visto por su carta los frutos que nuestro Señor saca de los trabajos de ustedes y los que cabe esperar en el futuro, que serán todavía mayores, si saben ser fieles a los deseos de Dios. Ruego a su divina bondad que les conceda esta fidelidad, para que sea glorificado en ella, y le pido también a usted que busque cada vez más su fuerza y su espíritu. Le pongo a usted en sus divinas manos con toda la intensidad de mi alma, ya que la suya esta siempre presente en mi afecto y mi cariño.
Iba a poner punto final a esta carta; pero, antes de ello, me he acordado de las pobres hermanas de Angers, y le ruego que vaya a visitarlas de pasada. Sentirán una alegría al verle y quizás tengan necesidad de esta visita. Así lo espera también la señorita Le Gras, que aguarda con todo su corazón la llegada de esas dos hermanas que usted nos envía. Que Dios conduzca a las unas y a las otras y me conceda a mí la gracia de ser, tal como lo deseo, su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL
Indigno sacerdote de la Misión
El padre Gallais podrá hacer que tenga otro la predicación de la Caridad en la ciudad y dedicarse a disponer a las damas y a instruirlas en casa de los señores párrocos. En París no se predica para eso. Anteayer fundé de esta manera la Caridad de Saint-Jacques-du Haut-Pas, en el arrabal de Saint-Jacques.
Dirección: Al padre Portail, sacerdote de la Misión, en Notre-Dame-de-Coeffort, en Le Mans.







