Vicente de Paúl, Carta 0784: A Lamberto Aux Couteaux

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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París, 18 de abril de 1645.

Padre:

¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!

Estas líneas son únicamente para comunicarle que ha aumentado desde hace poco el número de misioneros de nuestra casa del cielo por la bienaventurada muerte de uno de nuestros estudiantes, el buen hermano Jamain, natural de Verdun, a quien Dios ha hecho dejar la teología escolástica para que aprenda en un momento la celestial. Su vida ejemplar y su santa muerte nos hacen creer piadosamente que está gozando ya de la feliz inmortalidad de los santos. No es mi propósito entrar aquí en el detalle de sus santas acciones, tanto por falta de tiempo, como porque todavía no hemos tenido la conferencia sobre su vida y su muerte. Me bastará por ahora decirle que no me acuerdo haber notado nunca en él ningún vicio y que poseía en alto grado las virtudes que componen el espíritu de un verdadero misionero, especialmente la sencillez, la humildad, la mansedumbre, la sumisión y el cumplimiento de las reglas, no sólo en el seminario, sino incluso en la escuela, en donde suelen relajarse hasta los más fervorosos. I la estado muchas veces enfermo, y en ese estado ha demostrado siempre mucha paciencia y resignación con la voluntad de Dios, a pesar de que la interrupción de sus estudios le daba muchos motivos de mortificación. La última enfermedad que tuvo duró sólo ocho días; pero durante esa semana hizo y sufrió por Jesucristo más que durante todos los años de su vida, ya que era muy grande la pena que padecía y muy difícil la virtud que practicaba, de forma que todos nos extrañábamos de que pudiera pensar solamente en Dios. Este mal le atacó de repente el cuarto domingo de cuaresma. Era un cólico muy violento que, al cabo de algunos días, derivó en la inflamación de los pulmones, que enseguida se pudrieron. No es posible imaginar cuán grande era su opresión y cuán intenso su dolor; a pesar de ello, demostraba una paciencia extraordinaria y una notable serenidad de espíritu. Cuando le dijeron que estaba cercana su muerte, demostró que estaba bien preparado para ella, pues dijo sin turbarse: «¡Bien, padre! ¿Qué es lo que hay que hacer?» Recibió todos los sacramentos con una devoción y tranquilidad no comunes y tuvo la dicha de ganar el jubileo; estuvo siempre, casi hasta el último suspiro, practicando las virtudes que merecen el paraíso; pues hacía de vez en cuando esos actos o con el corazón o con la boca, especialmente cuando alguno le hablaba. Estuvo muy poco tiempo en agonía, pues quizás Dios le quiso recompensar de este modo, teniendo en cuenta que había combatido mucho durante su vida sana por la virtud de la mortificación.

No puedo callar las circunstancias que se han advertido antes y después de su muerte, que me parece que son de buen augurio para este buen hermano. Tuvo la dicha: 1.° de besar devotamente la cruz inmediatamente antes de dar su último suspiro; 2.° expirar en el momento en que se terminaba la recomendación del alma, con estas palabras: pervenire mereatur ad gloriam regni caelestis; 3.° el último día de su vida fue el domingo de la Pasión de nuestro Señor y también el de san Francisco de Paula, cuya sencillez y humildad había imitado tan bien; 4.° fue también el día de la apertura del jubileo; 5.° fue enterrado frente al crucifijo de nuestra iglesia de San Lázaro; 6.° algunos días antes de morir, predijo, en contra del parecer del médico, que no pasaría del domingo.

Es muy posible que todo esto no haya sido una casualidad, sino que Dios lo haya permitido así para darnos a conocer mejor la feliz situación de ese alma tan hermosa. Esto no impide que ustedes le rindan los deberes acostumbrados, lo mismo que se ha hecho con los demás de nuestra compañía y como nosotros hemos hecho ya aquí, habiendo cantado además un oficio solemne el día de su sepultura, que fue el lunes, 3 de abril. ¡Dios nos conceda la gracia de imitarlo en sus virtudes, para poder seguirle algún día a la gloria que posee!

Soy, padre, en el amor de nuestro Señor y de su santísima Madre, su muy humilde y muy obediente servidor.

VICENTE DEPAUL

Dirección: Al padre Lamberto, superior de los sacerdotes de la Misión de Richelieu, en Richelieu.

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