París, 29 de julio de 1640.
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
¡Dios mío! ¡Con cuánto agrado le doy las gracias a nuestro Señor por haberle devuelto la salud al padre Jegat, para quien mando abrazos con toda la cordialidad posible, y cuánto le pido a su divina bondad que se la devuelva a nuestro buen hermano Sebastián, a quien saludo con toda humildad y cariño!; si es menester que tome las aguas o si el médico cree que le sienta mejor el aire de aquí, puede usted enviárnoslo.
Le he mandado cien escudos al padre Guissot para el mobiliario haga usted el favor de mandarle lo que necesite para su mantenimiento
Hace usted bien al obrar de esa forma con esa joven de Chinon hay que olvidarse de ella. En mi última ya habrá visto usted cuál era la opinión del señor obispo coadjutor de Tours sobre esas personas y la queja que nos ha presentado sobre ello.
¡Cuánto me consuela lo que me dice usted de que va a trabajar por su provecho, o sea, por el de su comunidad! Realmente, padre, con esa idea me consuela más de lo que usted puede imaginarse. Las conferencias frecuentes y la práctica de las virtudes que más nos convienen son los medios más eficaces para ello. El padre Savinier se vio tan impresionado el viernes por la tarde con la que aquí se celebró, que dijo que nunca le había impresionado tanto ninguna otra cosa. Espero que la compañía se aprovechará de todo y que la encontraré en buena situación la próxima vez que la visite, a finales o a comienzos de otoño, si Dios me quiere conceder esta gracia.
Le hablará a la señora duquesa de ese enterramiento en la iglesia.
Adiós, padre. Soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL







