Una Experiencia Del Espíritu Vicentino En La Misión Nacional De Panamá (1987-1993)

Francisco Javier Fernández ChentoMisiones «Ad gentes»Leave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Desconocido · Año publicación original: 1997 · Fuente: Vincentiana.
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INTRODUCCIÓN:

El 1 de febrero de 1987, la Conferencia Episcopal Panameña invitó a dos vicentinos a organizar una misión nacional como parte de la conmemoración de la primera evangelización de América. Este artículo trata de compartir brevemente dicha experiencia desde la perspectiva del espíritu vicentino. Se presenta, solamente, como una de tantas experiencias que se están desarrollando en diversas provincias del mundo. Espero que ésta sirva para mostrar la importancia perenne del espíritu vicentino en las misiones, pero adaptado creativamente a las diferentes realidades cambiantes en las cuales vivimos.

Este artículo ofrece una pequeña ambientación histórica del Equipo Misionero Vicentino (EMIVI), el desarrollo de la misión nacional en sus tres etapas (Pre-Misión, Misión, y Post-Misión), el espíritu vicentino en la Misión Nacional (especialmente en cuanto a los pobres, la formación, la reconciliación y la metodología) y la conclusión general.

I. HISTORIA DEL EQUIPO MISIONERO INTERPROVINCIAL:

En 1983 la Conferencia Latinoamericana de Provincias Vicentinas (CLAPVI) organizó un seminario sobre Misiones Populares en Santiago, Chile. El P. Francisco Javier Bárcenas, C.M. de la Provincia Centroamericana y un servidor, Tomás Sendlein, C.M. de la Misión Panameña de la Provincia de Filadelfia de los Estados Unidos, participamos en el mismo. Compartiendo nuestro espíritu vicentino, nuestras experiencias pastorales en América Latina y nuestras ideas de organización, el grupo pudo realizar un pre-borrador de un Directorio Latinoamericano para las Misiones Populares Vicentinas. Durante este encuentro, el P. Bárcenas y yo compartimos algunas de nuestras esperanzas misioneras para el futuro. Este encuentro, fue de animación para el futuro y recibimos algunas líneas de acción prácticas para las misiones populares. Después, regresamos a nuestros trabajos pastorales en Panamá.

En 1986 el Padre Bárcenas y yo, con la aprobación de nuestros provinciales respectivos, organizamos un equipo misionero vicentino interprovincial (EMIVI). El equipo consistió, además de nosotros dos, los miembros de un grupo juvenil del P. Bárcenas (Centro Juvenil Vicentino – CEJUVI), algunos otros miembros de grupos laicos vicentinos y, durante casi un año, algunas Hijas de la Caridad. Más tarde, en 1988, las Hermanas Silvia Lopéz y Gumersinda Fajardo de la Comunidad Misionera Catequista, co-fundada por nuestro co-hermano Mons. Francisco Beckman, ya fallecido, entraron en el equipo a tiempo completo. Desde febrero de 1986 a Agosto de 1987, este equipo misionero tuvo la oportunidad de participar en 14 experiencias misionales, desde zonas rurales hasta las áreas marginales de la ciudad de Panamá. Dado que eramos un equipo interprovincial, tuvimos también la oportunidad de misionar con los indígenas de Guatemala y los campesimos de El Salvador. Estas dos últimas experiencias se llevaron a cabo con la ayuda de los seminaristas Vicentinos de la Provincia de Centro América.

Estas misiones nos proporcionaron varias experiencias sobre cómo trabajar cómo miembro de un equipo misionero compuesto de sacerdotes, seminaristas y laicos, cómo ser creativo adaptándose a las diferentes realidades y cómo desearrollar material educativo con la ayuda de los mismos misioneros, a fin de poder establecer un diálogo con las gentes que acudían a las misiones.

II. LOS COMIENZOS DE LA MISIÓN NACIONAL DE PANAMÁ:

Con estas experiencias misioneras y para ofrecer dicha misión a las diferentes parroquias de las diócesis de Panamá, solicitamos una intervención en la reunión de la Conferencia Episcopal Panameña a comienzos de 1987. Nuestra esperanza era, abrir puertas en algunas parroquias, a la posibilidad de las misiones populares. Durante nuestra presentación y para nuestra sorpresa, los obispos nos informaron que el Padre Francisco Bárcenas y un servidor habíamos ya sido elegidos para organizar la Misión Nacional como parte de la conmemoración del Quinto Centenario de la evangelización en Panamá bajo Mons. Oscar Mario Brown como Presidente de esta comisión. En vez de abrir algunas puertas, de repente, ¡todo el país estuvo abierto!

Para comenzar tan enorme proyecto, organizamos la Comisión Nacional de Animación Misionera (Co.N.A.M.). Enviamos invitaciones a todas las áreas eclesiásticas de Panamá y a algunos expertos en diferentes especialidades. Desde el 1 de febrero hasta el 1 de septiembre, terminamos nuestros compromisos específiicos del EMIVI y comenzamos la integración del espíritu y de la experiencia del EMIVI en la Misión Nacional como base y punto de partida.

III. EL DESARROLLO DE LA MISIÓN NACIONAL DE PANAMÁ

Según el pre-borrador del directorio para las misiones populares, hay tres momentos o etapas en la misión: la Pre-Misión (tiempo para preparar todo lo necesario para la misión), la Misión en sí (cuando los misioneros acompañan y evangelizan con el pueblo) y la Post-Misión (el tiempo para que el fruto de la misión pueda crecer). Sin la pre-misión, la misión es muy difícil de realizar y el fruto de la misión muy limitado. Sin la post-misión, el fruto de la misión apenas sobrevive e incluso desaparece.

1) PRE-MISIÓN:

Para comenzar el inmenso proyecto de una misión nacional, el Co.N.A.M. decidió como tema para los seis años siguientes de evangelización: «Nuevas Personas en Nuevas Comunidades para una Sociedad Nueva». Con este tema se hicieron un poster y un canto de la Misión. Decidimos intentar para los seis años siguientes, un programa para la misión, en diferentes diócesis, comenzando con la Diócesis de Chitre, que celebraba su 25 aniversario. Tomadas estas decisiones, pusimos manos a la obra de la Pre-misión.

Comenzamos con la visita al Obispo, los párrocos, los religiosos y los laicos de la diócesis, para conocer las realidades socio-económicas y religiosas de las diferentes comunidades y ayudar a la organización de los comités necesarios para la misión a nivel diocesano, parroquial y rural. Fueron organizados los comités de liturgia, finanzas, alojamiento, comidas, transporte, propaganda y los equipos para las visitas domiciliarias. Cada comité tuvo su papel y responsibilidad en la preparación de la Misión. Cada comité se esforzó para integrar el mayor número de personas posible, por ejemplo, el lugar donde los misioneros vivieron y desayunaron durante las dos semanas, normalmente no fue el mismo donde comieron y cenaron. Comieron con diferentes familias cada día, o cada comida, a fin de que más personas pudieran tener la responsibilidad de los misioneros. Cada parroquia, o comunidad, hizo un censo de todas las familias de sus áreas, así todo el mundo recibió una visita, aún antes de la llegada de los misioneros y nosotros recibimos con anticipación información sobre la realidad del área. Con esta información pudimos saber el número de comunidades a misionar y cuantos misioneros necesitábamos para esas zonas.

En septiembre de 1987 comenzamos el reclutamiento y la formación de los misioneros en todo Panamá. El equipo de EMIVI fue el principal formador de los misioneros. Nosotros viajamos de diócesis en diócesis, ya que los misioneros provenían de todo el país, para evangelizar las 14 parroquias mayoritariamente rurales de la Diócesis de Chitré. Incluso cada año vino un grupo de misioneros del vecino país de Costa Rica. El lugar de su formación fue el Colegio Seminario de nuestra comunidad en San José. Así, desde el comienzo, la Misión Nacional de Panamá tuvo un carácter internacional.

El material didáctico que utilizamos en las misiones del EMIVI nos sirvió como punto de partida para la formación de la Misión Nacional. Sin embargo, las evaluaciones de cada formación nos ayudaron a desarrollar y mejorar ambos, el contenido y la metodología. Todo el material se basó en el diálogo y la participación de las personas y así se pudo responder a las realidades diferentes de los distintos grupos. Todos, religiosas, seminaristas y laicos, participaron en la formación.

Básicamente, cada año trabajamos en la pre-misión de mayo a diciembre yendo de diócesis en diócesis. Algunos años, participaron hasta 3.000 personas en parte del programa de formación de misioneros. En 1988, entrenamos a algunos misioneros en la Diócesis de Veraguas, para que ellos pudieran a su vez formar a otros, multiplicándose así la posibilidad de formar a más misioneros. Es de señalar que la mayoría de estos formadores provenía de una parroquia vicentina. En 1989, después del éxito de esta experiencia, iniciamos este mismo plan en todas las diócesis.

2) LA MISIÓN EN SÍ

Todos los años, durante los calurosos meses del verano en Panamá, de Enero a Abril, enviamos los misioneros por equipos a diferentes comunidades rurales, a ciudades y a centros misioneros de las parroquias de la capital, con un compromiso de dos semanas. Cuando llegamos a la misión en la Ciudad de Panamá en 1992, dado el número de parroquias grandes y la realidad urbana, decidimos misionar la mitad de las parroquias en el verano de 1992 y la otra mitad en el verano de 1993. De Mayo a Diciembre de 1992, desarrollamos misiones especializadas para algunos grupos.

A) MISIONES EN COMUNIDADES CRISTIANAS

Aunque la mayoría de los misioneros eran pobres, la Co.N.A.M. se aseguró que la falta del dinero no fuese un obstáculo para ser misionero. Desde el punto de partida de sus diócesis respectivas, hasta su regreso, el transporte y el alojamiento estuvieron a cargo o bien directamente de Co.N.A.M. o de los diferentes comités parroquiales o diocesanos. A veces ésto llevaba consigo el movimiento de 1.000 misioneros a la vez, de diferentes partes del país.

Hubo además un día completo de formación y de organización, que incluía la posibilidad de hablar con los párrocos acerca de la situación de las diversas comunidades a misionar. Durante la misa celebrada por el obispo de la diócesis, los misioneros recibieron la cruz misionera y fueron enviados a las diferentes comunidades. Algunos laicos de estas comunidades estuvieron presentes para acompañarlos. Por lo general, las personas de cada comunidad esperaban para recibir a los misioneros. El mismo día, los misioneros iniciaban las visitas por las casas y por la tarde tenían el primer diálogo con los fieles.

Durante las dos semanas, los niños se reunían por las mañanas, los jóvenes por las tardes y los adultos por las noches. Cada grupo tuvo sus temas y material adaptado a su nivel, utilizando el pequeño método de San Vicente. Los temas para los adultos se desarrollaron progresivamente del individual a la comunidad a la sociedad, teniendo como tema principal: «Personas Nuevas en Comunidades Nuevas para una Sociedad Nueva».

De 1988 a 1993, durante cada misión de dos semanas, más de 3.000 comunidades fueron evangelizadas en Panamá, o sea un promedio de 200 centros misioneros o comunidades rurales, cada uno con su propio equipo misionero. Los misioneros trabajaron en equipos de 2 a 8, dependiendo de la extensión del lugar de la misión y hubo un total 9.399 compromisos misioneros de dos semanas para realizar esta misión en Panamá. A pesar de la mentalidad «machista» Latinoamericana, o sea, que la Iglesia es cosa de mujeres, hubo más misioneros varones que mujeres. Hubo casi igual número de misioneros jóvenes y adultos. El 90% de los misioneros eran laicos. Al principio, hubo mucho excepticismo, por parte de los párrocos, ante el hecho de que la mayoría de los misioneros eran laicos, pero después de la primera misión de dos semanas, en enero de 1988, se dieron cuenta que sus temores eran injustificados. Sin embargo, para realzar que los misioneros eran enviados, ninguno de ellos trabajó como misionero en su propia comunidad. (Para información más detallada sobre números, véase la página de estadísticas de la Misión Nacional en Panamá).

Durante los mismos años, 1988-1993, CLAPVI ofreció otros dos encuentros Latinoamericanos sobre las misiones populares, uno en Colombia y otro en Panamá. Durante este último, muchos de los que acudieron al seminario participaron en una de las misiones de dos semanas.

A pesar de que la Misión Nacional tuvo su principal énfasis en la evangelización y no en los sacramentos, en la mayoría de las comunidades se celebró el sacramento de la Reconciliación. Muchas personas, después de muchos años de separación, regresaron a la participación activa dentro de la Iglesia. Los sacramentos del Bautismo, la Primera Comunión, la Confirmación y el Matrimonio como tales, no fueron celebrados durante la misión en sí, dado que estos pertenecen a la actividad pastoral ordinaria con sus preparaciones específicas. Los párrocos y los agentes de pastoral tuvieron mucho trabajo en la post-misión, ya que durante los seis años entregamos a los párrocos respectivos listas con un total de 5.921 parejas que querían casarse y con un total de 13.214 jóvenes que querían ser confirmados.

Durante las dos semanas, se realizaron concentraciones masivas para los niños, los jóvenes y para toda la comunidad. Al final de la misión, celebramos » una Misa de despedida» y no «una Misa de Clausura». La razón fue sencilla, pero muy importante. Aunque los misioneros salen de la comunidad, la misión continua en la post-misión. Su objetivo es hacer crecer los frutos de la misión en unión con los párrocos y los agentes de pastoral y extender el espíritu de la misión a todos los que no participaron.

B) LAS MISIONES ESPECIALIZADAS

A pesar de las dificultades de acceso y comunicación, descubrimos que fue más fácil misionar en las comunidades rurales, que en las grandes ciudades. Al acercarnos a las áreas más pobladas, el porcentaje de las personas que participaron en la misión descendió. Quizás haya muchas razones para explicar este hecho: más indiferencia, más diversiones, falta de un sentido de comunidad, etc. Por ello, organizamos misiones especializadas. Si en las ciudades muchas personas no vendrían a nosotros, nosotros iríamos a ellos.

Una de las misiones especializadas de más alcance fue la misión en las escuelas. Con los permisos necesarios del Ministerio de Educación, los misioneros entraron en la mayoría de las escuelas primarias y secundarias y en las universidades de la Ciudad de Panamá, para compartir la Palabra de Dios, no solamente con los niños y con los jóvenes, sino también con los maestros y con los profesores. Los temas fueron especiales para cada grupo.

La Co.N.A.M. dió misiones a los obreros, a los empresarios y profesionales. Los temas para los dos grupos se basaron en la doctrina social de la Iglesia.

En coordinación con capellán de la cárcel, los misioneros trabajaron en varias prisiones de la Ciudad de Panamá. Otro grupo dió misiones a la Policía Nacional, incluyendo la Policía de Seguridad del Presidente de Panamá. Hubo también pequeñas misiones para los que trabajaban en la Asamblea Legislativa y para algunos grupos cívicos.

En colaboración con el Comité de Pastoral Familiar de la Arquidióceis, la Co.N.A.M. ayudó en el desarrollo de los temas y la formación de la Semana de Misión Familiar en todo el país. Se organizaron también otras misiones especializadas para los enfermos en los hospitales y para las comunidades Afro-Panameña y Chino-Panameña.

3) LA POST-MISIÓN:

La misión no termina con la ida de los misioneros, sino que continua a través de las actividades pastorales ordinarias y a través de la extensión de la misión hacia otras personas y otros lugares. Por consiguiente, los agentes principales son las mismas personas en unión con su obispo, su párroco y los otros agentes de pastoral.

Para dar un impulso a la post-misión, los misioneros recogieron una lista de más de 7.000 personas que participaron activamente en la misión y de quienes los misioneros pensaban que serían buenos agentes de pastoral. Por la tarde, antes de la Misa de despedida, durante la celebración de la Palabra, toda la comunidad tuvo la oportunidad de hacer sus compromisos individuales y comunitarios para continuar la misión en sus comunidades. Con este fin, durante la Misión Nacional, se formaron más de 1.000 grupos o comisiones.

Tanto los misioneros, como los que participaron en la misión, se dieron cuenta de la necesidad de la formación para poder evangelizar mejor. Muchos de los que participaron en la misión, se hicieron misioneros de sus propias comunidades. Muchos grupos de misioneros, en unión con su obispo y su párroco, han continuado la misión a nivel diocesano y parroquial.

Comenzaron varios programas pastorales, o recibieron un nuevo impulso, en su función dentro de la Iglesia, por ejemplo, la pastoral de prisiones, la pastoral Afro-Panameña, la pastoral Chino-Panameña.

La Co.N.A.M. ha asumido la función de acompañar a las diversas diócesis y parroquias en la post-misión por medio de la formación y organización de misiones de renovación, la formación de agentes de pastoral, la creación de nuevos materiales didácticos misioneros según la necesidad, apoyando varios programas pastorales, animando y manteniendo una red de comunicación entre los misioneros de diferentes diócesis, desarrollando nuevas misiones especializadas para grupos específicos y a veces, apoyando el trabajo de las Obras Misionales Pontificias de Panamá en su impulso misionero más allá de sus fronteras.

IV EL ESPÍRITU MISIONERO EN LA MISIÓN NACIONAL DE PANAMÁ

Cuando EMIVI comenzó a formar parte de la Co.N.A.M., dos cosas resultaron:

1) EMIVI pudo ofrecer a la Misión Nacional parte del espíritu vicentino, especialmente la preocupación por los pobres, por la formación y por el Sacramento de la Reconciliación.

2) La Misión Nacional amplió el alcance del EMIVI, incluyendo a todos, no solamente a los pobres, por ello, personas de muy diferentes líneas y movimientos participaron como misioneros. Cada grupo ofreció su carisma para el beneficio de toda la Iglesia.

1) LOS POBRES

Los pobres como receptores de las misiones

Los pobres en los lugares rurales lejanos, tanto en las suburbios de la Ciudad, como en lugares marginales dentro de la ciudad, los presos, los enfermos y los obreros fueron atentidos por la Misión Nacional. Hay comunidades que normalmente reciben la visita pastoral del párroco solamente una vez al año, sin embargo, durante dos semanas fueron atendidos constantemente por un equipo de misioneros. Los Misioneros viajaron en autobús, camión, piragua, a caballo y a pie para segurar que todas las comunidades recibieran sus misioneros. En algunas ocasiones tuvimos que enviarlos en pequeños aviones y helicópteros. Puesto que la Misión Nacional era para todo el país, ninguna comunidad fue rechazada por falta de fondos. Como he mencionado anteriormente, los pobres de los campos son los que mejor respondieron a la misión.

Los pobres como misioneros:

Excluyendo la Archidiócesis de Panamá, que tiene la mitad de la población del país, una de las provincias más pequeñas y más pobres, tuvo constantemente el mayor número de misioneros. Para poder participar en la formación, algunos tuvieron que caminar 14 horas a pie y después 2 horas en autobús. Un jóven de 25 años, que cuando era niño perdió una pierna por la mordedura de una culebra, constantemente viajaba a caballo desde su comunidad para llegar al curso de formación y después se desplazaba con muletas. Cuando llegó el tiempo para designarlo a una comunidad, a pesar de su impedimiento siempre estuvo abierto a donde lo necesitábamos. El espíritu de sacrificio (mortificación), la humildad, la sencillez y la mansedumbre en el trato con los demás, solamente fueron sobrepasados por el gran celo por aprender más sobre el Evangelio, a fin de poder compartir mejor la Buena Nueva con los demás.

La Situación de los Pobres como tema:

En América Latina, la distancia entre ricos y pobres aumenta constantemente. Debido a la situación política y a las sanciones económicas, el desempleo se ha convertido en Panamá en un tremendo problema. Aunque algunos indicadores económicos mostraron alguna recuperación en 1991, el hecho es que los pobres no fueron los beneficiarios de esta mejora. Teniendo ésto en cuenta, en 1992 organizamos la misión especializada para profesionales y empresarios. Expertos en economía presentaron la situación actual de los pobres en Panamá, un sacerdote aplicó la Doctrina Social de la Iglesia a esa situación y los participantes dialogaron en grupos para responder y tomar medidas concretas apropiadas a la situación.

El pobre como experiencia personal :

Es muy fácil hablar sobre los pobres en general, pero sin experimentar lo que es ser pobre, o conocer a un pobre de cerca. Muchos misioneros que pertenecían a la afluente sociedad trabajaron mano a mano con misioneros pobres en el mismo equipo. Tuvieron también la oportunidad de vivir entre los pobres y aprender de ellos. Todas estas experiencias dejaron una profunda y duradera huella en estos misioneros.

2) LA FORMACIÓN

Formación del clero:

Cada año, además de nuestros seminaristas, los seminaristas tanto de las diócesis, como de varias comunidades religiosas, participaron en la formación y en las misiones. Parte de su formación les fue impartida por nuestros equipos laicos. Durante la misión formaron parte de los equipos misioneros, junto con los laicos de los diferentes lugares del país. Los seminaristas trabajaron con los pobres en los campos y ahora muchos son ya párrocos en dichas comunidades, por ejemplo en enero de 1995, fueron ordenados seis sacerdotes en una dióceis – todos habían participado en las misiones.

Formación de las religiosas:

Muchas comunidades de religiosas estuvieron representadas en las misiones y presentaron su carisma de Vida Consagrada a personas que raramente tendrían la oportunidad de conocerlas. Su fervor, sinceridad y creatividad ayudaron mucho a mantener la continuidad durante la misión.

Formación de los laicos:

El laicado de la Iglesia es como un gigante dormido dentro de la Iglesia Católica. Si se le ofrece la oportunidad, puede ser un factor determinante en la evangelización. A través de la formación, hemos podido comunicarle el espíritu misionero, ampliar la perspectiva de los limitados confines de su pequeño mundo parroquial y abrirles a las necesidades y modos de vida de los demás, especialmente de los pobres. Están deseosos de participar más activamente en la Iglesia y la Misión les abrió esta oportunidad. Más aún, muchos de los jóvenes misioneros buscan un compromiso más profundo dentro de la Iglesia.

3) LA RECONCILIACIÓN

Uno de los elementos más importantes en la misión tradicional vicentina es el Sacramento de la Reconciliación. Este sacramento no ha perdido su función en la misión de hoy. Durante la misión, dado el número de comunidades y la distancia entre ellas, la gran cantidad de personas que querían confesarse y la escasez de sacerdotes, siempre tuvimos problemas para responder a esta necesidad. Muchas personas, después de muchos años sin acercarse a la confesión, se reconciliaron con Dios y con la comunidad. Desgraciadamente, a veces fue realmente imposible llegar a todos los lugares.

Como en los tiempos de San Vicente, la misión ofreció la oportunidad de reconciliación entre los miembros de la familia y con los vecinos. En una zona rural, donde casi 150 personas se sentaron en bancos de bambú bajo un techo de paja, miembros de la misma familia que asistían a la misión, se ponían unos en un lado y otros en el lado opuesto. Después de varios días de misión, la nuera comenzó a hablar con la suegra – por primera vez en 5 años. En el mismo centro de misión, dos vecinos se estrecharon las manos y comenzaron a llegar a un acuerdo. Uno de ellos había puesto una valla para cercar un terreno que el otro reclamaba.

4) METODOLOGÍA

La metodología se basó en un diálogo dinámico en el cual el misionero facilita y guía la discusión, asegurando que las personas participen activamente en la misión.

Los temas más importantes se desarrollaban con el pequeño método de San Vicente: naturaleza, motivo y medios. ¿Qué quiere decir el tema, especialmente en nuestra realidad? ¿Por qué debemos hacerlo o evitarlo? ¿Cómo podemos llevarlo a la práctica en nuestra realidad? Estas preguntas se desarrollaron por medio de lecturas de la Biblia y documentos de la Iglesia, algunas canciones o socio-dramas, análisis de oraciones y de dichos Panameños, dibujos y fotografías, diálogo con un panel y testimonios, etc. Según los temas, los fieles se dividían en grupos de 2 ó 3, 4 ó 5, 7 a 10 personas. A veces, los Secretarios presentaban los resúmenes de las discusiones a la Asamblea plenaria. Todas las contestaciones eran respetadas, a veces clarificadas por los misioneros y poco a poco los adultos tímidos que nunca habían tenido la oportunidad de ir a la escuela, empezaban a compartir.

Esta metodología de diálogo, fue incorporada en todos los materiales didácticos de la misión para los niños, los jóvenes, los adultos y las diferentes misiones especializadas.

CONCLUSIÓN

El espíritu de las Misiones Populares Vicentinas es válido en la evangelización actual, sin embargo, se necesita un proceso de adaptación al espíritu de las diferentes realidades del mundo. Los encuentros de CLAPVI sobre las misiones populares ayudaron a reforzar la validez y adaptabilidad de este espíritu a la realidad Latino Americana actual. Los que estamos llamados a ser «Evangelizadores de los pobres» debemos esforzarnos para que los «Pobres se conviertan en evangelizadores» no sólo en su propio ambiente, sino en otras partes del país y del mundo.

El desafío que el seminario de CLAPVI nos presentó en Panamá, se concretizó en EMIVI. ¿Puede ser que la Providencia ofreció a EMIVI una manera de compartir las preocupaciones Vicentinas por los pobres y la formación del futuro clero y de los agentes de pastoral, con toda la Iglesia Panameña a través de la Misión Nacional?

La extensión de la experiencia misionera de EMIVI (misionando 20 comunidades en una parroquia a la vez) a la experiencia misionera nacional de la Co.N.A.M. (misionando 200 comunidades en una diócesis a la vez) fue hecha posible por la oración y la creatividad de los miembros de la Iglesia Panameña. Tuvimos que delegar muchos trabajos y las misiones especializadas a muchas personas y grupos y todos respondieron con alegría y generosidad.

Como mencioné en el comienzo, esta experiencia misionera es «solo una de las muchas experiencias desarrolladas en muchas de nuestras provincias en todo el mundo». Como nosotros hemos aprendido de las experiencias de otras partes de América Latina, esperamos que esta experiencia misionera de EMIVI/Co.N.A.M. pueda servir para estimular el proceso de adaptación a otras realidades. Es más, espero que otras experiencias creativas de implementación del espíritu misionero Vicentino puedan ser compartidas.

Al terminar, les pido sus oraciones por la perseverancia y crecimiento de los frutos de la misión en Panamá durante esta fase de post-misión.

ESTADÍSTICAS DE LA MISIÓN NACIONAL DE PANAMÁ

Año de la Misión

 

1988

 

1989

 

1990

 

1991

 

1992

 

1993

 

TOTAL

 

Nº de Misiones de 2 semanas1

1

3

3

4

3

2

16

Nº de Parroquias

7

20

23

25

47

35

157

Nº de Compromisos misioneros2

300

1,655

2,241

2184

2,183

836

9,399

Comunidades (Centros de misión)3

121

667

755

669

575

261

3,048

Nº de Hogares visitados

14,500

35,000

48,572

42,927

73,851

32,880

247,730

Promedio de Asistencia diaria

11,500

67,500

74,831

38,724

48,013

16,572

257,140

Parejas que querrían casarse4

300

2,200

1,540

1,058

722

101

5,921

Jóvenes que querrían confirmarse5

5,760

4,107

2,764

583

13,214

Posibles futuros agentes de pastoral6

450

1,700

1,878

1,596

1,150

390

7,164

Comisiones/Comités formados para la Post-Misión7

816

193

186

43

1,238

  1. El número de Misiones de Dos-Semanas: Cada Misión consistió en dos semanas, en las que un equipo de misioneros vivió con la comunidad, o centro misionero, a fin de visitar los hogares, reunirse con los niños, con los jóvenes y con los adultos y celebrar reuniones y convivencias con toda la comunidad.
  2. El número de compromisos Misioneros de Dos semanas: Algunos misioneros trabajaron en más de una misión de dos semanas cada año.
  3. Comunidades o Centros de misión: Cada comunidad rural y cada centro de Misión en las ciudades, tuvieron su propio equipo misionero para las dos semanas.
  4. Como la Misión Nacional tuvo más un impulso evangelizador que un impulso sacramental, entregamos al párroco las listas de los que estuvieron interesados en la Confirmación y en el matrimonio, para que él pudiera darles una buena preparación sacramental según las normas pastorales de la diócesis.
  5. Idem 4.
  6. Además, entregamos al párroco las listas de posibles agentes de pastoral y los comités y comisiones que se formaron, para que todos pudieran trabajar juntos durante la post-misión.
  7. Idem 6.

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