Régis Clet, Carta 56: A Pablo Song, C.M.

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Francisco Régis CletLeave a Comment

CREDITS
Author: Francisco Régis Clet .
Estimated Reading Time:

6 de setiembre de 18121

Padre y muy querido hermano

La gracia de Nuestro Señor esté siempre con nosotros

Hace mucho que deseaba escribirle, pero la ausencia de ocasiones me ha mpedido hasta ahora. Hoy me aprovecho del regreso de Uei-yn­chu a sus parajes para mandar noticias nuestras..

Hace unos dos meses que se difundió por Fang-hien y Cutching un rumor terrible: que los cristianos se rebelaban y que habían fijado el día de la rebelión en la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen, o sea el 9 de la séptima luna. Este rumor fue creciendo hasta tal punto, que los campesinos de Fag-hien formaban campamentos para refu­giarse, como en la época de la revuelta de los Pe-lien-kiao; se decía que dos Sy-yang-gin, es decir, dos europeos eran los jefes de la rebe­lión. Dos mandarines de guerra vinieron a acusarlos a los mandarines de guerra de Cutching, para convenir en los medios que había que emplear para detener y apagar esta pretendida revuelta en su naci­miento.

Como los dos pretendidos cabecillas de la revuelta eran designados por su propio nombre, vinieron a molestar a los cristianos, para que los entregasen. Los cristianos negaron rotundamente que hubiera europe­os en sus montañas, y los campesinos de Qon-yn-tang dijeron lo mismo.

En cuanto a la revuelta, ha sido fácil probar que era una pura calum­nia. Sin embargo tuvieron que ir a Hien para declarar por escrito que los cristianos no se rebelaban. Se nombró al Sun Chui-kin y a dos cate­quistas para entregar este escrito de no-revuelta. Pero al comparecer ante el mandarín, en lugar de hablarle sobre esta revuelta, que ya se había demostrado calumniosa, le presentaron el edicto del Emperador que ordena castigar a los cristianos que en un ario no renuncien a su Religión, y se le ordenó que explicara por qué se había negado a ello por dos veces; se le honró con 50 bofetadas, que recibió con alegría por el nombre de Dios: así tenemos a Sun-hoei-tchang confesor de Jesu­cristo por segunda vez, porque cuando la persecución de los cincuenta de Kien-long había recibido otras tantas.

Así están hoy las cosas. Hay algunas familias denunciadas como cristianas. El mandarín quería enviar soldados o pretorianos para pren­derlas, pero Pie-lao-ya2 ha dicho que no era necesaria la violencia, y que los cristianos denunciados irían voluntarios al Hien para dar razón de su conducta. ¡Que Dios les dé las fuerzas que necesitan para no renunciar a la fe!

No se sabe si el dinero podrá detener esta persecución. ¡Pero los cristianos son bien pobres!

Cuando Uang-fang-qoei me trajo su carta, yo la contesté al punto, porque me dijo que debía volverse a los dos o tres días: me enteré luego que, habiendo ido a ver al hijo de su hermana, que es yerno en la familia Hoang, se había quedado allí cerca de dos meses. Le mandé a decir que me avisara de su partida, porque quería escribirle una segunda carta, pero partió sin decir palabra. Después he recibido carta suya en la que me cuenta la malversación de su monaguillo. Ya sabía­mos de su regreso a Che-hoa-kiai, pero ignorábamos el motivo; es su carta la que nos ha puesto al tanto de este misterio de iniquidad. Ello nos entristeció mucho. Eso nos debe enseñar que no debemos emplear en nuestro servicio más que a hombres probados, conocidos por largo tiempo por gente regular y temerosa de Dios.

El Padre Dumazel impresionado por la pérdida de esta oveja extra­viada, envió a Sun-hoei-tchang, su padrino, para exhortarle a arrepen­tirse de su falta y traerla al rebaño. Sun le trajo a nuestra residencia, donde hizo su confesión con el Padre Dumazel, y pidió perdón por su locura y condonación del dinero robado, y se volvió a Che-hoa-kiai, donde ha procurado no difamarse y nosotros no divulgar su infamia. De este modo este desdichado asunto no traerá consecuencias.

Se busca marido para esta joven de Tuin-sy, cuya vida escandalosa ha sido conocida por los cristianos y paganos de Hoang-chan-ya y se ha difundido hasta por nuestras montañas: ahora se encuentra en Hoang-tsao-pa con la virgen Uang, donde la confesé in periculo mor­tis (en peligro de muerte). Dicen que siente repugnancia a casarse; sin embargo, cuando se le haya encontrado un partido conveniente, será preciso que consienta en el matrimonio, que es el único medio de hacer olvidar su oprobio.

Me ha costado mucho comprender qué era eso que ha comprado por 250 libras. Por fin he pensado que se trataba de uva para hacer vino. Lo principal es procurar la más rápida fermentación, de la cual depende su conservación. El Padre Tchin3 lo hizo el año pasado, y no lo alteraron los calores del verano, y más nos vale, porque el vino de Europa casi se ha terminado y no veo cómo se podría ahora traerlo de Qang-tong. Creo que el Padre Tchin se dedica a hacerlo ahora en el lugar donde se ha escondido. Si pudiera conseguir hacerlo en el lugar donde se halla, sería sin duda una buena obra.

Sin noticias de la Babilonia. Pienso que, si hacia el fin de la… luna no recibimos, habrá que enviarles las nuestras y a la vez conocer las suyas y pedirles alguna ayudita de dinero, porque el hambre que se hace sentir por aquí durante 5 ó 6 meses nos ha empobrecido mucho. No sé cómo andan sus finanzas, pero sea rico o pobre, lo siento en el alma, no tengo nada que darle.

He aquí cómo resuelven los teólogos el caso de los vendedores de telas y otras mercancías cualesquiera. Pueden exigir de los comprado­res a crédito el precio supremo, mientras se contenten con el precio medio o ínfimo para los compradores con dinero al contado: pues bien, la latitud del precio ínfimo y supremo es poco más o menos de diez denarios sobre cien, así si el precio ínfimo es 95, el precio supremo será unos 105. Es cierto que si el retraso del precio hace que los vendedores sufran daño y que se encuentren en esta ocasión in casu lucri cessantis vel damni emergentis (en caso de lucro cesante o de daño emergente), pueden vender más caro a título de compensación. Pero los mismos teó­logos observan que no pueden (los vendedores) aspirar a esta compen­sación, porque están bastante compensados por la multitud de los com­pradores. Pues es claro que un mercader que sólo quisiera vender dinero en mano, tendría pocos compradores, mientras que el vendedor a crédi­to tiene muchos: así vendiendo a crédito al precio supremo gana en total más que si sólo vendiera al contado, por la gran cantidad de mercan­cías que no vendería si no quisiera vender a crédito.

Le envío una carta de nuestro Padre Superior Ghislain. Le parecerá que se encuentra en muy mal estado, pero atribúyaselo a nuestros Padres, que temiendo que los portadores fuesen detenidos en ruta les han hecho que se sirvieran de sobres para diversos objetos. Ha habido varias de estas cartas que están mucho más estropeadas que la suya y que ha costado mucho descifrar. Se la envío tarde porque me olvidé de incluirla en la que le escribí en la primera luna y hasta ahora no se ha presentado la ocasión.

Ya comprende bien que en la crisis en que estamos, todos nos hemos escondido y los efectos de la casa están en lugar seguro. No sé si el Padre Dumazel tiene Santos Óleos en reserva; se lo consulto.

Nosotros estamos bastante bien todos, pienso yo. Durante la cuarta luna tuve una terrible hemorragia que me hizo perder por la nariz al menos 5 libras de sangre. Ya me he repuesto.

Acabo de hacer los ejercicios anuales, los que le invito a hacer si la salud se lo permite: en estos tiempos tenemos grande necesidad del auxilio de lo Alto; a nosotros nos toca llorar entre el vestíbulo y el altar, para mover el corazón de Dios hacia nuestras ovejas, rogándole con insistencia que derrame sobre ellas y nosotros la abundancia de sus misericordias.

Como no le olvido ante Dios, le pido lo recíproco respecto de mí y soy con respeto y amistad.

P. S. Diga a Tchang-ky-tai que venga o envíe a buscar su dinero, que durante esta tempestad nos preocupa mucho, y hasta peligra que lo gastemos, lo que no se nos ocurrirá, por miedo de no poder restituir.

  1. CARTA 56. Casa Madre, original (Bazos n. 49).
  2. Pie-lao-ya: Pie, el jefe de los esbirros.
  3. Padre Tchin. Antonio Tchin, cfr., Carta 50, nota 4.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *