París, 29 de julio de 1644.
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
No se puede pensar por ahora en retirar un solo céntimo de la venta de los coches, sino en poner todo el esfuerzo por conservar la renta, a causa de las continuas compras y ventas que se hacen de esta clase de bienes para los asuntos del rey. Es preciso que sigamos insistiendo en pedir nuestra exención de los impuestos ordinarios y que prestemos dos mil libras para comprar para usted la mensajería de Soissons, que está de nuevo en venta, para facilitar el proceso que usted tiene con las mensajerías a causa de los coches, que hacen disminuir su renta en la tercera parte o en la mitad para pagar los derechos; y lo que es peor, no es posible espera las tres mil libras que usted tomó demasiado pronto, basado en la esperanza que yo le había dado de poder dárselas.
¿Qué vamos a hacer?, me dirá usted. Haremos lo que nuestro Señor quiere, o sea, mantenernos siempre pendientes de su Providencia, ya que él lo quiere así para nuestro mayor bien. El prior de los dominicos reformados de esta ciudad me dijo uno de estos días que el desastre de su casa empezó cuando quisieron independizarse de la Providencia, al tener buenos edificios y tener asegurados sus medios de vida. En nombre de Dios, padre, abandonémonos en manos de la adorable providencia de Dios y estaremos protegidos contra toda clase de inconvenientes que nuestras prisas nos podrían acarrear. No somos bastante virtuosos para poder soportar el peso de la abundancia y el de la virtud apostólica, y temo que nunca lo seremos, y que el primero arruinaría al segundo.
En cuanto al voto de los principales, la razón que usted me propone de que sin él la compañía se dividiría en diversas congregaciones o generalatos, no sé qué decirle; la verdad es que los votos de los carmelitas descalzos y los de los bernardos no impidieron la división de los generalatos de España y de Italia; hay muchas cosas que considerar en este asunto y así lo haré. Entretanto le ruego que deje su espíritu tranquilo en este punto. Esté seguro de que pensaré en ello y analizaré las ventajas e inconvenientes que pueda haber; si el padre Dehorgny y usted quieren también pensarlo, lo consideraremos delante de Dios, en cuyo amor soy de todos ustedes el más humilde y obediente servidor.
VICENTE DEPAUL
i. s. de la Misión.
Dirección: Al padre Codoing, superior de los sacerdotes de la Misión de Roma. en Roma.







