París, 11 de septiembre de 1643.
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Respondo a dos cartas suyas, una para mí, del 4 de agosto, y otra para el padre Lamberto del 10 de dicho mes.
Hemos pagado la letra de cambio de 3.000 libras que nos ha girado en contra.
Ya le dije y le vuelvo a decir expresamente que hay que sus pender la decisión y la ejecución sobre el lugar de residencia del superior general, y esto por razones muy importantes. Le ruego, padre, que se atenga a ello.
Lo que por ahora me parte el alma, es el celo por su autoridad y porque dependamos de ellos que tienen los señores obispos, que dirán y harán por aquí lo mismo que usted teme por ahí. La próxima congregación resolverá todo esto. Entretanto le rezaremos a Dios; y si quiere la justicia de Dios que no viva para entonces, ya Dios; y si quiere la justicia de Dios que no viva para entonces, ya daré escribir. Entretanto pongámonos en manos de la sabia providencia de Dios. Siento una devoción especial en seguirla; y la experiencia me hace ver que es ella la que lo ha hecho todo en la compañía y que han sido nuestras disposiciones las que lo han estropeado todo. Dentro de este espíritu me parece que no he hecho ni dicho nada para buscar recomendaciones, y no tengo muchas prisas por obtener del señor arzobispo de Reims la carta para el señor Ingoli relativa a la bendición que nuestro Señor le ha dado a la misión de Sedán.
He hablado con el señor de Brienne sobre el asunto de San Ivo. Me ha dicho que hará todo lo que pueda y que le pregunte a usted qué es lo que se puede hacer para trabajar en este asunto. Esto no impedirá que siga usted pensando en esa pequeña iglesia parroquial. si hay alguna residencia al lado; de lo contrario, no veo muchas ventajas en ello. La multiplicidad de casas estorba y da que murmurar. Si es necesario, habrá que pasar por encima de todo y dejar que hablen.
He hablado con el señor de Saint-Aignan de resignar el título en manos de un particular de la Compañía. No me ha dado respuesta.
Está parado el asunto de Richelieu. Ha habido que aflojar mucho, a causa de las enormes deudas de esta sucesión y del talante de las personas con quienes habíamos de tratar.
Tendré firme en lo que usted me dice del seminario de Agen. En aquella casa hay cierto espíritu de división, que siempre ha producido alborotos y ahora más que nunca. Ayer le escribí al padre Soufliers que fuera a ocupar el puesto del padre Dufestel en Cahors. y a éste que fuera a sustituir a aquél. Las demás casas nuestras no han dado nunca tanta preocupación.
Le ruego, padre, que pida a Dios por dicha casa y por este miserable pecador, que tanto abusa de sus misericordias y que es, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde y obediente servidor.
VICENTE DEPAUL
Indigno sacerdote de la Misión







