París 28 de octubre de 1639
Padre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
La Providencia de Dios ha puesto los ojos en usted para ir a servirle en Nuestra Señora de La Rose, en la diócesis de Agen, donde están los padres Brunet y Savinier.
Le envío una memoria secreta, que solamente comunicará al padre Lamberto.
La novedad del empleo será para usted motivo de temor. Acuérdese de que Nuestro Señor será su dirección y su director, y que con él lo puede todo; que Jeremías era un niño que sólo sabía decir a Dios: Domine, nescio loqui, y que sin embargo los designios de Dios fueron utilizarlo en el asunto más importante que Su Majestad tenía por entonces con su pueblo; y que tiene motivos para esperar las mismas gracias que a él le concedió si, como él, pase lo que pase, responde a su vocación con su espíritu de humildad. Así lo espero de su bondad y del reconocimiento que me parece que tiene de su indignidad e insuficiencia, y soy, en su amor y en el de su santa Madre, su muy humilde y muy obediente servidor,
VICENTE DEPAUL
El padre Bécu, que en Nancy se llama padre de Montigny, se encuentra bien y obra maravillas con unos cuatrocientos pobres, a los que alimenta corporal y espiritualmente, y el hermano Huberto se porta cada vez mejor.
Su muy humilde y muy obediente servidor,
VICENTE DEPAUL







