París, 25 de abril de 1642.
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Estas líneas son solamente para dos cosas: una para enviarle dos cartas, una para usted y otra para el señor de Montereil, secretario del señor embajador. Son del señor de Saint-Aignan, a quien hemos de estar muy agradecidos por habernos resignado un priorato de 2.000 libras de renta y haber hecho resignarnos otro, que vale 400 libras más, para los ordenandos. Le enviaré el consentimiento de los abades de quienes dependen en la primera ocasión que se presente; Uno de ellos es Su Eminencia.
Ese buen señor de Saint-Aignan se ha encargado de un monasterio de hermanas de esta diócesis, en el que se han cometido grandes abominaciones; el rey se lo ha quitado a los Franciscanos y lo ha puesto bajo la jurisdicción del señor arzobispo de París. El padre Lebretón trabajó mucho en este asunto; encontrará usted sus memorias entre sus papeles, según las cuales le ruego que actúe. No puede imaginarse cuánta importancia tiene este asunto. Le ruego que me escriba sobre el mismo, y también a él, y que me envíe sus cartas abiertas.
Además, le ruego que obtenga de la Penitenciaría una dispensa para que entre una persona en religión, según la memoria que le envío. Esto se llama un discreto viro; se lo recomiendo con todo el afecto que me es posible. Se trata de una buena sierva de Dios.
El señor Authier ha designado al más íntimo y al más conforme con su corazón de esos eclesiásticos de Senlis, según se dice, para enviarlo a Roma. El superior de Senlis nos ha mandado a un joven eclesiástico de su casa para los ordenandos y me dijo que me vería cuanto antes para hablarme de un asunto importante, que quería consultarme antes de partir para un largo viaje. Le he contestado que sería bienvenido y que le dedicaría todo el tiempo que él quisiese. Luego me ha dicho que había desistido de aquel viaje, pero no me ha dicho una palabra de aquel asunto que quería consultarme. Esto no me ha impedido escribirle al señor Authier que había recibido con gozo la propuesta de la unión que se hizo en la entrevista que usted me escribió que sostuvo con él, y que siempre nos encontrará dispuestos a ella. Lo mismo le he escrito a la buena hermana María y a su compañera, que se han tomado la molestia de escribirme. No se sabe si ese cambio del señor Le Bégue, que es superior de su casa de Senlis, no provendrá quizás de que él ha visto la posibilidad de establecerse precisamente en Senlis, ante la dificultad que le hemos presentado al obispo de Senlis para aceptar la mejor parroquia de su diócesis, que nos ofrece para que nos establezcamos allí. Me ha hablado de ello con tanto ardor que me ha dicho que se podría de rodillas para pedírmelo, si no había más remedio. Pues bien, nuestra dificultad proviene de la norma que siempre hemos tenido de no aceptar parroquias, a no ser la de Richelieu. Todo esto le hará ver que es conveniente que tenga usted mucha circunspección en este asunto.
Le he escrito al padre Germán que marche en la primera ocasión que se le presente. Soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL







