18121
Padre y muy querido hermano2
Comienzo esta carta por el objeto que más me ha impresionado de la suya, y es la calumnia atroz que se han atrevido a difundir por esos lugares contra el Hermano Uang y el Pao-sien-sen (maestro Pao), de que habían matado al pobre Lo Francisco por instigación suya; no quisiera responder, para que no me cargaran a mí con el crimen. Esta es la historia de este malvado. El Padre Chen, engañado por su hipocresía, se lo lleva a Kiang-Si, de donde le despide a causa de alguna locura. El dicho Lo así despedido se presenta al Padre Ho y le ruega que me escriba a ver si quiero recibirle. Respondo que no quiero a un hombre a quien no conozco, que lo más probable es que Se ha portado mal con el Padre Chen. A pesar de mi carta, viene a Tcha-yuen-kéu. Durante dos o tres meses se comporta con una hipocresía tan bien disfrazada, que nadie tiene la menor sospecha sobre él. Llega la época de la ofensa suscitada contra los europeos; salimos de nuestra residencia para sustraernos a las pesquisas de los pretorianos. Pocos días después este monstruo se quita la máscara, hace de su capa un sayo en la casa, se dice dueño de todo y actúa en consecuencia: había quedado seducido por el Padre Chen a quien entregó un capital de 5 ó 70… que hemos gastado. Eleva una acta de acusación contra… se encomienda al diablo y se queja de que no responde a sus invitaciones. Intenta quemar la casa y obra como un verdadero endemoniado. Protesta de que nunca ha servido a Dios de corazón… Los Hu-tchang (catequistas) y otros cristianos llegan a exhortarle, pero resiste a todo. Se pensaba entregarle al mandarín. Yo me inclino por la dulzura y mando que le ofrezcan dinero para que se vuelva con decencia a su casa. Se le entregan unos 40 taéls, los recibe y se va con aparente satisfacción. Se dirige a Laoho-kéu, para en el espacio de dos meses gastarlo todo con prostitutas. Reducido a la mendicidad se compromete con un socio a volver a su pretendida casa. Al llegar se comporta como la primera vez. Avisamos entonces a 6 ó 7 cristianos con el Kia-tchang (jefe de familia) pagano para que vengan a casa. Después de deliberar se decide llevarlo al pretorio de Coti-tching, pero hay que viajar de noche para no encontrarse con alguno de sus compinches. Se despide al socio con un ligero viático y con amenazas serias para que no se atreva a volver. Inician el camino para entregar a Lo Francisco al mandarín. Durante algunos ly de camino sigue con las amenazas contra los europeos y cristianos, cuando uno de los conductores propone estrangularlo, pensando que no había otra solución contra un hombre tan violento, y ejecutan sin ruido su proyecto en un lugar apartado; luego despiertan a mi Liéu Martín para que les ayude a enterrar el cadáver en nuestro jardín. A los dos días, dos o tres de los homicidas, desconfiando del silencio de los otros tres, le desentierran y llevan a un lugar ignorado de todos menos de ellos. Los homicidas difunden el rumor de que durante la noche, sintiendo conmiseración por él, le han dejado libre con un viático.
Así que está claro como la luz del día que los conductores de este desdichado sólo han actuado siguiendo su propio parecer. Al día siguiente de esta desastrosa ejecución, pregunté por su suerte a uno que no era cómplice, quien me dijo que le habían despedido y eso me complació. Pero bien corto fue el gozo: uno de los ejecutores vino poco después a contarme lo sucedido, lo que me estremeció y le eché en cara semejante atrocidad. Yo no he dicho nada a nadie, como se puede figurar; sólo los autores del crimen lo han divulgado, ya que ellos solos lo sabían, y ha quedado tan bien enterrado que no queda ni rastro por fuera.
También parece que alguno de los cómplices ha sido el calumniador del Hermano Uang y de Pao como instigadores de este crimen. También es falso que esté enterrado en el arrozal de Léang-yeu secus viam. De forma que si algún cristiano se atreviera a calumniar en su presencia al Hermano Uang y a Pao, destruya la calumnia sin entrar en más detalles de este desgraciado asunto ni hablar absolutamente con nadie de ello. Siendo el occiso de un país muy apartado, nadie se interesa por él y no son de temer consecuencias.
Lo malo de este asunto es haberlo recibido en casa, sin carta de presentación del Padre Chen. Pero ¿quién se iba a imaginar que hubiera bajo el cielo un monstruo de esta calaña? Ya es suficiente. Pasemos a otros asuntos de su carta.
1°. No es la primera vez que se pone sobre tapete la sucesión de Siuhong-tao. Hace 6 ó 7 arios que uno de los hijos de Hong-ching hizo un informe bastante amplio para probar que Tso-ling no era hijo legftimo de Hong-tao y por consiguiente no podía legítimamente pretender la sucesión; la sucesión, en consecuencia, se devolvía a la familia de Hong-ching. Este informe, al parecer, no tuvo entonces continuación. Hong-ching pues resucita este pleito contra Tso-ling… Me pregunta usted que si en la hipótesis de que Tso-ling no sea el hijo legítimo, puede en conciencia presentarse como heredero del difunto Hong-tao. Respondo en primer lugar que las decisiones de Europa no tienen lugar en el caso presente: porque es el derecho positivo civil el que traza las reglas para las sucesiones testamentarias; y este derecho varía según los lugares. En Francia ciertas provincias se rigen por el derecho romano y otras por costumbres que tienen fuerza de ley. Estas leyes, estas costumbres obligan en conciencia, y los confesores están obligados a regular la decisión de los casos relativos a esta materia por las leyes o usos de los lugares respectivos: ahora bien, es evidente que estas leyes sólo tienen fuerza en los lugares donde están autorizadas por el soberano y, por consiguiente, no gozan de ninguna autoridad para China, como las leyes de China no tienen ningún peso en Francia. Por eso para decidir este caso que me preocupaba, no consulté la teología del Padre Antonio. Consulté a Gai-sien-se a quien creía bastante enterado de los usos de China y me respondió que según las costumbres de China Tso-ling podía tenerse por heredero legftimo. Por otro lado el señor Tchang quien ha visto claro en este asunto y conoce bastante las leyes y costumbres de China no ha perturbado en este objeto la conciencia de Siu Hong-tao. He pedido consejo a Siu Chang-gin que piensa lo mismo y ha añadido que para evitar un proceso, se podría dar algo a Hong-ching. Me he atenido a estas decisiones.
2°. Si esta anciana, quien, después de la muerte de su marido, da un buen número de misas por su marido difunto, es rica y los hijos del difunto no hacen valer su derecho en esto, no me atrevería a condenar a esta viuda, quien por otra parte quizá está llevando los asuntos de la casa. Y si ella tuviera indicios de juzgar que sus hijos, aunque en situación desahogada, no harán nada o casi nada, después de su muerte, por el descanso de su alma, creo que podría dar algunos honorarios de misas, para obviar la negligencia, justamente presumida, de sus hijos después de su muerte. Pero si los hijos han cumplido con su deber en esto según sus facultades y si esta familia no vive tan desahogada, no creo a esta viuda en tranquilidad de conciencia.
3°. Si los cristianos Fan-léang-che no me presentan razones perentorias para atenerse al precio medio de la tercera luna, los obligo a restituir: porque al vender a crédito no pueden pretender más que el precio que habrían obtenido probablemente en la tercera luna, si hubieran reservado el grano hasta esa fecha, que según los propios cristianos es normalmente el tiempo más favorable para vender el Pao-cu. El tchaokia, a saber, el precio más alto de todo el año, es un sistema que no es digno más que de un pagano para enriquecerse per fas et nefas (por todos los medios). Por lo demás, si un cristiano no se ha sujetado a mi sistema, examino sus razones, que por lo general se reducen a la avidez de la ganancia y le obligo a restituir.
4°. El usurero gravemente enfermo debe declarar sus usuras delante de testigos y sobre todo de las personas que deben recoger su sucesión, y en caso de que no lo pueda restituir todo, está obligado a imponer a sus herederos la obligación de restituir las asuras que él ha exigido. Antes de que cumpla con su deber en esto, el confesor debe guardarse muy bien de darle la absolución; si tiene consigo con qué restituir en todo o en parte, el sacerdote exigirá que la restitución se haga inmediatamente, pues sucede que los herederos se descuidan en cumplir con las obligaciones del difunto; prometen mucho y no cumplen nada. Lo que se dice de un usurero debe decirse también de todo enfermo que en su confesión se acusa de una injusticia: antes de darle la absolución se le debe obligar a cargar con la restitución a aquellos o aquellas que deben sobrevivirle y recoger su herencia; y cuando dichos herederos se presentan para la confesión, se les debe preguntar sin falta si han cumplido las obligaciones del difunto.
5°. En este quinto artículo sólo tenemos que seguir la regla trazada por los teólogos. Y la regla es que, fuera del caso del lucro cesante o del daño naciente, el retraso del pago no autoriza a vender su mercancía por encima del precio supremo, como la anticipación del pago no autoriza a comprar por debajo del precio ínfimo Así todo lo que se puede permitir a los mercaderes es vender a crédito al precio supremo. El retraso del pago no los pone de ordinario en el caso del lucro cesante, ya que este atraso está compensado por la multitud de los compradores: un mercader que no querría vender más que al contado, pronto vería su tienda poco frecuentada. Sin embargo el lucro cesante podría tener lugar si se tratara de una suma considerable, que no debiera ser liquidada más que al cabo de varios arios; pero en los casos ordinarios, todos los que venden por encima del precio supremo son injustos y están obligados a restituir, a menos que todavía los compradores, quienesquiera que sean, difieran el pago mucho más allá del término fijado.
6°. Las pequeñas nueras introducidas antes de la edad de la pubertad en la casa del suegro constituyen la fuente de tantos abusos, que no se las debe autorizar más que en último extremo y cuando la familia que debe recibirlas es piadosa, educa a sus hijos en el temor de Dios y no se teme que se haga acostar a los hijos, niños y niñas todos juntos. Yo sólo lo autorizo cuando se teme que, si no se la entrega a un cristiano, vaya a ser entregada por desgracia a un pagano. Manténgase firme, todo lo que pueda, y no ceda más que en extrema necesidad. Su prudencia le dirigirá en todo. Hay casos tan urgentes, que es moralmente imposible no tener que tolerar este abuso: el necesitado no tiene ley, como dice el proverbio.
7°. La lectura de la quinta parte del Ching-se-uen-ta (catecismo de los Sacramentos), cada Domingo o día inhábil, debe continuar teniéndose. Aquí donde la persecución nos ha visitado más de cerca que ahí, esta lectura tiene lugar de manera que, en 5 domingos o días inhábiles, lo hemos leído entero, y en la sexta fiesta se lee el Kien-tching-uen-ta (catecismo de la Confirmación). Esta lectura no dispensa de recitar como antes las cuatro hojas del antiguo catecismo que no podemos suprimir por nuestra propia autoridad.
8°. Pregunte a Uang-tchu: ¿puede ir a pasar este examen sin que ello sea para usted fuente de una multitud de pecados? Si es así, como no cabe la menor duda, ¿con qué conciencia puede aspirar a un botón que le cuesta tan caro, ya que cuesta la desgracia de Dios, que es el mayor de todos los males? Cuando hablo de pecados, no entiendo solamente actos supersticiosos, ya que, cuando se dice que el objeto es la única meta y no composiciones de retórica, no existe superstición. Sino que entiendo otros pecados que se cometewen una estancia de varios meses en una ciudad totalmente pagana, sin contar el empleo de una suma considerable de dinero, que se usaría tan útil y meritoriamente en aliviar a los miserables. En verdad Unag-che-tsio y sus queridos hijos…
9°. No tengo Santos Óleos a pesar de haberlos pedido tantas veces a los habitantes de Babilonia. El Kao-sien-sen está de regreso hace pocos días con algo de dinero suficiente para nuestras necesidades y las de usted y nada más. Los caminos son demasiado arriesgados para el envío de otros objetos. Ha traído consigo a Vicente Tsing que había sido enviado a la capital hace unos tres años. El Padre Lamiot dice que es incapaz de dedicarse al latín y que podremos emplearle, si lo creemos acertado. Presumo que ya ha recibido durante su estancia buenas lecciones de comportamiento. Como usted…
- Esta carta no fechada debe colocarse después de la del 6 de septiembre de 1812 porque hace alusión a las mismas habladurías de las que los misioneros europeos eran objeto a propósito de la pretendida revuelta que los cristianos debían efectuar el 15 de agosto de 1812. El autógrafo debe de estar en bastante mal estado, porque la copia tiene numerosos vacíos. Se ha puesto esfuerzo para restituir aproximadamente las palabra que faltan.
- CARTA 57. Casa Madre, original (Bazos n. 40).







