Vicente de Paúl, Carta 0636: A Francisco Dufestel

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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París. 26 de agosto de 1642.

Padre:

¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!

Hace solamente siete u ocho días que le escribí por medio de Santa María de esta ciudad, enviándole mi carta al señor obispo de Ginebra; ahora le escribo por medio de Santa María del arrabal, para que hagan llegar la carta a la reverenda madre superiora del primer monasterio de Annecy.

Le envié la ratificación de la donación en forma del señor comendador de Ginebra, indicándole que me parece que hará usted bien en comprar finalmente una casa, utilizando para ello las dos mil libras que quiere darle dicho señor comendador. También le expuse las razones que hasta ahora tenía para dudar de si se debería comprar una casa antes de que nos aprobara en ese Estado el parlamento de Chambery.

Estoy preocupado porque han llegado ya dos correos sin traerme ninguna carta del padre Codoing. Temo que se encuentre enfermo.

Estas son las noticias que tenemos. El padre Louistre y el padre Fourdim se han salido de la compañía, así como también el padre Lescuyer Y otro clérigo, además de otros dos o tres que hemos despedido; me parece que el padre N., que estaba en Luçon, va a salirse cualquier día. Puede usted imaginarse el dolor que siento, no tanto por la salida de cada uno de ellos, como por la victoria que la naturaleza ha obtenido en sus almas y porque no hay forma de conseguir que reanuden la devoción de su espíritu. Después de la salida del padre Louistre, me puse a decir el oficio con ese sufrimiento; pero Dios quiso consolarme con el recuerdo que tuve de que, cuando llegaba la hora del combate, él mandaba proclamar al son de la trompeta que todos los que tuviesen miedo, los que se hubieran casado, o plantado una viña, o construido una casa aquel año, se retirasen, por creer que esa clase de hombres hacían más daño que provecho a la hora de combatir. Y enseguida pensé que, lo mismo que algunos de ellos habían fallado en su vocación por culpa de uno solo que tenía ese mal, así ellos no harán tanto mal a la compañía [como] si hubiesen permanecido en ella toda su vida; de este modo Dios me quiso consolar extraordinariamente. Quizás fue en compensación por haber estado media hora a los pies de uno de ellos para convencerlo, sin haberlo conseguido. In nomine Domini, hay que honrar la inmensa multitud y el pequeño número de los que siguieron y perseveraron luego al lado de nuestro Señor; quiero decir que debemos honrar el estado de su espíritu en aquellas ocasiones.

Dios ha querido enviarnos al señor procurador del rey en Amiens, que es un buen joven, que ha estudiado incluso teología, y un profesor bastante famoso de filosofía, que vendrá para San Martín. Comente usted esta noticia con sus compañeros según su habitual prudencia. Cuide de su salud. Todavía no ha vuelto el padre Lamberto.

Nuestro seminario de París marcha tan bien que me parece que nunca he visto nada que me haya consolado y edificado tanto. El señor obispo de Sarlat estuvo pasando allí un día, hace menos de una semana. Vio sus ejercicios, y los hicieron tan bien que volvió muy impresionado; le confieso que todavía sigo saboreando este consuelo mientras le escribo, y me gustaría que Dios quisiera concederme la gracia de ver el de usted.

Abrazo a sus compañeros con todo el cariño y la humildad que me es posible, y soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde y obediente servidor.

VICENTE DEPAUL

Dirección: Al padre Dufestel, superior de los sacerdotes de la Misión de Annecy, en Annecy.

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