Bar-le-Duc, julio de 1640
En primer lugar, todas las semanas nuestros misioneros reparten ropa a un gran número de pobres, especialmente camisas; recogen las viejas, para hacerlas lavar y arreglar y que sirvan para otros, o bien las cortan en tiras para curar a los heridos y llagados.
En segundo lugar, ellos mismos se dedican a curar aquí a muchos enfermos de tiña; antes había aquí de ordinario veinticinco y todavía quedan doce. Esta enfermedad es muy común en toda Lorena, pues en las demás ciudades también los hay en proporción, y en todas partes, gracias a Dios, son cuidados con mucha caridad y esmero, de forma que todos logran curarse con cierto remedio muy eficaz que nuestros hermanos han aprendido.
Y en tercer lugar, nuestros sacerdotes de aquí han hecho unos gastos considerables, pero muy útiles, para recibir a los pobres transeúntes, ya que nuestros misioneros que están en Nancy, en Toul y en otros lugares les mandan con frecuencia grupos de pobres para enviarlos a Francia, ya que esta ciudad es la puerta de Lorena, y ellos les proporcionan víveres y algún dinero para el viaje.







