No le pongo más que unas palabras, pues estoy muy ocupado.
Me consuela mucho lo que escribe sor María. Es peligroso escribirle. Esperemos un poco, hasta que yo haya visto al capellán del señor conde.
Creo que no hay ningún inconveniente en que reciba usted a esa dama, después de que le haya indicado su nombre y su condición. No sé cuál es su marido.
Será difícil que el padre Soufliers pueda ir mañana a atender a las hermanas. Se lo pediré al padre Dehorgny o a algún otro.
Saldré para Nanterre mañana por la mañana, si Dios quiere, y espero volver el domingo por la tarde. Luego tendremos ocasión de vernos.
Dígame lo que [piensa] la señora marquesa de Maignelay sobre una maestra de escuela para ese sitio.
Adiós señorita. Soy su muy humilde servidor.







