17 de septiembre de 18091
Padre y muy querido hermano,
En cualquier tiempo en que lleguen sus noticias, siempre son recibidas con gozo, pero esta vez me han llegado mucho más tarde de lo que hubiera deseado. Después de esperarlas largo tiempo, no me ha sido posible diferir más el envío a la capital de un correo acompañado del hermano Cang,2 para que nos traiga un nuevo hermano de comunidad y dinero, que necesitamos urgentemente, con objeto de enviar, en los primeros días de noviembre, dos correos al Vicario Apostólico de Szetchuen, a donde debe ser conducido el Padre Dumazel a primeros de enero, para que por fin nos lo traigan, con ayuda de Dios, en el decurso de la 3ª luna del año próximo. Si yo hubiera retrasado hasta hoy el envío a Pekín, no habría podido, falto de dinero, enviar en la fecha fijada, los correos destinados a Sze-tchuen: así que no esperé sus despachos para la capital. Si hay en ello falta mía, la hay también de usted; pues le advertía en mi última carta que acelerase las suyas, porque yo necesitaba hacer un envío a la capital, mucho antes que de ordinario; tanto más, cuanto que única razón de mi envío allá es la necesidad de dinero para mandar correos a Sze-tchuen. Las otras razones sólo son accesorias y no habrían sido suficientes para hacerme dar este paso.
A la espera de mi correo, que es el hijo de Lorenzo Yuen, retengo sus cartas, porque si viene con él de Pekín alguien que deba regresar, se las entregaré con los dos paquetes de su catequista… Le agradezco los 40 taéls que me vienen como llovidos del cielo; sin ellos no hubiéramos podido comprar la provisión de pao-ku y trigo, como también de arroz; sobre todo este año, que va a ser bien pobre en cosechas de todo género. Los arrozales nos darán lo más 8 tan.
Me asustaron los gastos de cultivo del ario pasado, cosa que me determinó a entregar los cultivos a otro, persuadido de que los gastos de cultivo ahorrados de este modo bastarían con mucho para comprar el arroz necesario a nuestro consumo. Cuando haya en nuestra casa un sacerdote residente, volveremos a encargarnos del cultivo. Pero existe otra razón perentoria, y es que en la época de cultivo el hermano Uang no había llegado, y entonces no teníamos dinero.
Yuen Lorenzo escribe a nuestro maestro de escuela que un joven de 15 a 16 años llamado Sie desea renunciar a las esperanzas del siglo para consagrarse a Dios en el estado eclesiástico, y que como preludio de este proyecto desea venir a tomar lecciones de nuestro Qon José. En cuanto a los gastos necesarios a su mantenimiento sus padres están dispuestos a contribuir honradamente.
Le ruego que sondee las disposiciones de este joven, y si encuentra las cosas conformes a la exposición hecha por Yuen Lorenzo, diga a los padres que pueden enviarnos a su hijo, y que nosotros nos ocuparemos de examinar su vocación.
En cuanto al catequista Gai, me parece que le vamos a necesitar dentro de poco; y entonces le escribiré para que nos lo mande, si sigue con el plan de acompañar al misionero en calidad de catequista.
Si Uei-yn-chuí de Kia-tcho-yuen no viene lo antes posible a comprar la tierra de Y-hoa-qoei, limítrofe con la de Siu-qoei en Tcha-yuenkeú, nos tememos que sea pronto vendida a algún pagano, porque no hay por aquí ningún cristiano tan rico como para comprarla. Se necesitan unos 400.000 denarios. El médico Gai, encargado por el susodicho Uei de comprar en su nombre esta tierra, la encuentra demasiado cara y no se atreve a cargar sobre sí con esta compra. Sería pues necesario que el propio Uei viniera a cerrar un trato tan útil a la cristiandad de Tcha-yuen-keú. También sería una gran caridad que comprara esta tierra por encima del precio justo, para no dejar que caiga en manos de los paganos. ¿No podría escribirle sobre este asunto?
La conducta de muchos cristianos nos causa aquí no pocos disgustos y molestias: deseo que, bendiciendo Dios su trabajo, los cristianos de Chang-tsing-hien le ocasionen más consuelo del que recibimos nosotros de los de este país.
Le ruego que me envíe en la primera ocasión la nota de los frutos de sus correrías apostólicas por Chang-tsing-hien, porque una vez que la tenga en la mano, enviaré al Vicario Apostólico la nota general de sus frutos y los nuestros.
Por aquí no hay nada nuevo. El Padre Ho, a quien no veo en el momento de escribirle, está bien; si lo supiera, ciertamente se uniría a mí para asegurarle su más perfecta dedicación y la amistad más sincera, con la cual yo soy…







