Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Le doy gracias muy humildemente por su buena medicina; la tomé ayer y me obró tres veces. Nuestro médico opina que debo tomar también mañana otra de jarabe de palo de rosa, Le suplico muy humildemente que me haga este nuevo favor y que me la envíe esta tarde.
Sigo con mi fiebrecilla. Nuestro hermano Alejandro nos da algunas esperanzas, y también el otro hermano. Al primero le queda todavía el día de mañana, que es su 14.°, y hay un poco de miedo. El padre Dehorgny está enfermo de cólico con un poco de fiebre.
Esta pequeña molestia me ofrece la ocasión de pensar un poco más en nuestros pequeños asuntos de la Caridad; después de eso, si Nuestro Señor nos da vida, trabajaremos más expresamente en ellos. Su carta me hizo ver anteayer que había en su espíritu cierto pesar por ello. ¡Dios mío! ¡Cuán feliz es, señorita, al tener el correctivo de las prisas! Las obras que hace el mismo Dios no se estropean jamás por el no-hacer de los hombres. Le ruego que confíe en él y que yo soy, en su amor, en la medida que Nuestro Señor lo quiere, señorita, su muy humilde servidor,
V. D. P.
Dirección: A la señorita Le Gras.







