Vicente de Paúl, Carta 0645: A Juan Guérin

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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París, 24 de septiembre de 1642.

Padre:

¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!

No puedo explicarle el consuelo que siento por todo lo bueno que el padre Dufestel me ha dicho y escrito de usted y que me ha confirmado el padre Lamberto. Le doy gracias a Dios por ello y le ruego que santifique cada vez más su querida alma, y por medio de ella a todas las que su divina Providencia quiere salvar y perfeccionar por usted.

El padre Dufestel me ha insistido repetidas veces en que le quite de superior y ponga a otro en su lugar. Las referencias que de usted me han dado él mismo y el padre Lamberto me obligan a rogarle en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que sirva a la comunidad en lugar suyo. Dios ha bendecido su gobierno en todas partes en donde él ha sido superior. Por eso le ruego que lo utilice como consejero y que pida su parecer en todas las cosas de cierta consideración. A él le ruego que le haga este favor a la compañía. Espero que así lo hará, de la mejor gana. Y como es conveniente tener preparadas a dos personas para que puedan aconsejar a los superiores, tomará usted para ello este año al padre Escart. Y aunque, según las reglas de la compañía, el superior no está obligado a seguir la diversidad de opiniones, y las cosas propuestas tienen que decidirse entre Dios y él, con la condición de responder en la visita del resultado de lo que haya hecho en contra del parecer de su consejo. Sin embargo convendrá que tenga en mucha consideración el parecer del padre Dufestel, como estoy seguro que lo hará.

Y como tengo prisas por acabar y no puedo darle personalmente las instrucciones detalladas sobre la conducta que tiene que observar usted, le pido al padre Dufestel que lo haga. Le voy a decir sencillamente una cosa, que es que un superior tiene que ser firme en los fines y humilde y manso en los medios firme en la observancia de las reglas y santas costumbres de la compañía, pero apacible en los medios para hacerlas observar. Y como solamente el espíritu de Jesucristo nuestro Señor es el que dirige verdaderamente a las almas, le ruego a su divina Majestad que le dé su espíritu para su gobierno y para el de la compañía, y soy, en su amor y en el de su santa Madre, su muy humilde y muy obediente servidor.

VICENTE DEPAUL

Indigno sacerdote de la Misión

Dirección: Al padre Guérin, sacerdote de la Misión, en Annecy

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