Creo, lo mismo que usted, que no hay nada que temer por parte de nuestra hermana Francisca; haga lo que mejor le parezca.
No tengo noticias de que las hermanas se hayan quejado de que no les permita usted hablar con las personas espirituales.
Hablaré con el padre Portail sobre lo que dijimos ayer y sobre esos retiros; a la vuelta hablaremos, con la ayuda de Dios, de todo esto; y me indicará usted todas las cosas que haya que decirle.
Convendrá que envíe usted cuanto antes a Enriqueta y que haga volver a Catalina.
Esté tranquila con esas pequeñas dificultades de las que me habló ayer. Tengo experiencia de unos 25 años sobre el punto adonde debe dirigirse el gobierno de dentro y el de fuera y sobre los inconvenientes que en ambos casos se encuentran. Ya le informaré de todo esto.
Cuide de su salud, y de estar alegre y rece por mí que soy…
V. D.







