Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Jamás deja usted de hacernos beneficios y, según temo, por encima de lo que puede. Se lo agradezco muy humildemente, señorita, y le ruego que no siga de ese modo. Es suficiente y siempre le quedaremos deudores, por mucho que hagamos en servicio de su hijo. Soporte, pues, que se le sirva, sin más consideración que la que le debemos y con el afecto que ponemos en servir a usted y a él.
Su carta me parece bien y hará bien en enviársela. Ruego a Nuestro Señor que sea eficaz para decidirle definitivamente. Le remito la suya con la que le escribe, y procuraré que le hagan una pequeña chimenea en alguna de las camarillas lo antes posible, ya que tendremos desde ahora a los ordenandos en Bons-Enfants y necesitamos la habitación en que está.
Si hace buen tiempo y puede hacerlo sin molestia alguna, podrá oír la santa misa todos los días durante el retiro; si no, honre la soledad de Nuestro Señor, como hizo santa Magdalena.
Puede leer el pequeño [libro] de la Imitación de Nuestro Señor, el libro del Amor de Dios de monseñor de Ginebra, hacia el sexto, séptimo u-octavo libro, a su elección, y alguna vida de los santos de su devoción.
Buenos días, señorita
Soy S. S. V. D. (su servidor VICENTE DEPAUL)
(Al dorso escribió Luisa de Marillac: del padre Vicente, hablando de un retiro y de mi hijo).







