Seminario misionero «Virgen del Pilar», Manzanares (Ciudad Real)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la Misión en España1 Comment

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Author: Félix G. Tejero · Year of first publication: 1972 · Source: Anales españoles.
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LA PENA DE NO SER ESCRITOR.—Hay momentos en la vida en que se notan más la ausencia de cualidades y la sobra de defectos propios; para mí, uno de esos momentos es éste, pues difícilmente podré hacer llegar a los lectores cuanto debiera y quisiera decirles sobre este incipiente Seminario.

«TESTIMONIO DE GRATITUD…».—Así empieza la lápida colocada sobre la pila del agua bendita, y prosigue: » de los PP. Paúles a doña Ro­sario Sánchez-Blanca y Bernal, generosa donante de esta casa. Rogad por ella y por sus familiares difuntos. Manzanares, 23 de julio de 1971″.

Sí, os invito, lectores, a que roguéis por ella; pues por donación pura, simple y gratuita, y con ligeras cargas espirituales, nos ha entregado la casa para reclutar y formar las vocaciones de Misioneros que surjan en la loca­lidad y pueblos vecinos. Recibió la donación, en nombre de la Congrega­ción, el Rvdo. P. Jesús Gómez, ante notario, que elevó a escritura pública el contrato, el día 23 de julio de 1971.

RASGOS FAMILIARES. Doña Rosario era aragonesa cien por cien, injertada en La Mancha. Religiosidad, nobleza, campechanía y, hasta creo que puede repetir con aquella otra gran mujer, Santa Teresa de Jesús, «con un ánimo que dicen no lo tengo pequeño, y se ha visto me lo dio Dios más que de mujer» (Vida, VIII, 7). Lo de llamarse Rosario le viene de muy antiguo. Verán: Siendo muy niña la madre de doña Rosario se encon­tró, sin darse cuenta, entre las patas de una mula, en el desfile de los animales por las calles del pueblo el día de San Antón; la saca como puede uno de los espectadores, la llevan al primer portal, lavan su carita, limpian los vestidos, mas no pueden hacerla abrir la mano derecha; en ella apretaba un hermoso rosario. Hoy ha nacido de nuevo esta niña, la Virgen la ha salvado, son las palabras que dicen al entregársela a sus padres. De ahí le nació a doña Francisca Bernal Caunedo el amor al rosa­rio, que supo infundir a sus hijos. No termina aquí la cosa. Pasan los años, doña Francisca es ya esposa de don Enrique Sánchez-Blanco y Bravo. Viven en Moral de Calatrava (Ciudad Real). El médico aconseja a don Enrique que deje ir a su esposa a tomar los aires natales de Almonacid de la Sierra (Zaragoza) para asegurar mejor la nueva bendición del ma­trimonio. Así lo hace, con este encargo: Si es niño, le pones de nombre Enrique; si es niña, escoges el que quieras. Llega el mes del Rosario, una de las familiares es la camarera de la Virgen ese año, está sustituyendo el manto viejo por el nuevo para la procesión. Doña Francisca la ayuda y, sin saber cómo ni cómo no, cae la imagen de la Virgen sobre ella; se pasa unos días de angustia, pensando qué dirá a su esposo si llega a malograrse el fruto de su matrimonio; por fin da a luz, el día 10, una hermosota niña. —Por favor, doctor, ¿mueve bien los pies?, ¿las manecitas? —Sí, sí. —¿No tiene algún golpe, alguna señal? —Ah, sí, una pequeñita, menor que un céntimo, en la cabecita; no se apure, se tapará bien con el pelo. A los dos días, en la iglesia parroquial: «Rosario, yo te bautizo…» Mi mamá me lo contó muchas veces. Con ese golpe de la Virgen en mi cabeza, yo tenía que llamarme Rosario.

EL ABUELO «PACAZO», ALCALDE DE MANZANARES.—No debía de andar muy bien que digamos la administración local en el siglo pasado por estas tierras. El alcalde y los concejales aguardan nerviosos que llegue «Paquito» de la Corte, en la diligencia de las siete; por fin, avanza apuesto, alto y fornido con sus treinta años recién estrenados, hasta el estrado. Lea, señor secretario. Le escuchan atónitos. No quiero de la anterior admi­nistración absolutamente nada. Y acto seguido tira por la ventana carpetas, tinteros y plumas. El alcalde soy yo; ya se nombrarán los nuevos conceja­les. ¿Este es «Paquito»?, comenta uno; este es «Pacazo». Y con «Pacazo» se quedó él y toda su descendencia. Por cierto que siguió dando muestras de lo acertado del cambio de nombre. A su hijo Alfonso—mi tío Alfon­so, dice doña Rosario—, que no quería estudiar, le tuvo una buena tem­porada de peón de albañil en las obras municipales, tirando de la soga para subir calderetas de cemento. Del abuelo «Pacazo» nos queda aún el paseo a lo largo del río Azuer, donde se instalan casetas y maquinaria cada ve­rano en la feria comarcal.

SE HA MUERTO EL «PADRE DE LOS POBRES».—Así decían las gentes el día 7 de julio de 1910 en esta ciudad de Manzanares, ante los restos mortales de don Antonio Sánchez-Blanco y González-Calero, pres­tigioso médico que ejerció la medicina en Almagro, en Madrid, como médico militar, y, en sus últimos años, en Manzanares. ¿Quién le iba a decir a él que la hermosa casa que para sí se construyó uniendo una posada con dos o tres huertecillos de al lado y levantando sobre el solar en 1893 una típica casa Manchega, habría de ser un día habitada por los Hijos del otro «Padre de los Pobres», Vicente de Paúl? Así son las «autopistas» de Dios construidas sobre los «senderos» desdibujados de los hombres. Espe­ramos que otros enfermos y otros pobres sean atendidos y aliviados en la magnífica casa que hoy es nuestra, gracias a la sobrina que más apreciaba, doña Rosario.

PEQUEÑA «PUERTA DEL SOL» puede llamarse el lugar del enclave de la casa. Hace el número 1 de la calle del General Moscardó, una de las seis que aquí confluyen. Con la cara recién lavada y el cuadro de azulejos de la Virgen del Pilar en lo más alto, causa alegría el contemplarla. Al abrir la puerta, es San Vicente el que te recibe, no con cara puntiaguda, roquete, crucifijo y estola, sino niño, dando unos puñaditos de harina del costal, que ha bajado del borriquillo, a un niño pobre. Una cancela de hierro con la inscripción: 1893 da paso a la mejor pieza de la casa: Ale­gre patio manchego con su montera de cristal, esbeltas columnas de pie­dra, con su base y capitel y arcos correspondientes, alto zócalo de mármol artificial y suelo de terrazo. Acrecienten su belleza jardineras, hechas por el Hermano Peña, tiestos, apliques y macetas que cuidamos todos por aque­llo de que de poetas y demás todos tenemos un poco. No ha habido que hacer grandes reformas en la casa: algún tabique que otro, aposentos, em­potrar los cables de la luz, dar yeso y pintar. Lo más costoso y penoso ha sido el trabajo de los tejados; en ellos nos tiramos todo el mes de agosto y parte de septiembre.

LAS CASAS TAMBIEN TIENEN HISTORIA.—Esta, muy varia y acci­dentada. De acogedor hogar de don Antonio Sánchez-Blanco y González- Calero y consultorio y consuelo de enfermos y pobres, pasó a usufructo de doña Lola, como la llamaban todos con cariño. Fue casino del pueblo, con sus copas y juegos, ratos de solaz y riñas y pendencias. Más tarde, centro del partido político «Renovación Española». En 1935 tiene ya doña Rosario el pleno dominio de la casa, y el 25 de abril de 1936 empieza las obras para acomodarla a su gusto. «El tuertecillo Solera» pide, por favor, que le deje trabajar medio a escondidas para ganarse el pan y salvar su vida en los poco tranquilizadores tiempos que corren. Era muy buen al­bañil y mejor cristiano aún. Pasan los meses y se instala en ella la Casa del Pueblo. En uno de esos momentos en que los nervios se descontrolan, quieren matar al bodeguero, y doña Rosario le salva la vida, cogiéndole fuertemente por el brazo y sacándole fuera por una puerta falsa. Todos tienen derecho al vino de la bodega y al trigo de los camarones, bien re- pletos por cierto. Evacuados de Andalucía viven varios meses como pue­den en la bodega y en el jardín. Cuartel de milicianos después, almacén de Abastos y, en abril o mayo de 1936, Auxilio Social durante varios años. No sabe cuándo, pero un buen día exclamó: «Si sale mi casa de todo este infierno, te la ofrezco para Ti, Señor». Y en estos días finales de 1972 empiezan a abrirse los capullos de los rosales en el jardín, y las puertas de lo que fue jardín se abren dos veces al día para recibir, además de la Comunidad y Seminaristas, a los fieles en la Capilla Virgen del Pilar.

LA COMUNIDAD.—La formamos los PP. Félix García Tejero, servidor de VV., venido de Granada ; José Avendaño, venido de Hortaleza, Teolo­gado, y el Hermano Jeremías Peña, venido también de Hortaleza, Filosofa­do. La verdad es que tenía hacía dos años el encargo confidencial de bus­car por estas latitudes de La Mancha un solar o casa para una posible fundación, reclutadora de Vocaciones, cuando viniera a ver a mis herma­nas, Hijas de la Caridad, o hiciera el viaje Granada-Madrid o Madrid-Gra­nada. En una de estas visitas, y después de haber visto un solar en Man­zanares, salta una de las Hermanas del hospital, durante la comida que amablemente me ofrecieron: «¿Y por qué no acude a una señora que tiene una casa sin usar y quiso dejarla para un fin benéfico?» Allá nos fuimos dos Hijas de la Caridad y yo. No desagradó a doña Rosario la propuesta, se repitieron las visitas por parte de las Hermanas, especialmente por Sor Beatriz, Sor Matilde y Sor Enriqueta, con quienes la unía una gran amistad. Yo vine alguna que otra vez desde Granada, la escribí no pocas veces y… ese es el hilo de la trama, entretejido con no pocas oraciones, que se elevaron al Señor por este fin, de una fundación en La Mancha.

UNAS FECHAS PARA LOS HISTORIADORES.—Julio, 27, llego des­tinado a Manzanares; Sor Beatriz y las Hermanas todas me recibieron en su casa como sólo ellas saben hacerlo. El aposento «del Padre» será mi aposento durante casi dos meses. Agosto, 2, comenzamos las obras de aco­modación de la casa, empezando, en buena lógica, por el tejado. Día 20, llega destinado el Hermano Jeremías Peña. Ya somos dos en los tejados, dependencias y también -en la casa de las Hermanas. Septiembre, 10, llega destinado el P. José Avendaño. Ya somos una pequeña Comunidad, y el día 12 dormimos por primera vez en la nueva casa, con falta de no pocas cosas y sobra de polvo, pero felices por la nueva aventura. Septiembre, 19, llegan los primeros alumnos; el 20 es el primer día de clase para los que van a las Escuelas nacionales. Octubre, 4, bendecimos el oratorio provi­sional donde al día siguiente, 5, diremos la primera Misa. Precisamente esa estancia fue la sala principal hace años— del Casino; echamos mucha agua bendita y comentamos en la homilía las transformaciones de cosas, casas y personas. En este mismo día 5 empiezan las clases los que van al Instituto Nacional. Octubre, 7, santo de doña Rosario. La felicitamos los Padres y el Hermano. Iríamos otra vez con todos los niños el día 12, Vir­gen del Pilar. Estuvo, como nuestras abueletas de hace años, la mar de amable y cariñosa, hasta estampó unos sonoros besos a los dos más peque­ños. Todos contentos con las pastas y dulces que completaron la fiesta. Noviembre, 5, nos instalan el teléfono en la casa, conectamos con García de Paredes, 45, Madrid; parece que la distancia se acorta y no nos senti­mos tan solos. Diciembre, 11, encendemos la calefacción; funciona a la per­fección; los malos días los pasamos en noviembre, una semanita de 6 y 8 grados bajo cero. Y así podríamos ir consignando pequeñas efemérides hasta el día 19 de abril de 1972 en que fue bendecida e inaugurada la Capilla por el Excmo. Sr. Obispo de la Diócesis-Priorato.

ES DE CORAZONES BIEN NACIDOS… EL SER AGRADECIDOS. El primer acto de gratitud es para doña Rosario; gratitud honda y sustan­cial por lo bien cimentada que nos ha dejado su obra para reclutar y formar Misioneros. Los numerosos Padres Paúles de la Provincia de Ma­drid que nos han honrado con su visita —doce anoté en un mes—, los Hermanos estudiantes filósofos y teólogos de Hortaleza y Madrid y, en general, todos se deshacen en alabanzas de la casa, su patio, su jardín, la capilla… ¡Gracias, doña Rosario! Los amigos de las primeras horas y los primeros días… Sus nombres se quedan en el tintero, pero están bien gra­bados en el corazón. Gratitud para todas las Hermanas de la Provincia de Ciudad Real. Han sabido portarse como verdaderas Hermanas. Temiendo herir susceptibilidades de humildad, por un lado, y, por otro, incurrir en lamentables omisiones, les diré que por todos los bienhechores de la Casa y por el fervor y multiplicación de las Vocaciones Misioneras, ofrecemos la Santa Misa el primer jueves de cada mes. Ahí están todas y todos, reci­biendo el pequeño óbolo de nuestras oraciones al lado del precio infinito de la Sangre de Cristo. Y pasan en primer lugar la Superiora y Comunidad de Manzanares; no se trata de un regalo, una atención o un objeto, cientos  y miles de atenciones ininterrumpidas desde julio del año pasado hasta el día de hoy; siguen Sor Rosario Molina y Sor Pilar de Dios, con la Clínica de La Milagrosa, Residencia de Santo Tomás de Infantes, Colegio de San José, de Ciudad Real… Padres Ismael Albendea, Francisco Gisbert, Fernando Espiago… Comunidades de la Casa Central, Hortaleza, Andújar, Valdemoro, Granada… Perdonen, se han entusiasmado con los bancos y vidrieras de la Capilla. ¿Cuál es mi banco?, me preguntó hace unos días uno de los donantes. –El segundo de la derecha. Y allí le verían VV. arrellenado y satisfecho meditando unos instantes ante el Santísimo. Les advierto que quedan bancos y vidrieras por adoptar aún.

LA INAUGURACION. Tuvo lugar el día 19 de abril de 1972, a las siete de la tarde. El Sr. Obispo-Prior de la Diócesis, Dr. don Juan Hervás Benet, bendijo la Capilla y presidió la solemne Concelebración de dieciséis sacerdotes. «Lanza», diario de la Mancha, hizo una reseña el domingo si­guiente, 23 de abril. Personalmente no quedaría tranquilo si no hiciera resaltar la homilía del Sr. Obispo: «Lo que significa un sagrario más en la Diócesis, el valor de la Vocación Misionera y el papel del sufrimiento cristiano en la vida». Todo ello entrelazado con citas teresianas; no olvi­den que Malagón, a 35 kilómetros de Ciudad Real y 45 de Manzanares, es la tercera Fundación de Santa Teresa. La asistencia casi masiva de sacerdotes, tres arciprestes, el de Manzanares, el de Infantes y el de Tome­lloso, y casi todos los sacerdotes del Arciprestazgo. Nos juntamos más de 25 con los PP. Capuchinos y los PP. Paúles venidos de fuera.

UTIMAS NOTICIAS.–En los poquitos días festivos que llevamos, la Capilla se llena de fieles y hemos repartido 180 comuniones entre las dos Misas. Pensamos duplicar el número de alumnos para el curso próximo. Tenemos ya anotadas cuatro peticiones de Puertollano; majos chicos pre­sentados por las Hermanas de la Clínica Calvo Sotelo y el señor Párroco de la barriada. Y otras cuatro de Infantes, pueblo con «solera» de Voca­ciones. Hasta ,23 seminaristas hay en el Diocesano.

Y TERMINO.—En Manzanares tienen VV. una pequeña Comunidad, un pequeño Seminario Misionero y unas puertas y corazones abiertos para todos.

One Comment on “Seminario misionero «Virgen del Pilar», Manzanares (Ciudad Real)”

  1. Conozco la Casa, porque vivo en un 5º enfrente de la misma que modificaron antes; y de mayor, he visto desde mis ventanas a paso diario, la Transformación para Seminario con los PP.Paules por lo «tejaos»; y tengo tomado en Video analógico el posterior Derribo a su abandono; pero nací a escasos metros en el nº 24 de la c/ del Obispo, donde mi Padre Hizo un Horno por el 21, 22 del Siglo pasado; y en el 1926, sin llegar al año, me llevó mi Padre a la Sala Alta de lo que fue Casino entonces, y en rincón, ángulo Sur-Oeste, de pie sobre un sillón, me hicieron una foto, que conservo; si esto funciona, puedo decir más; porque fui Profesor de Música de los Seminaristas al tiempo que en la Escuela del Gran Teatro, e Instituto Laboral; en todos, gratuitamente ; y en el tiempo del P. José Villasana, que me sacó a las Lecturas, me llamó desde entonces «Monseñor»; a cuenta de lo cual, porque me acompañó en algunos viajes cuando yo Recorría las 212 Posesiones de Calatrava entre España y Portugal, y alguna broma se tomó con algunos compañeros que nos tomaban por Padres a los dos. He podido ver que el espacio se ha estirado, pero desapareciendo el comienzo. Salvo alguna imprecisión por el año 1936, estupenda la Memoria. Casi a diario, funciono en Facebook con mi nombre completo. Saludos.

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